Historia de la Iglesia

Historia de la Iglesia Católica, Volumen I, del P. Gabriel Calvo Zarraute

Historia de la Iglesia · Doctrina

Historia de la Iglesia católica: veinte siglos, contados por orden

De la mañana de Pentecostés a la España visigoda, de las catacumbas a los concilios que fijaron el Credo. Esta página reúne lo esencial en orden y enlaza los artículos donde cada época se desarrolla.

Por qué hay que conocerla

Casi todas las objeciones que hoy se le hacen a la Iglesia son históricas: que inventó sus dogmas en un concilio político, que impuso la fe por la fuerza, que los evangelios se eligieron a dedo, que la Edad Media fue un paréntesis oscuro. Son afirmaciones sobre hechos, y los hechos se comprueban.

Por eso la historia de la Iglesia no es un adorno erudito: es el terreno donde se juega buena parte de la apologética. Quien sabe qué pasó en Nicea en el año 325 no necesita discutir sobre lo que dicen las novelas.

El siglo I: de Jerusalén a Roma

La Iglesia empieza en Jerusalén y en pocos años está en Antioquía, donde por primera vez a los discípulos se les llama cristianos, y en Roma. San Pablo recorre el Mediterráneo oriental en tres viajes y muere en Roma, como san Pedro, durante la persecución de Nerón del año 64.

De ese primer siglo salen ya los rasgos que no han cambiado: obispos, presbíteros y diáconos; la Eucaristía el día del Señor; y una autoridad que dirime, la que se ve funcionar en el concilio de Jerusalén.

Las persecuciones: tres siglos de mártires

No fueron continuas ni iguales. Hubo periodos largos de tolerancia de hecho y estallidos brutales: Nerón en el 64, Domiciano, Trajano —de cuyo reinado es la carta de Plinio el Joven, el primer documento pagano que describe a los cristianos—, Decio en el 250, la primera persecución verdaderamente general, y Diocleciano en el 303, la más dura y la última.

Aquellos tres siglos dejaron dos cosas: una lista de mártires que la liturgia sigue nombrando, y una literatura —las actas de los mártires, los apólogos como san Justino— donde se ve a la Iglesia explicándose ante un imperio que no la entendía.

313 y 380: la libertad y sus consecuencias

En el 313 Constantino y Licinio conceden la libertad de culto. En el 380, con el edicto de Tesalónica, Teodosio hace del cristianismo la religión del Imperio. Entre esas dos fechas la Iglesia pasa de perseguida a reconocida, y aparecen a la vez las grandes basílicas y los grandes problemas: qué relación hay entre el poder civil y el eclesiástico, una pregunta que no se ha cerrado nunca.

Los concilios que fijaron el Credo

El Credo que se reza los domingos no cayó del cielo redactado: se fue precisando frente a errores concretos, y cada frase responde a una negación.

  • Nicea, 325 — contra Arrio: el Hijo es consustancial al Padre, no una criatura.
  • Constantinopla, 381 — la divinidad del Espíritu Santo.
  • Éfeso, 431 — contra Nestorio: María es Theotokos, Madre de Dios, porque el que nace de ella es una sola persona divina.
  • Calcedonia, 451 — dos naturalezas, divina y humana, en una sola persona, sin confusión y sin separación.

Quien dice que los dogmas se votaron por conveniencia política no ha leído las actas. Se discutió durante décadas, hubo obispos desterrados por no ceder y el emperador estuvo más veces del lado de los herejes que del de los católicos.

Los Padres de la Iglesia

Se llama Padres a los escritores cristianos de los primeros siglos cuya doctrina la Iglesia reconoce como testimonio de la fe recibida. En Oriente: san Ignacio de Antioquía, san Ireneo, san Atanasio, los tres capadocios —Basilio, Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa— y san Juan Crisóstomo. En Occidente: Tertuliano, san Cipriano, san Ambrosio, san Jerónimo, san Agustín y san León Magno.

Leerlos sorprende siempre por lo mismo: no hablan de otra religión. En el año 107 san Ignacio ya escribe «Iglesia católica», y en el 110 describe la Eucaristía con palabras que hoy firmaría cualquier católico.

La España visigoda, los concilios de Toledo y san Isidoro

Es la parte que aquí suele despacharse en un párrafo y que en realidad es decisiva para entender España. En el III Concilio de Toledo, año 589, el rey Recaredo abjura del arrianismo y el reino visigodo se hace católico. Los concilios toledanos siguientes construyen algo que no existía en ninguna otra parte: una legislación civil y eclesiástica trabada, con los obispos participando en el gobierno del reino.

De ese mundo sale san Isidoro de Sevilla (c. 560-636), que en las Etimologías recoge el saber antiguo entero para que no se pierda. Fue el libro de consulta de Europa durante siglos.

711: el Mediterráneo se parte

La expansión del islam arranca a la cristiandad el norte de África, Siria, Egipto y Palestina —tierras de los grandes Padres y de los primeros concilios— y en 711 cruza a la Península. Con eso se cierra la Antigüedad: el mundo unificado del Mediterráneo romano deja de existir y empieza otra cosa.

Y después

Lo que sigue —el monacato, la reforma gregoriana, el cisma de Oriente en 1054, las cruzadas, la escolástica, la Reforma protestante y Trento, la evangelización de América, la Revolución Francesa, el Vaticano I y el Vaticano II— se cuenta en los volúmenes siguientes. El primero llega hasta aquí, y llega bien.

Portada de Historia de la Iglesia Católica, Volumen I

Libro en Páginas Contrarrevolucionarias

Historia de la Iglesia Católica. Volumen I. Edad Antigua

Del P. Gabriel Calvo Zarraute, con prólogo de Mons. Athanasius Schneider. 528 páginas. Nació como manual del curso de Historia Antigua de la Iglesia que imparte en la Escuela Melchor Cano: está escrito para quien empieza, sin renunciar al aparato de un manual serio.

Ver el libro →

Para seguir leyendo

También puede ver la ficha del P. Gabriel Calvo Zarraute o el resto de nuestros libros de historia de la Iglesia.