Qué es el modernismo en la Iglesia y por qué importa

Qué es el modernismo en la Iglesia y por qué importa

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El modernismo no es «ser moderno», ni tener el pelo largo, ni tocar la guitarra en misa. Es una tesis precisa sobre el origen de la fe, y San Pío X la describió en 1907 con un rigor que aún hoy sirve de instrumento de diagnóstico. Quien no sepa qué es exactamente, discutirá siempre sobre síntomas.

Este artículo explica en qué consiste el modernismo, cuáles son sus notas según Pascendi, por qué la crisis reapareció en la segunda mitad del siglo XX, y qué papel tuvo en España un obispo que se negó a seguir la corriente: Mons. José Guerra Campos.

Qué es el modernismo

El núcleo del modernismo es una tesis filosófica: la fe no procede de una revelación exterior recibida, sino de una necesidad religiosa interior del sujeto. Dios no habla desde fuera; el sentimiento religioso brota desde dentro y después se expresa en dogmas, ritos e instituciones.

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Las consecuencias se siguen solas. Si el dogma es la formulación de una experiencia interior, entonces el dogma cambia cuando cambia la experiencia. Si la Escritura es el registro de una vivencia colectiva, entonces su verdad es simbólica y no histórica. Si la Iglesia es la organización de un sentimiento, entonces su autoridad es funcional y revisable.

San Pío X lo llamó en Pascendi Dominici gregis (8 de septiembre de 1907) la síntesis de todas las herejías, y no por énfasis retórico: porque, al tocar el modo en que se conoce lo revelado, afecta a la vez a todos los artículos de la fe.

Las notas por las que se reconoce

Pascendi disecciona el sistema en varios planos, y esa disección sigue siendo utilizable:

  • Agnosticismo: la razón no puede alcanzar a Dios; solo cabe la experiencia.
  • Inmanencia vital: la religión nace de una necesidad del sujeto, no de una palabra recibida.
  • Evolución del dogma: las fórmulas se consideran envolturas provisionales de una experiencia mudable.
  • Crítica histórica desligada de la fe: se estudia la Escritura presuponiendo que lo sobrenatural no puede haber ocurrido.
  • Reforma permanente: la Iglesia debe adaptarse indefinidamente a la conciencia de cada época.

El rasgo táctico que señala la encíclica es igual de importante: el modernista no rompe con la Iglesia. Permanece dentro, conserva el vocabulario y cambia el contenido. Por eso el conflicto rara vez es una discusión abierta sobre dogmas; suele ser una discusión sobre «lenguajes», «sensibilidades» y «adaptación pastoral».

Del juramento antimodernista a la crisis posconciliar

Tras Pascendi, San Pío X impuso en 1910 el juramento antimodernista al clero, y la crisis pareció contenida durante décadas. Pero las tesis no fueron refutadas en el terreno intelectual: quedaron aparcadas. Reaparecieron con fuerza en los años sesenta y setenta, ya no como sistema declarado sino como atmósfera.

El resultado es conocido: catequesis vaciada de contenido, seminarios en caída libre, predicación reducida a ética cívica y una generación de católicos incapaz de explicar por qué cree lo que dice creer. No hizo falta negar ningún dogma; bastó con dejar de enseñarlos.

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Guerra Campos: el que no siguió la corriente

Mons. José Guerra Campos (Ames, La Coruña, 1920 - 1997) fue padre conciliar en el Vaticano II, primer secretario general de la Conferencia Episcopal Española y obispo de Cuenca. Su intervención conciliar sobre el ateísmo marxista fue la más destacada de la jerarquía española en el Concilio.

Aquel debate no era académico. El Concilio dedicó al ateísmo tres números de Gaudium et spes (nn. 19-21), donde distingue las formas del ateísmo, describe el ateísmo sistemático que somete al hombre a una liberación puramente económica y social, y fija la actitud de la Iglesia. Guerra Campos sostuvo que ese diagnóstico debía ser explícito y no diluirse en generalidades.

Lo que hace interesante su figura no es que discrepara, sino dónde puso el punto de resistencia: en la doctrina, no en la estética. No se opuso a que cambiaran las formas; se opuso a que, con el pretexto de las formas, se dejara de enseñar el contenido. Esa distinción es exactamente la que Pascendi había señalado sesenta años antes.

Su biografía completa está en la ficha de Mons. José Guerra Campos.

Dónde se oye hoy

Las notas de arriba son las del tratado. Conviene bajarlas al suelo, porque el modernismo no se presenta nunca diciendo su nombre: se cuela en frases que suenan piadosas y que se oyen un domingo cualquiera.

«Los dogmas hay que releerlos con la mentalidad de hoy.» Un dogma no se relee: se entiende mejor. El Concilio Vaticano I lo dejó fijado en Dei Filius, recogiendo a san Vicente de Lerins: la doctrina que la Iglesia ha propuesto se conserva siempre en el mismo sentido y con la misma sentencia. Crece la comprensión; el contenido no se mueve. Quien pide releer el dogma con otra mentalidad no está pidiendo profundidad: está pidiendo permiso.

«Lo importante es la experiencia, no las fórmulas.» Esta es la inmanencia vital de Pascendi en su forma doméstica. Si la fe brotara del sentimiento religioso y la fórmula no fuera más que su envoltorio, la fórmula sobraría y mañana se cambiaría sin pérdida. Pero la fe no nace dentro del hombre: se recibe de fuera y se transmite. Lo que se siente cambia cada semana; lo que ha sido revelado, no.

«Eso era la Iglesia de entonces; hoy la Iglesia dice otra cosa.» La Iglesia no tiene dos doctrinas, una vieja y otra nueva. Cuando parece haberlas, o se ha entendido mal lo antiguo o se ha explicado mal lo nuevo. Lo que no cabe, porque destruiría la fe entera, es que la verdad de ayer sea el error de hoy.

«No hay que juzgar.» Se dice para cerrar la boca, y se dice mal. Juzgar la conciencia de un hombre está reservado a Dios. Juzgar una doctrina es obligación de todo bautizado que sepa lo que cree, y es exactamente lo que hicieron los Padres, los concilios y los Papas cuando hizo falta.

Ninguna de estas cuatro frases es un error suelto. Las cuatro salen del mismo sitio: de dar por supuesto que la verdad revelada evoluciona con el tiempo y se acomoda a cada época. Reconocerlas es la mitad del trabajo. La otra mitad es saber responderlas, y para eso hay que haber leído.

El libro: Un faro en la tempestad

Un faro en la tempestad, en edición preparada por Manuel Acosta Elías, reúne enseñanzas, homilías y escritos de Guerra Campos. No es una hagiografía ni un ajuste de cuentas: es el material de primera mano con el que se entiende qué ocurrió en la Iglesia española del siglo XX y por qué ocurrió.

Su utilidad hoy es doble. Sirve como documento histórico y sirve como formación doctrinal, porque el autor explica los puntos disputados sin dar por supuesto que el lector sea teólogo.

En vídeo

Las siete señales con que Mons. José Guerra Campos enseñaba a reconocer el modernismo, explicadas en doce minutos a partir de Un faro en la tempestad. De Tekton Centro Televisivo.

Objeciones frecuentes

«Llamar modernista a alguien es una etiqueta»

Lo es cuando se usa sin definición, y ese abuso existe. La solución no es abandonar el término sino emplearlo con el contenido que le dio Pascendi: si no hay inmanencia vital ni evolución del dogma, no hay modernismo, por muy irritante que resulte lo que se esté criticando.

«El Concilio zanjó esa discusión»

El Concilio no derogó Pascendi ni podía hacerlo, porque una condena doctrinal no caduca. Gaudium et spes aborda el ateísmo con otro tono, no con otra doctrina.

«Eso es cosa de nostálgicos»

La prueba es empírica y está a la vista: donde se dejó de enseñar doctrina, las iglesias se vaciaron. El argumento de la nostalgia no explica los datos; la hipótesis contraria sí.

Las cinco proposiciones de Pascendi, en cristiano

San Pío X escribió Pascendi Dominici gregis en 1907 con una precisión que hoy cuesta leer por su densidad. Merece la pena traducirla a lo esencial, porque quien reconoce estas cinco piezas reconoce el modernismo dondequiera que aparezca.

Uno. El agnosticismo. La razón no puede llegar a Dios; solo cabe la experiencia interior. De ahí se sigue que la religión no es conocimiento de nada, sino sentimiento.

Dos. La inmanencia vital. La fe no viene de fuera, de una revelación recibida: brota de dentro, de una necesidad del corazón. Dios deja de ser alguien que habla y pasa a ser algo que se siente.

Tres. La evolución del dogma. Las fórmulas de fe no expresan verdades permanentes, sino el modo en que una época vivió su experiencia religiosa; por tanto pueden cambiar de contenido, no solo de expresión.

Cuatro. La distinción entre el Cristo de la fe y el Jesús de la historia. El de los Evangelios sería una construcción de la comunidad creyente, superpuesta a un personaje real mucho más modesto.

Cinco. La crítica de la autoridad. El Magisterio no custodia un depósito: expresa la conciencia colectiva de los creyentes, y debe por tanto acomodarse a ella.

Puestas en fila se ve por qué el Papa lo llamó síntesis de todas las herejías: no ataca un artículo del Credo, ataca el modo entero en que el Credo es verdad. Y se ve también por qué la condena no caduca: mientras alguien sostenga estas cinco cosas, la condena le alcanza, se llame como se llame.

Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente el modernismo en la Iglesia?

El sistema según el cual la fe nace de una experiencia religiosa interior y el dogma es su expresión mudable. Fue condenado por San Pío X en 1907.

¿Quién escribió Pascendi?

San Pío X, el 8 de septiembre de 1907. Ese mismo año se publicó el decreto Lamentabili, con el elenco de proposiciones condenadas.

¿Sigue vigente esa condena?

Sí. Las condenas doctrinales no se derogan por cambio de época; a lo sumo cambia el modo de exponerlas.

¿Quién fue Mons. Guerra Campos?

Obispo de Cuenca, primer secretario general de la Conferencia Episcopal Española y padre conciliar, conocido por su intervención sobre el ateísmo marxista en el Vaticano II.

¿Cuáles son las notas del modernismo según Pascendi?

Cinco: el agnosticismo, que niega que la razón llegue a Dios; la inmanencia vital, según la cual la fe brota de dentro y no de una revelación recibida; la evolución del dogma, que permite a las fórmulas cambiar de contenido; la separación entre el Cristo de la fe y el Jesús de la historia; y la crítica de la autoridad, que convierte al Magisterio en expresión de la conciencia colectiva. San Pío X lo llamó síntesis de todas las herejías.

¿Qué fue el juramento antimodernista?

Una fórmula que San Pío X impuso al clero en 1910, tras Pascendi, y con la que la crisis pareció contenida durante décadas. Pero las tesis modernistas no fueron refutadas en el terreno intelectual: quedaron aparcadas. Por eso reaparecieron con fuerza en los años sesenta y setenta, ya no como sistema declarado, sino como atmósfera.

Fuentes

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