Padre Gabriel Calvo Zarraute: «Ningún libro antiguo se entiende sin guía de lectura, y la Biblia menos»
Por Marcos Vera PérezAntes de empezar su clase de esta semana en Formación en la Tradición, el padre Gabriel Calvo Zarraute se tomó un rato para presentar él mismo su nuevo libro, Introducción a la Sagrada Escritura. Fundamentos teológicos para una comprensión católica de la Biblia. «Como no estoy publicando libros todos los días», dijo, quería explicar de primera mano en qué consiste, cómo se usa y por qué lo ha escrito.
Lo que sigue es esa presentación, ordenada. Y una idea que la atraviesa entera: ningún libro antiguo se entiende sin una guía de lectura, y la Biblia, que además es palabra de Dios, menos que ninguno.
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¿Qué es y qué no es este libro?
El padre empezó por deshacer un malentendido: «que nadie se llame a engaño». No es una introducción a la Biblia en el sentido de un recorrido libro por libro. No va estudiando el Pentateuco, los Evangelios sinópticos, el corpus joánico o las cartas de San Pablo. Por eso el subtítulo habla de fundamentos teológicos.
Lo que el libro explica es lo que hay que tener claro antes de abrir cualquiera de esos libros para leerlos como católico:
- Los sentidos de la Escritura: el literal y los sentidos espirituales, y cómo se relacionan.
- La inspiración divina: qué significa que Dios sea autor de un libro escrito por hombres.
- La inerrancia: en qué sentido la Biblia no se equivoca.
- La Tradición: la otra fuente de la Revelación, sin la cual la Escritura queda a merced de cada lector.
- El canon: quién decidió qué libros forman la Biblia.
El padre lo resume en una frase que conviene retener: el libro enseña los fundamentos teológicos católicos para interpretar correctamente la Biblia.
¿Por qué la Escritura necesita a la Tradición?
Aquí el padre hizo un recorrido rápido por la doctrina que el libro desarrolla. Por la sola razón el hombre puede conocer que Dios existe, que es uno, creador y juez justo: es lo que definió el Concilio Vaticano I en 1870, y que él resume con una fórmula para memorizar: «es de fe que Dios no es de fe». Pero la intimidad de Dios, que es Trinidad, que el Hijo se encarnó para redimirnos en la cruz y que fundó la Iglesia, solo se conoce por Revelación.
Y esa Revelación tiene dos fuentes: la Sagrada Escritura, palabra de Dios escrita, y la Sagrada Tradición, palabra de Dios transmitida. Primero de palabra, por los apóstoles y los Padres apostólicos; después, cuando los testigos fueron muriendo, puesta por escrito. Forman parte de ella las enseñanzas de los Padres, los concilios dogmáticos de la Iglesia y las instituciones que se han transmitido siempre, como el sacerdocio reservado a varones en sus tres grados.
Y aquí viene la pregunta que, según el padre, desarma a cualquier protestante: si solo vale la Escritura, ¿quién seleccionó los libros de tu Biblia? La lista no está escrita en la propia Biblia. La fijó la Iglesia: los concilios de Hipona (393) y Cartago (397), el papa Inocencio I (405) y, de forma definitiva, el Concilio de Trento el 8 de abril de 1546. Lutero rechazó los concilios y el derecho canónico. ¿Cómo sabía entonces qué libros eran inspirados? Lo desarrollamos en quién quitó los siete libros de la Biblia.

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¿Qué contiene el libro, clase por clase?
El volumen tiene 512 páginas organizadas en doce clases. El padre destacó algunas que el lector no espera en un manual así:
- La historia y las instituciones del pueblo de Israel, porque sin ellas no se entiende el sacerdocio levítico del Antiguo Testamento ni el sacerdocio nuevo que instituye Jesucristo.
- Los sacrificios del Antiguo Testamento: cómo eran y cómo Cristo los perfecciona y consuma con su propio sacrificio en la cruz. Tenemos un adelanto en el Templo de Jerusalén y los sacrificios.
- Las fiestas israelitas, que son las que celebraba Jesús: lo explicamos en las fiestas que celebraba Jesús.
Cada clase termina con un esquema que la resume, y el padre explica para qué sirve: obliga al lector a volver sobre lo leído para que se le grabe. Es el mismo método de su manual anterior, la Historia de la Iglesia Católica. Volumen I. Edad Antigua.
Y al final van, íntegros, los documentos del Magisterio sobre la Escritura: Providentissimus Deus de León XIII, Spiritus Paraclitus de Benedicto XV, Divino afflante Spiritu de Pío XII, la constitución Dei Verbum y los números del Catecismo sobre la Escritura. «Para que lo tenga todo en un solo volumen», dijo el padre, «y no tenga que andar buscando en internet, en la inteligencia artificial o en bibliotecas».
¿Por qué no se puede leer la Biblia sin una introducción?
Fue el centro de la presentación, y el padre lo argumentó con ejemplos de la literatura.
Quien coja hoy la Ilíada o la Odisea de Homero sin más, «se va a enterar de muy poco y la lectura se le va a hacer muy pesada». Por la Ilíada desfila una procesión de dioses y héroes, de Tetis, la madre de Aquiles, a Héctor y todo el Olimpo. Sin una edición con notas que explique quién es quién, no se entiende. Lo mismo con la Anábasis de Jenofonte: quien no sabe que es el relato de la retirada de los diez mil mercenarios griegos que habían luchado a sueldo de Ciro el Joven se pierde desde la primera página.
Y no hace falta irse tan lejos. El Quijote, que para el padre es la obra cumbre de la literatura universal y la que inventa la novela moderna, necesita también una introducción aunque solo nos separen de Cervantes cuatro siglos. Sin ella no se comprenden muchas cosas, «o incluso se entienden mal».
La conclusión cae por su peso: si esto pasa con cualquier obra humana, cuánto más con la Sagrada Escritura, que viene de la misma antigüedad y que no es solo palabra de hombre, sino palabra de Dios escrita por hombres inspirados por Dios.
¿Qué pasa si cada uno interpreta la Biblia a su manera?
El padre no se anduvo con rodeos. Leer la Biblia sin formación previa, cada uno a su aire, es «hacer el protestante». Y ocurre también entre católicos: aunque lo seamos, en la práctica actuamos como protestantes cuando cada uno interpreta la Escritura a su forma, sin los instrumentos teológicos para comprenderla. El resultado, dijo, es que «probablemente casi siempre la va a comprender mal».
Lo explicó con dos imágenes. Un cirujano necesita un instrumental para operar; nadie se dejaría operar por quien no ha estudiado medicina, por muchas ganas que tenga. Y quien quiere cocinar necesita utensilios: aunque tenga la comida, sin ellos no cocina. Para entrar en la Palabra de Dios hace falta un instrumental teológico.
Y advirtió contra el comodín del sentimiento: «Dios me lo ha puesto en el corazón», «siento que Dios me dice esto». Eso, dijo, «es totalmente protestante», y sirve para justificar cualquier cosa y su contraria, incluso lo que contradice la ley de Dios. Ser protestante no exige estudiar; ser católico, sí. Y más hoy, añadió, con una Iglesia protestantizada y en un mundo que ya no es indiferente, sino apóstata.
La formación bíblica tiene además fruto espiritual: cuanto mejor se comprende la Palabra de Dios, más se ahonda en la oración y más se vive la sagrada liturgia, que está tejida con la Escritura. Es lo que explicamos en el secreto para leer bien la Biblia, según el padre Zarraute.
¿De dónde sale el libro?
No es un libro improvisado. El padre contó su «prehistoria»: nace de los cursos en que impartió esta misma asignatura en Getafe, entre 2014 y 2019, a seglares, sobre todo universitarios que la cursaban dentro de Magisterio para poder ser profesores de religión. En el verano de 2014 recopiló, sintetizó y estructuró los materiales, y los fue ajustando curso a curso en temario, extensión y redacción.
Al dejar la asignatura, el trabajo quedó archivado. Lo que lo ha sacado de nuevo han sido las peticiones de los seguidores de Tekton, que pedían formación bíblica. Y el padre pensó que, lógica y ordenadamente, había que empezar por aquí.
«Lo he hecho lo más sencillo, lo más claro y lo más sintético posible», resumió. Es, en palabras del prologuista, Mn. Jaime Mercant Simó, el trabajo del sabio que ordena.
¿Por qué empezar por aquí antes de estudiar los libros de la Biblia?
Porque es el orden de los seminarios. El plan del padre es ofrecer después en la Escuela de Pensamiento Católico Melchor Cano cursos sobre cada parte de la Biblia, como las asignaturas de un seminario:
- El Pentateuco, los cinco primeros libros.
- Los libros históricos.
- Los libros proféticos y los sapienciales.
- Los Evangelios sinópticos y los Hechos de los Apóstoles.
- El corpus joánico: el Evangelio de San Juan, sus cartas y el Apocalipsis.
- El corpus paulino: las cartas de San Pablo.
Pero antes hay que asentar los cimientos, las columnas para interpretar la Biblia como siempre la ha interpretado la Tradición de la Iglesia desde los apóstoles. Eso es este libro.
¿Hay que matricularse en el curso para leer el libro?
No, y el padre lo repitió varias veces. Es un manual de estudio y se puede leer y estudiar perfectamente sin matricularse. «No es una novela de Julio Verne o de Agatha Christie», bromeó: pide estudio, pero se sostiene solo.
Quien se matricule en el curso de Introducción a la Sagrada Escritura de la Escuela Melchor Cano, que comenzará en breve, tendrá además la explicación del propio autor, que irá «desmenuzando» el manual clase a clase. Y pidió expresamente que nadie deje de cursarlo por dinero: quien tenga interés de verdad y no pueda pagar la matrícula, que se ponga en contacto con la escuela.
Cómo conseguir el libro
- Introducción a la Sagrada Escritura, del P. Gabriel Calvo Zarraute, con prólogo de Mn. Jaime Mercant Simó. Preventa: 25,00 € en lugar de 30,00 €, con envío gratis en España a partir de 30 € de compra.
- Tirada de preventa de 200 ejemplares; envío previsto el 5 de octubre, en cuanto salga de imprenta.
- Para acompañarlo: Historia de la Iglesia Católica. Volumen I, del mismo autor (31,20 €), y Espiritualidad Bíblica de Mons. Straubinger, con estudio preliminar del padre Zarraute (20,00 €).
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre una introducción a la Sagrada Escritura y un comentario bíblico?
El comentario explica pasajes concretos. La introducción trata lo que hay que saber antes de leer cualquier pasaje: la inspiración, la inerrancia, el canon, los sentidos de la Escritura y su relación con la Tradición.
¿Por qué es mejor estudiar la Biblia con una guía que leerla por libre?
Porque es un libro antiguo y además inspirado. Si la Ilíada o el Quijote necesitan notas e introducción, la Escritura más, y leerla sin los criterios de la Iglesia lleva a interpretarla cada uno a su manera.
¿El libro sirve para responder a los protestantes?
Sí. Explica, entre otras cosas, cómo se fijó el canon y por qué la Escritura no se entiende sin la Tradición, que es el punto donde se cae la sola Scriptura.
¿Qué documentos del Magisterio incluye?
Providentissimus Deus, Spiritus Paraclitus, Divino afflante Spiritu, Dei Verbum y los números del Catecismo sobre la Sagrada Escritura, íntegros.
¿Qué cursos de Biblia vendrán después en la Escuela Melchor Cano?
El plan del padre Zarraute es seguir el orden de los seminarios: Pentateuco, libros históricos, proféticos y sapienciales, sinópticos y Hechos, corpus joánico y corpus paulino.
¿Quién ha escrito el prólogo del libro?
Mn. Jaime Mercant Simó, doctor en Estudios Tomísticos y en Derecho y Ciencias Sociales y licenciado en Sagrada Teología.
Fuentes
- P. Gabriel Calvo Zarraute, Introducción a la Sagrada Escritura, Páginas Contrarrevolucionarias, 2026, y su presentación en Formación en la Tradición (Tekton).
- Concilio Vaticano II, constitución dogmática Dei Verbum (1965), sobre Escritura y Tradición.
- León XIII, Providentissimus Deus (1893).
- Benedicto XV, Spiritus Paraclitus (1920).
- Pío XII, Divino afflante Spiritu (1943).
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