Quién quitó los 7 libros de la Biblia

Quién quitó los 7 libros de la Biblia

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Nadie le quitó siete libros a la Biblia católica: fue Lutero quien los apartó de la suya. En su traducción alemana los sacó de su sitio y los agrupó al final del Antiguo Testamento, negándoles la misma autoridad que al resto. Tres siglos después, en 1826, la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera decidió dejar de imprimirlos, y así desaparecieron del todo de las biblias protestantes corrientes. Por eso la Biblia católica tiene 73 libros y la protestante 66.

La pregunta, tal como circula por internet, da por supuesto lo contrario: que la Iglesia añadió siete libros en el siglo XVI para xdefenderse de la Reforma. Es al revés, y se puede demostrar con fechas.

Cuáles son los siete libros

Los que faltan en una Biblia protestante y están en la católica son:

  • Tobías
  • Judit
  • Sabiduría
  • Eclesiástico (o Sirácida)
  • Baruc
  • 1 Macabeos
  • 2 Macabeos

A esos siete hay que sumar unos pasajes que tampoco aparecen: los capítulos finales de Ester y tres fragmentos de Daniel —la historia de Susana, el episodio de Bel y el dragón, y el cántico de los tres jóvenes en el horno—. No son libros enteros, pero se pierden igual.

Quién los quitó, y cuándo

La operación tuvo dos tiempos, y conviene no confundirlos.

Primero, Lutero. En su traducción de la Biblia al alemán no los suprimió: los recolocó. En vez de dejarlos entre los demás libros del Antiguo Testamento, los juntó todos al final, en una sección aparte, con la advertencia de que no eran iguales a la Escritura aunque fueran útiles y buenos de leer. La distinción parece cortés; en la práctica, degradaba siete libros a apéndice.

Después, las sociedades bíblicas. Lo que Lutero dejó en el apéndice, el siglo XIX lo tiró a la basura. La Sociedad Bíblica Británica y Extranjera los había dejado fuera de sus biblias inglesas ya en 1804, y en 1826 resolvió no volver a costear su impresión. A partir de ahí, la Biblia protestante que llega a las casas tiene 66 libros y ni siquiera menciona que faltan siete.

Es decir: el lector protestante de hoy no eligió prescindir de los Macabeos. Se los quitaron antes de nacer él.

Por qué la Iglesia los tiene por inspirados

La respuesta corta es que nunca dejó de tenerlos.

Los apóstoles y los primeros cristianos leían el Antiguo Testamento en griego, en la versión de los Setenta —la Septuaginta, traducida en Alejandría a partir del siglo III antes de Cristo—, y esa versión incluía los siete. Cuando el Nuevo Testamento cita el Antiguo, cita casi siempre por ahí.

Y las listas son muy anteriores a la Reforma:

  • San Agustín, De doctrina christiana II, 8 (finales del siglo IV): enumera uno por uno los libros de la Escritura, y los siete están dentro, sin nota al pie y sin segunda categoría.
  • Concilio de Hipona, 393, y Concilio de Cartago, 397: fijan esa misma lista para la lectura en la iglesia. San Agustín está delante de los dos.
  • Concilio de Florencia, 1442: vuelve a enumerarlo igual, en la bula Cantate Domino. Un siglo antes de Lutero.
  • Concilio de Trento, 8 de abril de 1546: define el canon de forma solemne y definitiva, y declara que recibe todos los libros «con igual afecto de piedad y reverencia».

Trento no inventó nada. Puso por escrito, y con carácter dogmático, lo que Hipona y Cartago habían enumerado mil ciento cincuenta años antes. Lo hizo entonces porque entonces fue cuando alguien lo negó.

Y después de Trento, lo mismo

La lista no ha vuelto a tocarse, y el magisterio la ha reafirmado cada vez que ha hecho falta:

  • Concilio Vaticano I, constitución dogmática Dei Filius, 1870: repite íntegro el canon de Trento y añade que los libros sagrados son tenidos por tales no porque la Iglesia los haya aprobado después, sino porque, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor y como tales fueron entregados a la Iglesia.
  • León XIII, encíclica Providentissimus Deus, 18 de noviembre de 1893: contra la crítica racionalista que empezaba a recortar la Biblia libro a libro, enseña que la inspiración alcanza a todas las partes de la Escritura y excluye de raíz cualquier error.

Quien hoy dice que la Biblia católica «tiene siete libros de más» no está discutiendo con Trento: está discutiendo con la Iglesia entera, desde Agustín hasta hoy.

«Deuterocanónicos» y «apócrifos» no son lo mismo

Aquí está el enredo que confunde a casi todo el mundo, y del que viven la mitad de los vídeos de YouTube sobre el tema.

  • Para la Iglesia católica, esos siete libros son deuterocanónicos: «del segundo canon», porque su aceptación se discutió en algunos sitios antes de quedar zanjada. Deuterocanónico no significa de segunda: significa admitido después. Una vez admitidos, valen exactamente lo mismo que el Génesis.
  • Para la Iglesia católica, apócrifo es otra cosa: un libro que se presenta como Escritura y no lo es. El Evangelio de Tomás, el de Judas, el Libro de Enoc.
  • La tradición protestante llama apócrifos a los deuterocanónicos.

De ahí el malentendido: cuando un católico y un protestante dicen «los apócrifos», no están hablando de los mismos libros. Y cuando alguien busca en Google «los 14 libros apócrifos», casi siempre está buscando, sin saberlo, los deuterocanónicos.

Los 14 libros apócrifos de los que habla internet

La cifra no sale de la nada. Viene de la Biblia del rey Jacobo de 1611, que sí traía los deuterocanónicos, pero en una sección aparte titulada «Apocrypha». Los textos que iban allí eran estos:

  1. 1 Esdras
  2. 2 Esdras
  3. Tobías
  4. Judit
  5. Añadidos a Ester
  6. Sabiduría
  7. Eclesiástico
  8. Baruc
  9. Carta de Jeremías
  10. Oración de Azarías y cántico de los tres jóvenes
  11. Susana
  12. Bel y el dragón
  13. Oración de Manasés
  14. 1 Macabeos
  15. 2 Macabeos

Se cuentan catorce o quince según se tome la Carta de Jeremías como libro propio o como último capítulo de Baruc. De ahí el «14» que circula, y de ahí también que la lista no cuadre nunca del todo.

Nótese lo que esa lista contiene además: 1 y 2 Esdras y la Oración de Manasés, que la Iglesia católica tampoco tiene por inspirados. Estaban en un apéndice del rey Jacobo, no en el canon de Trento. Quien repite que «la Iglesia añadió catorce libros» está sumando tres que la Iglesia nunca ha aceptado.

Por qué el libro de Enoc no está en la Biblia

Porque nunca formó parte de ella. No es un libro retirado: es un libro que jamás entró.

El llamado Libro de Enoc es un escrito judío compuesto entre los siglos III antes de Cristo y el I de nuestra era, atribuido al patriarca que vivió antes del diluvio. Esa atribución es precisamente el problema: un texto que dice ser de Enoc y se escribió dos mil años después de Enoc se llama pseudoepígrafo, y la Iglesia no lo recibió nunca como inspirado. Ni la católica, ni la judía, ni la protestante. Solo la Iglesia ortodoxa etíope lo incluye en su canon.

Queda la objeción de siempre, y merece respuesta:

«Pero la carta de san Judas lo cita». Es verdad: Judas 14-15 recoge una profecía atribuida a Enoc. Ahora bien, citar no es canonizar. San Pablo cita al poeta pagano Arato ante el Areópago (Hechos 17,28) y a Epiménides de Creta al escribir a Tito (Tito 1,12), y nadie ha propuesto meter a los poetas griegos en la Biblia. Un autor inspirado puede recoger una frase verdadera venga de donde venga; lo que hace canónico a un libro no es ser citado, sino ser recibido por la Iglesia como Palabra de Dios.

Qué libros no acepta la Iglesia católica

Conviene distinguir dos cosas que se mezclan continuamente.

Libros que no son Escritura. Todo lo que se presenta como evangelio, hechos o apocalipsis apostólico y no fue recibido por la Iglesia: el Evangelio de Tomás, el de Felipe, el de Judas, el Protoevangelio de Santiago, los Hechos de Pablo y Tecla, el Libro de Enoc. Algunos son antiguos y tienen interés histórico; ninguno es Palabra de Dios.

Libros condenados por su contenido. Es otra categoría distinta —obras de cualquier materia que la Iglesia juzgó peligrosas para la fe— y se recogía en el Índice de libros prohibidos, que dejó de tener fuerza de ley en 1966. Que un libro estuviera en el Índice no decía nada sobre el canon bíblico: decía que no convenía leerlo sin preparación.

Mezclar las dos listas es el error que sostiene medio internet.

Las tres objeciones que siempre salen

«San Jerónimo también dudaba de esos libros»

Dudó, sí, y es el argumento más serio de todos, porque no lo dice un adversario sino el mayor biblista de la Iglesia antigua. Jerónimo distinguió entre los libros del canon hebreo y los demás, y en algún prólogo llegó a llamar apócrifos a estos últimos. Pero hizo dos cosas que se citan menos: los tradujo —Tobías y Judit están en su Vulgata— y los citó en sus obras. Y sobre todo: la opinión de un doctor, por grande que sea, no es la decisión de la Iglesia. Agustín sostuvo lo contrario, Hipona y Cartago lo zanjaron, y Jerónimo acató.

«Los judíos no los tienen en su Biblia»

Cierto, pero la fecha importa. En tiempos de Cristo no había una única lista cerrada: los judíos de la diáspora leían la Septuaginta, que incluía los siete. La lista breve que hoy tiene el judaismo rabínico se fijó en su forma actual después de Cristo y después de la ruptura con la Iglesia naciente, precisamente cuando la polémica con los cristianos se libraba a partir del texto griego. Es decir: la Iglesia no quitó ni añadió nada; conservó la Biblia que ya usaba. Quien exige que se adopte la lista corta está pidiendo que la Iglesia sustituya la Escritura de los apóstoles por una lista fijada más tarde y fuera de ella. Y eso es exactamente lo que hizo Lutero.

«Trento se los inventó para responder a Lutero»

Trento es de 1546. Florencia, que enumera los mismos libros, es de 1442: Lutero nació en 1483. Cartago es de 397. Para que Trento se los hubiera inventado, habría tenido que viajar mil ciento cincuenta años hacia atrás.

Qué Biblia usar

Una Biblia católica completa, con los 73 libros y con notas —los tres requisitos, con las ediciones españolas comparadas una por una, están en qué Biblia católica comprar. Las notas no son un adorno: son lo que impide leer un pasaje difícil a solas y sacar la conclusión que a uno le apetezca. En español, la traducción de Mons. Juan Straubinger es la más difundida y la que más se ha usado en América y España durante décadas.

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Preguntas frecuentes

¿Cuántos libros quedaron en cada Biblia tras la separación?

Setenta y tres: 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo. La protestante tiene 66, porque le faltan los siete deuterocanónicos del Antiguo. El Nuevo Testamento es idéntico en ambas.

¿Quién quitó los siete libros de la Biblia?

Lutero los apartó al final de su traducción negándoles autoridad igual, y las sociedades bíblicas protestantes del siglo XIX dejaron de imprimirlos: la Británica y Extranjera, en 1826. La Iglesia católica nunca los quitó.

¿Son lo mismo los deuterocanónicos y los apócrifos?

No. Deuterocanónicos son los siete libros que la Iglesia tiene por inspirados. Apócrifos, en lenguaje católico, son escritos que se presentan como Escritura sin serlo, como el Evangelio de Tomás o el Libro de Enoc. La confusión viene de que la tradición protestante llama apócrifos a los deuterocanónicos.

¿Por qué el libro de Enoc no está en la Biblia?

Porque nunca estuvo. Es un escrito de entre los siglos III a.C. y I d.C. atribuido falsamente al patriarca Enoc, y ninguna Iglesia salvo la ortodoxa etíope lo ha recibido como inspirado. Que san Judas lo cite no lo hace canónico, igual que citar a un poeta griego no canoniza al poeta.

¿Definió Trento el canon por primera vez?

No. Lo definió de forma solemne el 8 de abril de 1546, pero los mismos libros ya estaban enumerados en los concilios de Hipona (393) y Cartago (397) y en el de Florencia (1442), un siglo antes de que Lutero escribiera una línea.

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