Quién escribió la Biblia

Quién escribió la Biblia

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La Biblia la escribió Dios, sirviéndose de hombres. No es una frase piadosa para salir del paso: es la doctrina definida de la Iglesia, y de ella depende todo lo demás. Los autores humanos —Moisés, David, Isaías, Lucas, Pablo— escribieron de verdad, cada uno con su lengua, su estilo y su época; pero escribieron movidos por el Espíritu Santo, de modo que lo que ellos pusieron por escrito es lo que Dios quiso poner por escrito.

De ahí que la Iglesia llame a Dios autor de la Escritura y a los hombres hagiógrafos, es decir, escritores sagrados. Veamos qué significa eso exactamente, quiénes fueron, en qué lenguas escribieron, cuándo, y qué hay que responder a las objeciones de siempre.

La respuesta corta, y por qué no es una evasiva

Cuando alguien pregunta «¿quién escribió la Biblia?» suele esperar una de dos respuestas: o un nombre, o la sospecha de que «en realidad no se sabe». Ninguna de las dos sirve.

San Gregorio Magno lo zanjó con una frase que León XIII recogió en su encíclica Providentissimus Deus: «Es inútil preguntar quién ha escrito esto, puesto que se cree firmemente que el autor del libro es el Espíritu Santo». No es que no se sepa quién movió la pluma. Es que la pregunta por el autor, tratándose de la Escritura, tiene una respuesta anterior a la de los nombres.

Qué significa que Dios sea el autor

El Concilio Vaticano I lo definió en 1870, y la fórmula es tan precisa que conviene leerla despacio. Los libros sagrados son tenidos por tales

«no ya porque, compuestos con la sola industria humana, hayan sido después aprobados con su autoridad, ni solamente porque contengan la revelación sin error, sino porque, escritos con la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor y como tales fueron entregados a la misma Iglesia».

Tres negaciones y una afirmación. La Iglesia niega que la Biblia sea un libro humano que ella aprobó después; niega que baste con que no contenga errores; y afirma que Dios es su autor.

Eso no convierte a los hagiógrafos en secretarios al dictado. León XIII lo explica: el Espíritu Santo «se ha servido de hombres como de instrumentos para escribir», moviéndolos y asistiéndolos de tal manera que concibieran rectamente, quisieran escribir fielmente y expresaran con verdad lo que Él quería. Por eso san Lucas escribe como un griego culto y san Marcos como quien tiene prisa: Dios no anuló a ninguno de los dos, se sirvió de los dos.

Y de ahí se sigue la consecuencia que hoy más se discute: si Dios es el autor, no puede haber error en lo que la Escritura afirma. León XIII lo dice sin rodeos: quienes admiten algo falso en los pasajes auténticos de los libros sagrados, o destruyen el concepto católico de inspiración, o hacen a Dios autor del error.

Los hombres que la escribieron

La Biblia no es un libro, sino una biblioteca: setenta y tres libros escritos a lo largo de más de mil años, en tres lenguas y en media docena de países. Sus autores humanos fueron muchos y muy distintos entre sí.

En el Antiguo Testamento

  • Moisés, a quien la tradición judía y cristiana atribuye el Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
  • David, autor de buena parte de los Salmos, y Salomón, a quien se atribuyen Proverbios, el Eclesiastés y el Cantar de los Cantares.
  • Los profetas: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel y los doce menores, que en muchos casos dictaron a un secretario —Jeremías dictó a Baruc— y cuyos discípulos recogieron después sus oráculos.
  • Cronistas y escribas anónimos, responsables de los libros históricos: Josué, Jueces, Samuel, Reyes, Crónicas, Esdras, Nehemías, Tobías, Judit, Ester y los Macabeos.

En el Nuevo Testamento

  • San Mateo, apóstol y publicano; san Marcos, discípulo e intérprete de san Pedro; san Lucas, médico y compañero de san Pablo, que escribió además los Hechos de los Apóstoles; y san Juan, el discípulo amado, autor del cuarto Evangelio, de tres cartas y del Apocalipsis.
  • San Pablo, a quien se atribuyen catorce cartas, desde Romanos hasta Hebreos, dictadas casi siempre a un amanuense: al final de la carta a los Romanos firma el propio escribiente, Tercio.
  • Santiago, san Pedro y san Judas, autores de las llamadas cartas católicas.

Que un profeta dictara y otro escribiera, o que los discípulos de un apóstol ordenaran su predicación, no quita un ápice a la inspiración: el instrumento puede ser doble sin que el autor deje de ser uno.

Quién escribió el Pentateuco

Aquí es donde la crítica racionalista del siglo XIX plantó su bandera. La llamada hipótesis documentaria sostuvo que el Pentateuco no lo escribió Moisés, sino que se cosió siglos después a partir de cuatro fuentes distintas, reconocibles por los nombres divinos y por las repeticiones.

La Iglesia respondió. La Comisión Bíblica Pontificia, el 27 de junio de 1906, declaró que los argumentos aducidos no bastan para negar la autenticidad mosaica del Pentateuco, reconociendo a la vez que Moisés pudo servirse de documentos anteriores y de secretarios, y que el texto ha podido sufrir retoques menores en su transmisión. Es decir: ni fundamentalismo ni demolición. Moisés es el autor; eso no obliga a sostener que escribiera de su puño y letra la noticia de su propia muerte.

Conviene además saber de dónde venía aquella hipótesis. No nació de un hallazgo arqueológico, sino de un presupuesto filosófico: que lo sobrenatural no existe y que, por tanto, toda profecía cumplida tiene que ser posterior al hecho. Quien empieza negando que Dios pueda hablar termina, necesariamente, repartiendo la Biblia entre redactores tardíos.

En qué lenguas se escribió

  • Hebreo: la mayor parte del Antiguo Testamento.
  • Arameo: algunas secciones de Daniel y de Esdras, y expresiones sueltas del Nuevo Testamento —talitha kumi, abbá, maranatha—, porque era la lengua que se hablaba en Palestina en tiempos de Cristo.
  • Griego: todo el Nuevo Testamento, y también algunos libros del Antiguo, como la Sabiduría y los Macabeos.

A esas tres hay que añadir el latín de la Vulgata, la traducción que san Jerónimo hizo entre los años 382 y 405 y que el Concilio de Trento declaró auténtica —lo contamos entero en qué es la Vulgata—: no porque fuera más inspirada que los originales, sino porque, después de once siglos de uso en la Iglesia, se podía citar con seguridad en materia de fe y costumbres.

Cuándo se escribió

En números redondos, y sin entrar en discusiones de detalle que ningún lector necesita para empezar a leerla:

  • Los textos más antiguos del Antiguo Testamento se remontan a la época de Moisés, en el siglo XIII antes de Cristo.
  • Los últimos libros del Antiguo Testamento —Sabiduría, segundo de los Macabeos— son de los dos siglos anteriores a Cristo.
  • El Nuevo Testamento se escribió entero en el siglo I: las primeras cartas de san Pablo hacia el año 50, y los escritos de san Juan al final de la centuria.

Entre el primer renglón y el último median, por tanto, más de mil años. Que un conjunto así mantenga una unidad de sentido —un solo plan, que va de la promesa al cumplimiento— es precisamente lo que ningún comité editorial habría podido fabricar.

Las tres objeciones que siempre salen

«Está llena de contradicciones»

Los Padres de la Iglesia conocían esos pasajes mucho antes que la crítica moderna, y se emplearon a fondo en conciliarlos: León XIII hace notar que los lugares discutidos son casi los mismos que hoy se presentan «en nombre de la nueva ciencia». Lo que se toma por contradicción suele ser una de estas cuatro cosas: dos relatos del mismo hecho desde ángulos distintos, un modo de contar propio de la época, una cifra redondeada al uso antiguo, o un error de copia en un manuscrito concreto. La regla católica es clara: la inerrancia se afirma del texto auténtico y de lo que la Escritura afirma, no de lo que simplemente refiere ni de una lectura literalista que el propio hagiógrafo no pretendió.

«La copiaron de mitos anteriores»

Que otros pueblos contaran diluvios no prueba que el relato bíblico dependa de ellos; prueba, si acaso, que hubo un diluvio. Y basta comparar los textos para ver la distancia: donde el mito babilónico presenta dioses caprichosos que se pelean y se arrepienten, el Génesis presenta a un solo Dios que crea por su palabra, ordena el mundo y juzga con justicia. No es la misma historia contada dos veces: es la verdad frente a su deformación.

«La Iglesia la manipuló»

Es la acusación más fácil de comprobar, y la que peor resiste la comprobación. Los manuscritos bíblicos se cuentan por miles, repartidos por todo el Mediterráneo y en manos de comunidades que estaban enemistadas entre sí; los hallazgos de Qumrán, de mediados del siglo XX, entregaron copias del libro de Isaías mil años más antiguas que las que se manejaban, y el texto resultó ser sustancialmente el mismo. Una manipulación centralizada de un libro así de disperso es materialmente imposible. Lo que sí hizo la Iglesia fue custodiarlo, copiarlo y traducirlo durante veinte siglos, que es exactamente por lo que ha llegado hasta nosotros.

Entonces, ¿qué Biblia leer?

Si Dios es el autor, la elección de la edición deja de ser un detalle. Hacen falta dos cosas: que esté completa —con los siete libros deuterocanónicos que las ediciones protestantes no traen— y que lleve notas católicas, porque hay pasajes que no se entienden solos y es ahí donde el lector se pierde.

En lengua española, la traducción de Mons. Juan Straubinger, hecha directamente del hebreo y del griego durante sus años en el Seminario de La Plata, sigue siendo la más recomendada por sus notas: no adornan el texto, lo explican.

Del mismo traductor

Espiritualidad Bíblica, de Mons. Juan Straubinger

El hombre que tradujo la Biblia al español explica aquí cómo hay que leerla: no como un documento antiguo, sino como la palabra que Dios sigue dirigiendo a quien la abre.

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Preguntas frecuentes

¿Quién escribió la Biblia realmente?

Dios, como autor principal, sirviéndose de hombres como instrumentos vivos y libres. Los autores humanos conocidos son Moisés, David, Salomón, los profetas, los cuatro evangelistas, san Pablo y los autores de las cartas católicas; muchos libros históricos son de escribas anónimos.

¿Cuántos autores tiene la Biblia?

No hay un número cerrado, porque varios libros son obra de escuelas o de redactores anónimos. Sí están identificados por nombre más de una veintena de hagiógrafos, repartidos a lo largo de más de mil años.

¿Quién escribió el Pentateuco?

Moisés. La Comisión Bíblica Pontificia lo reafirmó en 1906, admitiendo que pudo valerse de documentos previos y de secretarios y que el texto ha sufrido retoques menores en su transmisión.

¿En qué idioma se escribió la Biblia?

En hebreo la mayor parte del Antiguo Testamento, en arameo algunas secciones de Daniel y Esdras, y en griego todo el Nuevo Testamento y algunos libros del Antiguo. La Vulgata latina de san Jerónimo es traducción, no original.

¿Puede haber errores en la Biblia?

No en lo que la Escritura afirma. La Iglesia enseña que la inspiración alcanza a los libros enteros con todas sus partes y excluye el error; lo que puede haber son errores de copia en manuscritos concretos, que es cosa distinta y se corrige comparando testimonios.

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