Viva Cristo Rey: origen y significado del grito

Viva Cristo Rey: origen y significado del grito

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¡Viva Cristo Rey! no es una consigna política ni un adorno retórico. Son las últimas palabras documentadas de centenares de hombres, mujeres y niños fusilados en México entre 1926 y 1929, y después en España. Entender de dónde sale ese grito, y qué afirma exactamente, es entender por qué hubo quien prefirió morir antes que callarlo.

Este artículo explica el origen del grito, la encíclica que lo fundamenta, la guerra en que se hizo famoso, los mártires que lo pronunciaron y las objeciones que hoy se le oponen.

De dónde viene el grito

La fórmula es antigua y aclamatoria: proclama la realeza de Cristo, no un programa de partido. Su difusión masiva, sin embargo, tiene fecha y lugar: México, segunda mitad de los años veinte del siglo pasado, cuando el gobierno de Plutarco Elías Calles aplicó una legislación que cerraba iglesias, expulsaba sacerdotes extranjeros y prohibía el culto público.

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Los católicos que se alzaron contra aquellas medidas fueron llamados cristeros precisamente por el grito. No lo eligieron como lema: lo llevaban ya, porque tres meses antes de que empezara el conflicto la Iglesia había instituido la fiesta de Cristo Rey.

Quas Primas: la encíclica que lo explica

El 11 de diciembre de 1925, Pío XI publicó Quas Primas e instituyó la fiesta de Cristo Rey. El documento no es devocional: es un diagnóstico político y teológico de la época.

Su tesis central es que la causa de los males del mundo moderno es el laicismo: la expulsión de Cristo de la vida pública, de las leyes y de la educación. Frente a eso, Pío XI afirma que la realeza de Cristo no se limita al interior de las conciencias, sino que alcanza también a las sociedades y a quienes las gobiernan.

Esa es la afirmación entera que contiene el grito. Quien lo pronuncia no dice solamente que ama a Jesucristo: dice que Jesucristo tiene derechos sobre la vida pública y que ningún Estado puede negarlos. Por eso el grito era intolerable para quien fusilaba, y por eso lo era tanto.

La guerra cristera, en pocas líneas

En junio de 1926 se promulgó la reforma penal conocida popularmente como Ley Calles, que endureció las sanciones contra el culto. El episcopado respondió suspendiendo los cultos públicos a partir del 31 de julio. Sin misas, sin sacramentos públicos y con templos clausurados, el descontento se convirtió en insurrección armada en varios estados del centro y occidente del país.

El conflicto duró hasta 1929 y terminó en unos acuerdos que restablecieron el culto sin derogar las leyes. Muchos combatientes desmovilizados fueron asesinados después. La represión no fue un exceso local: fue política de Estado contra la religión de la mayoría de la población.

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Conviene decirlo sin rodeos, porque la historiografía oficial mexicana lo presentó durante décadas como una revuelta de fanáticos manipulados por el clero. Los documentos, los procesos y las sentencias dicen otra cosa: hubo una persecución religiosa, y hubo mártires.

Los que lo gritaron

El beato Miguel Agustín Pro

Sacerdote jesuita, fusilado en Ciudad de México el 23 de noviembre de 1927 sin juicio previo, acusado sin pruebas de un atentado. El gobierno hizo fotografiar la ejecución para escarmiento. El cálculo salió al revés: las imágenes del sacerdote con los brazos en cruz gritando ¡Viva Cristo Rey! dieron la vuelta al mundo. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1988.

San Cristóbal Magallanes y compañeros

Párroco de Totatiche, fusilado en 1927. Juan Pablo II lo canonizó el 21 de mayo de 2000 junto con otros veinticuatro mártires mexicanos, casi todos sacerdotes diocesanos y laicos. Sus últimas palabras, según los testigos del proceso, fueron de perdón a sus verdugos.

San José Sánchez del Río

Tenía catorce años. Fue torturado y asesinado el 10 de febrero de 1928 tras negarse a renegar de su fe. Beatificado en 2005 y canonizado por el papa Francisco el 16 de octubre de 2016.

El mismo grito se oyó poco después en España, en la persecución religiosa de los años treinta, donde miles de sacerdotes, religiosos y seglares fueron asesinados por su fe. Es la misma fórmula y la misma causa.

No solo México: también se gritó en España

El grito se asocia a la cristiada, y con razón, porque allí nació como grito de combate. Pero diez años después de la muerte del padre Pro volvió a oírse en España, y en una escala mayor.

Entre 1936 y 1939 fueron asesinados en España 6.832 sacerdotes, religiosos y religiosas, según el recuento que estableció Antonio Montero Moreno en la obra de referencia sobre aquella persecución. No murieron por una bandera ni por un partido: murieron por ser lo que eran, y así lo ha reconocido la Iglesia al elevar a los altares a varios millares de ellos como mártires.

En las relaciones que recogió Montero, reunidas diócesis por diócesis con los testimonios de los supervivientes, el grito aparece una y otra vez en el momento de la descarga. No era una consigna política: era la última profesión de fe de hombres a los que se ofrecía la vida a cambio de negar precisamente eso, que Cristo reina. El caso más concentrado son las matanzas de Paracuellos del Jarama, donde en pocas semanas cayeron religiosos de casi todos los institutos con casa en Madrid.

Esto explica por qué la objeción de que se trata de un lema político se cae sola en cuanto se mira quién lo dijo y cuándo. Nadie grita una consigna de partido delante de un pelotón. Se grita aquello por lo que se está muriendo, y lo que allí se estaba afirmando es lo que Quas Primas había definido once años antes: que el señorío de Cristo no se detiene en la puerta de la iglesia, y que negarlo en la plaza pública es negarlo entero.

Conviene recordarlo aquí por una razón práctica. En España el grito no es una cita extranjera ni una estampa mexicana: es, literalmente, lo último que dijeron varios miles de compatriotas nuestros.

Qué significa hoy

La realeza de Cristo no depende de que se la reconozca. Pío XI lo formula con precisión: Cristo reina por derecho propio, por naturaleza y por conquista, y ese reinado no queda anulado porque los Estados lo ignoren; queda ignorado, con las consecuencias que se ven.

De ahí que la fiesta de Cristo Rey no sea un acto de nostalgia. Es la afirmación de que la vida pública no es un territorio neutro donde la fe no tiene nada que decir. Cuando esa afirmación desaparece del vocabulario católico, lo que queda es una religión privada, tolerada mientras no moleste.

Ese es exactamente el asunto de ¡Viva Cristo Rey!, de Mons. Alberto José González Chaves: no una crónica de la guerra cristera, sino la doctrina que hay detrás del grito, expuesta para que el lector sepa qué está diciendo cuando lo dice.

Las objeciones habituales

«Mi Reino no es de este mundo»

Es la objeción más citada y la peor leída. Cristo responde a Pilato que su realeza no procede de este mundo, no que no alcance a este mundo. Su origen es divino; su ámbito es universal. Pío XI dedica a esta distinción una parte central de Quas Primas.

«Es un lema político»

Fue usado políticamente porque afirma algo con consecuencias políticas, igual que negarlo las tiene. Pero su contenido es dogmático: la realeza de Cristo es doctrina católica, no la posición de un bando.

«Los cristeros también cometieron atrocidades»

En una guerra civil hay violencia por ambos lados y la Iglesia no ha canonizado combatientes por combatir: canonizó a quienes fueron asesinados sin resistirse y perdonando. Los procesos son públicos y verificables. Lo que no admite discusión es quién cerró los templos y quién fusiló por decir una frase.

«Eso ya pasó»

El mecanismo no ha pasado: sigue vigente cada vez que se pretende que la fe no tenga voz fuera del templo. Cambian los medios, no el principio.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se celebra la fiesta de Cristo Rey?

En el último domingo del año litúrgico, antes del primer domingo de Adviento. Pío XI la había fijado en el último domingo de octubre; la reforma litúrgica posterior la trasladó al cierre del año.

¿Quién instituyó la fiesta?

Pío XI, mediante la encíclica Quas Primas, el 11 de diciembre de 1925.

¿Quiénes fueron los cristeros?

Los católicos mexicanos que se alzaron entre 1926 y 1929 contra la legislación persecutoria del gobierno de Calles. El nombre viene de su grito de guerra.

¿Hay mártires cristeros canonizados?

Sí. Veinticinco fueron canonizados en el año 2000, y José Sánchez del Río en 2016. Hay además varios beatificados, entre ellos Miguel Agustín Pro.

¿Qué afirma exactamente el grito de ¡Viva Cristo Rey!?

Que la realeza de Cristo no se limita al interior de las conciencias, sino que alcanza a las sociedades y a quienes las gobiernan. Quien lo pronuncia no dice solamente que ama a Jesucristo: dice que Jesucristo tiene derechos sobre la vida pública y que ningún Estado puede negarlos. Por eso resultaba intolerable para quien fusilaba.

¿Se gritó también en España?

Sí, y en una escala mayor. Entre 1936 y 1939 fueron asesinados en España 6.832 sacerdotes, religiosos y religiosas, según el recuento que estableció Antonio Montero Moreno, y en sus relaciones diocesanas el grito aparece una y otra vez en el momento de la descarga. El caso más concentrado son las matanzas de Paracuellos del Jarama.

Fuentes

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