Cómo leer la Biblia

Sagrada Escritura

Cómo leer la Biblia: por dónde empezar, en qué orden y con qué traducción

Casi todos abandonan por lo mismo: empezaron por el Génesis, llegaron al Levítico y se rindieron. Aquí se explica cómo se lee de verdad la Escritura en la Iglesia católica —por dónde empezar, en qué orden, cuánto al día y con qué edición—, con los artículos donde se desarrolla cada punto.

Lo esencial

  • Por dónde empezar: por un Evangelio entero —Marcos o Lucas—, no por el Génesis: la Escritura se lee desde su centro, que es Cristo.
  • Cuánto al día: poco y todos los días. Quince minutos sostenidos valen más que una tarde entera de entusiasmo en enero.
  • Qué traducción: una edición católica, completa (con los deuterocanónicos) y con notas. En español, la de Mons. Juan Straubinger.
  • Cómo leerla: en la Iglesia y no contra ella, por los cuatro sentidos y con la lectio divina como oración.

Por dónde empezar: por el Evangelio

La Biblia no es una novela y no se lee de la primera página a la última. Se lee desde su centro, y su centro es Cristo. Empiece por un Evangelio —san Marcos es el más breve y el más directo, san Lucas el más narrativo— y léalo entero antes de abrir ninguna otra cosa.

Hay una razón de peso para esto, y no es pedagógica sino teológica: el Antiguo Testamento se entiende a la luz del Nuevo. San Agustín lo dejó dicho en una fórmula que no ha mejorado nadie: el Nuevo está oculto en el Antiguo y el Antiguo se hace patente en el Nuevo. Quien empieza por el Génesis sin haber leído a Cristo está leyendo la primera mitad de una carta.

Un orden que funciona

  1. Un Evangelio entero (Marcos o Lucas).
  2. Los Hechos de los Apóstoles, que son la continuación natural de Lucas.
  3. El Génesis y el Éxodo, ya con Cristo delante.
  4. Los Salmos, no de corrido sino unos pocos cada día: es el libro de oración de la Iglesia.
  5. Los otros tres Evangelios y las cartas de san Pablo, empezando por Filipenses o Efesios.
  6. Los profetas, Isaías el primero.

El Levítico, los Números y las genealogías no son el enemigo: son simplemente lo último, y se entienden cuando ya se sabe hacia dónde apuntan.

Cuánto al día

Poco y todos los días. Quince minutos sostenidos durante un año valen infinitamente más que una tarde entera de entusiasmo en enero. Lo que decide no es la cantidad, sino que el libro esté abierto mañana otra vez. Lo desarrollamos en cómo leer la Biblia todos los días sin abandonar a la semana.

Qué traducción

Una edición católica, completa y con notas. Completa quiere decir con los libros deuterocanónicos —Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, los Macabeos y las partes griegas de Ester y Daniel—, que las ediciones protestantes no traen. Si quiere saber por qué faltan ahí, lo contamos en quién quitó los 7 libros de la Biblia. Y para elegir edición, los tres requisitos están en qué Biblia católica comprar. Y con notas, porque hay pasajes que no se entienden solos: ahí es donde el lector se pierde o se equivoca.

Los siete libros mismos, uno por uno —qué contiene cada uno, cuándo se escribió y por qué la Iglesia los tiene por inspirados—, están explicados en los siete libros que faltan en las biblias protestantes; y el panorama completo de las diferencias entre una edición y otra, en Biblia católica y Biblia protestante.

En el mundo hispanohablante, la traducción de Mons. Juan Straubinger, preparada durante sus años de docencia en el Seminario de La Plata, sigue siendo una de las más queridas precisamente por sus notas: no adornan el texto, lo explican. Su ficha completa está en Mons. Dr. Juan Straubinger. Y la historia de cómo llegó a traducirla, en quién fue Mons. Juan Straubinger.

Leerla en la Iglesia, no contra ella

La Escritura no se interpreta por libre. No es una restricción arbitraria: es que el libro nace dentro de la Iglesia, es la Iglesia quien ha fijado qué libros lo componen, y es la misma fe la que se lee en él. La constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II lo formula con exactitud: la Tradición, la Escritura y el Magisterio están unidos de tal manera que ninguno subsiste sin los otros.

En la práctica esto se traduce en algo muy sencillo: cuando un pasaje parezca contradecir lo que la Iglesia enseña, el que está leyendo mal es uno.

Los cuatro sentidos

La tradición distingue un sentido literal —lo que el texto dice— y tres sentidos espirituales: el alegórico, que ve en los hechos una figura de Cristo; el moral, que saca de ellos cómo hay que vivir; y el anagógico, que mira a las realidades eternas.

El orden importa: el sentido literal es la base de todos los demás. Sin él, la alegoría se convierte en fantasía.

Lectio divina, en cuatro pasos

Leer despacio el pasaje, una o dos veces. Meditar: qué dice, y qué me dice. Orar: responder a Dios con lo que ha salido de ahí. Contemplar: callar y quedarse. Es un método monástico de mil quinientos años y sigue siendo el mejor para un seglar con quince minutos. Los cuatro peldaños, explicados uno a uno y con un ejemplo hecho de principio a fin, en qué es la lectio divina y cómo hacerla paso a paso.

Portada de Espiritualidad Bíblica, de Mons. Juan Straubinger

El libro de este tema

Espiritualidad Bíblica

de Mons. Juan Straubinger

El traductor que dio la Biblia al mundo hispano enseña a leerla para rezar con ella: meditación nacida del trato diario con la Escritura, de quien dio al español una de sus versiones más queridas por las notas.

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