El método histórico-crítico: qué es, qué aporta y dónde se pasa de la raya
Por Marcos Vera Pérez«Método histórico-crítico» suena a maniobra moderna para desmontar la Biblia. Hay quien lo trata como el origen de todos los males y quien lo trata como la única exégesis seria. Las dos posturas fallan por lo mismo: no distinguen entre el método y la filosofía con que algunos lo aplicaron.
Esa distinción es exactamente la que hace la clase octava de la Introducción a la Sagrada Escritura del P. Gabriel Calvo Zarraute, y es la que conviene tener clara antes de discutir de esto con nadie.
El estudio crítico no lo inventó el siglo XIX
Conviene empezar por aquí, porque desmonta media leyenda. Hasta el siglo XVI la exégesis cristiana reconocía unánimemente que Tradición, unidad de la Escritura y analogía de la fe eran los ejes de la interpretación. Pero era también perfectamente consciente de que hacía falta crítica textual y análisis literario e histórico.

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Y lo hizo. En el siglo III, Orígenes emprendió una obra colosal de crítica textual, las Hexaplas, para individuar las variantes entre el texto hebreo y las versiones griegas. Los comentarios de san Jerónimo están llenos de observaciones filológicas. Y san Agustín escribió en De doctrina christiana lo que se considera el primer gran tratado de hermenéutica bíblica.
Lo que faltaba, dice el libro, no era la intención: era el método. El estudio histórico-literario «estaba solo en los comienzos y carecía de reglas precisas».
De dónde salió el método
El método histórico y literario para documentos profanos entra en la investigación científica sobre todo a partir del Renacimiento, con el interés por el recursus ad fontes, la vuelta a las fuentes. Se trabajaba con criterios internos —lengua, estilo, vocabulario, contrastes— y externos —documentos históricos y literarios—.
Como la Biblia es también un documento literario e histórico, era lógico que ese instrumental acabara aplicándose a ella. La crítica textual del Nuevo Testamento se desarrolla como disciplina científica a partir de 1800; la crítica literaria arranca en el siglo XVII con R. Simon, que llamó la atención sobre los duplicados, las divergencias de contenido y las diferencias de estilo del Pentateuco. En el siglo XIX llega la célebre «hipótesis de los documentos».
Por qué llegó a parecer disolvente
Aquí está el diagnóstico del libro, y es de una honradez que conviene subrayar porque no absuelve a nadie ni condena en bloque.
Aquella crítica literaria se limitaba, durante mucho tiempo, a distinguir y estratificar fuentes, sin prestar atención suficiente a la estructura final del texto ni al mensaje que ese texto comunica tal como está. Un texto reducido a capas deja de decir nada. Por eso la exégesis histórico-crítica «podía aparecer como disolvente y destructiva».

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Y hubo algo más: algunos exegetas emitían juicios negativos sobre la Biblia influidos por la historia comparada de las religiones o partiendo de concepciones filosóficas racionalistas.
Ahora viene la frase decisiva, y merece leerse dos veces: el problema no procedía tanto de la idea de usar la ciencia histórico-literaria y sus técnicas, sino de los presupuestos filosóficos entonces vigentes, que hacían defectuosa su aplicación.
Dicho en plata: no falla el bisturí, falla quien lo empuña convencido de antemano de que el milagro es imposible.
Qué dice hoy la Iglesia
La valoración la fijó el documento de la Pontificia Comisión Bíblica La interpretación de la Biblia en la Iglesia, de 1993. Y su veredicto es claro: se trata de un método indispensable para el estudio científico de la Biblia.
No «tolerable». Indispensable. Quien lo rechace entero no está siendo más católico: está renunciando a un instrumento que la Iglesia considera necesario.
Las cuatro etapas, para saber de qué se habla
1. Crítica textual. Fijar el texto auténtico: coleccionar las variantes de los manuscritos, establecer su dependencia genealógica y eliminar las lecturas corruptas —deformaciones, interpolaciones, glosas, comentarios añadidos—. Lo tratamos en ¿se ha modificado la Biblia?.
2. Análisis literario. Estudio lingüístico y semántico: dónde empieza y acaba cada unidad, su coherencia interna, su organización gramatical, su estructura, sus relaciones con el contexto y los pasajes paralelos. De aquí forma parte la crítica de los géneros literarios.
3. Génesis del texto. Determinación de las fuentes, etapas de redacción, crítica de las tradiciones y crítica de la redacción. Y aquí el libro marca un giro que importa: las etapas anteriores miran cómo se formó el texto —perspectiva diacrónica—, mientras que esta última acaba en un estudio sincrónico, es decir, una explicación del texto en sí mismo, como mensaje comunicado por el autor a sus contemporáneos.
4. Crítica histórica. Cuando el texto pertenece a un género histórico, se precisa su alcance histórico: circunstancias de composición, ambiente cultural, génesis, fuentes.
Qué ha aportado de verdad
Su mérito principal, según el libro, ha sido dar a la exégesis un conocimiento cada vez más detallado de los libros inspirados y de su proceso de composición. De ahí la conclusión de que la Biblia es una colección de escritos que, sobre todo en el Antiguo Testamento, tienen una larga prehistoria ligada a la historia de Israel o a la de la Iglesia primitiva.
Y ha creado una conciencia clara de las condiciones históricas concretas en que la palabra de Dios se ha enraizado, haciendo comprender el dinamismo histórico que anima la Escritura.
Eso no es poco. Es, de hecho, la base material sobre la que se apoya todo lo demás.
Y dónde están sus límites
El documento de la Comisión Bíblica señala límites, y el primero es el externo al método: el peligro de funcionar con esquemas preconcebidos, siguiendo opciones hermenéuticas ajenas al texto.
Ese es el punto. Un método que reconstruye la génesis de un texto no puede, por sí solo, decir si ese texto es palabra de Dios. Contesta preguntas históricas y literarias, que son reales y necesarias, pero no las contesta todas. Para lo demás hacen falta los criterios de Dei Verbum 12 —la unidad de la Escritura, la Tradición viva y la analogía de la fe—, que son los que explicamos en el secreto para leer bien la Biblia.
El método es una herramienta. Excelente, indispensable y limitada. Como todas.
De dónde sale esto
De la clase 8 de Introducción a la Sagrada Escritura. Fundamentos teológicos para una comprensión católica de la Biblia, del P. Gabriel Calvo Zarraute, que recorre además la historia de las formas, la historia de la redacción, los análisis retórico, narrativo y semiótico, y los acercamientos recientes.
512 páginas en doce clases, con cinco documentos del Magisterio íntegros al final. En preventa: 200 ejemplares a 25,00 € en lugar de 30,00 €, envío previsto el 5 de octubre.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el método histórico-crítico?
El procedimiento científico para estudiar la Biblia como documento literario e histórico. Recorre cuatro etapas: crítica textual, análisis literario, estudio de la génesis del texto y crítica histórica.
¿Lo aprueba la Iglesia?
El documento de la Pontificia Comisión Bíblica de 1993 lo califica de indispensable para el estudio científico de la Biblia, señalando al mismo tiempo sus límites.
¿Por qué tiene tan mala fama entre católicos?
Porque durante mucho tiempo se limitó a estratificar fuentes sin atender al texto final, y porque algunos exegetas lo aplicaron desde presupuestos filosóficos racionalistas. El problema estaba en esos presupuestos, no en las técnicas.
¿Existía el estudio crítico antes del siglo XIX?
Sí. Orígenes compuso las Hexaplas en el siglo III, san Jerónimo llenó sus comentarios de observaciones filológicas y san Agustín escribió el primer gran tratado de hermenéutica bíblica.
¿Cuál es su límite principal?
El peligro de funcionar con esquemas preconcebidos. Y, por naturaleza, que responde preguntas históricas y literarias, no la pregunta de si el texto es palabra de Dios.
¿Basta el método histórico-crítico para interpretar la Biblia?
No. Hace falta además leerla con los criterios de Dei Verbum 12: el contenido y la unidad de toda la Escritura, la Tradición viva de la Iglesia y la analogía de la fe.
Fuentes
- P. Gabriel Calvo Zarraute, Introducción a la Sagrada Escritura, Páginas Contrarrevolucionarias, 2026, clase 8: métodos y acercamientos en la exégesis bíblica.
- Pontificia Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia (1993).
- Concilio Vaticano II, Dei Verbum (1965), n. 12.
- Pío XII, Divino afflante Spiritu (1943).
- León XIII, Providentissimus Deus (1893).
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