Qué es la Septuaginta y por qué importa a los católicos
Por Marcos Vera PérezSi tuviera que señalarse un solo libro para explicar por qué la Biblia católica tiene setenta y tres libros y la protestante sesenta y seis, ese libro sería la Septuaginta. Y casi nadie lo sabe.
Es la primera traducción de la Biblia a otra lengua, la que citaban los apóstoles, la que usó la Iglesia durante siglos, y la que el judaísmo acabó repudiando precisamente porque la usaban los cristianos. Toda la discusión moderna sobre el canon está enredada en esa historia.
Lo que sigue sale de la clase sexta de la Introducción a la Sagrada Escritura del P. Gabriel Calvo Zarraute.

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¿Qué es la Septuaginta?
Es la versión griega del Antiguo Testamento y el primer intento de traducir la Biblia a otra lengua. Se elaboró en gran parte entre los siglos III y II antes de Cristo.
Se la llama también Alejandrina, porque se hizo en Alejandría de Egipto. Y se la abrevia LXX, setenta en números romanos, por el número de traductores que, según la Carta de Aristeas, intervinieron en ella.
La Carta de Aristeas y los setenta y dos
La historia del nombre merece contarse, porque en ella se mezclan un hecho y una leyenda, y conviene distinguirlos.
La Carta de Aristeas —cuyo autor parece haber sido un judío de comienzos del siglo I a.C.— cuenta que Ptolomeo II Filadelfo (285-247 a.C.) pidió a las autoridades de Jerusalén una traducción griega de los libros sagrados judíos para la gran biblioteca que había fundado en Alejandría. Jerusalén envió 72 hombres, seis por cada una de las doce tribus.
El relato se fue enriqueciendo con detalles legendarios. Según Filón, los 72 traductores fueron alojados en celdas separadas y cada uno hizo la versión completa por su cuenta; al terminar, todas las versiones resultaron idénticas.
Lo histórico es el marco: una comunidad judía numerosa, helenizada, que ya no entendía el hebreo y necesitaba su Biblia en griego. Lo legendario es el prodigio de las celdas. El libro lo señala sin aspavientos, que es como hay que tratar estas cosas.

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Por qué esto decide la cuestión de los 73 libros
Aquí está el argumento que casi nunca se explica bien, y es un argumento material, no una opinión.
La Septuaginta incluye los libros deuterocanónicos. Y —esto es lo decisivo— no los incluye como un grupo separado, ni como apéndice, ni como colección marginal, sino en el cuerpo mismo de la versión, mezclados indistintamente con los protocanónicos. Es decir, atribuyéndoles el mismo valor.
De ahí que el libro afirme que es bastante probable que al menos la comunidad judía de Alejandría les reconociera una autoridad igual a la de los demás. De otro modo no se explicaría esa colocación.
Con el tiempo se formaron así dos colecciones parcialmente distintas: un canon amplio, el de los Setenta, y un canon breve, el de la Biblia hebrea. La Iglesia recibió el primero. Lo tratamos a fondo en quién quitó los siete libros de la Biblia y en los siete libros que faltan en las biblias protestantes.
La Biblia de los apóstoles
Durante varios siglos la Septuaginta fue la Biblia de los judíos de la diáspora, que hablaban griego y desconocían el hebreo. Y casi desde el principio de la era cristiana llegó a ser la Biblia utilizada por los cristianos.
No es un detalle menor. Cuando el Nuevo Testamento cita el Antiguo, muy a menudo está citando esta versión griega. La Iglesia no eligió la Septuaginta en un concilio: la recibió como quien recibe la lengua materna.
Por qué el judaísmo acabó rechazándola
Y ahora la parte de la historia que explica el resto. Hacia los siglos I-II después de Cristo creció entre los judíos la hostilidad contra los Setenta. El libro da dos motivos, y el segundo es el que importa:
Uno, las divergencias entre la versión griega y el texto hebreo que entonces se usaba.
Dos, que los cristianos se la habían apropiado y la utilizaban en la polémica judeocristiana.
Resultado: la Septuaginta terminó repudiada por los judíos y sustituida por otras versiones griegas. Tres de ellas completas:
- Áquila, entre los años 130 y 150, que sigue estrictamente el texto hebreo oficial, muy cercano al masorético. Fue la preferida por los judíos de la diáspora, que la adoptaron para la sinagoga.
- Teodoción, hacia el 180, hecha sobre el propio texto de los Setenta, al que sigue tan de cerca que más parece una revisión que una traducción. Tuvo más fortuna entre los cristianos que entre los judíos, e influyó en la Vetus latina.
- Símaco, la tercera de las versiones completas.
Conviene detenerse en esto, porque tiene consecuencias. El canon judío no se cerró en un ambiente neutro de estudio: se cerró, en parte, frente al cristianismo naciente. El libro lo dice expresamente al tratar la historia del canon, y añade el dato: los cristianos argumentaban con textos deuterocanónicos de doctrina mesiánica desarrollada, como Sabiduría 2,12-20.
De la Septuaginta a la Vulgata
La Septuaginta abre el camino de las versiones y no lo cierra. Detrás vienen las arameas —los targumim— y las antiguas de ambos Testamentos, entre ellas la latina, que desembocará en la Vulgata de san Jerónimo.
Verlo en cadena ayuda: hebreo, griego, latín, y de ahí a las lenguas modernas. Cada eslabón se hizo para que un pueblo concreto pudiera leer, y cada uno dejó su huella en el siguiente.
De dónde sale esto
De la clase 6 de Introducción a la Sagrada Escritura. Fundamentos teológicos para una comprensión católica de la Biblia, del P. Gabriel Calvo Zarraute, con prólogo de Mn. Jaime Mercant Simó, donde se tratan el texto hebreo, el griego, las versiones y la crítica textual.
512 páginas en doce clases, con cinco documentos del Magisterio íntegros al final. En preventa: 200 ejemplares a 25,00 € en lugar de 30,00 €, envío previsto el 5 de octubre.
Las citas del Nuevo Testamento que solo cuadran con la Septuaginta
Aquí está la prueba que convierte todo lo anterior en algo más que una curiosidad de filólogos: hay pasajes del Nuevo Testamento que solo funcionan si se cita la Septuaginta, y que no funcionarían citando el texto hebreo.
Isaías 7, 14. El texto hebreo dice almah, que significa «muchacha» o «joven en edad de casarse». La Septuaginta lo tradujo por parthénos, que en griego significa inequívocamente virgen. Y san Mateo, al narrar el nacimiento de Cristo, cita exactamente la forma griega: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo» (Mt 1, 23).
Conviene notar lo que eso significa: aquella traducción se hizo dos siglos antes de que naciera Cristo, por judíos, sin ninguna intención apologética cristiana, porque el cristianismo no existía. Nadie puede sostener que los cristianos la forzaran.
Salmo 39 (40), 7. El hebreo dice «me has abierto los oídos»; la Septuaginta, «un cuerpo me has preparado». La carta a los Hebreos cita la segunda forma y construye sobre ella todo su argumento sobre la Encarnación y el sacrificio (Heb 10, 5).
Es decir: los autores inspirados del Nuevo Testamento usaron la Septuaginta como Escritura, con toda naturalidad, y la Iglesia no hizo después más que continuar lo que ya hacían los apóstoles.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «Septuaginta» y por qué se abrevia LXX?
Significa «setenta», por el número de traductores que según la Carta de Aristeas intervinieron en ella —72, seis por tribu—. LXX es setenta en números romanos.
¿Cuándo se hizo la Septuaginta?
En gran parte entre los siglos III y II antes de Cristo, en Alejandría de Egipto, de donde le viene el otro nombre con que se la conoce: versión Alejandrina.
¿Por qué es importante para el canon católico?
Porque incluye los libros deuterocanónicos y no como apéndice, sino mezclados en el cuerpo de la versión con los demás, es decir, con el mismo valor. De ahí el canon amplio que recibió la Iglesia.
¿Usaban los apóstoles la Septuaginta?
Casi desde el principio de la era cristiana fue la Biblia utilizada por los cristianos, y muchas citas del Antiguo Testamento en el Nuevo proceden de ella.
¿Por qué los judíos dejaron de usarla?
Por sus divergencias con el texto hebreo en uso y porque los cristianos se la habían apropiado y la empleaban en la polémica. La sustituyeron por las versiones de Áquila, Teodoción y Símaco.
¿Se puede leer hoy la Septuaginta?
Sí, existen ediciones críticas y traducciones. Para el lector corriente lo importante es saber qué es y qué papel jugó; para el estudio, el manual explica cómo se sitúa entre las demás versiones.
¿Hay citas del Nuevo Testamento que solo encajan con la Septuaginta?
Sí. San Mateo cita Isaías 7,14 en la forma griega, «la virgen concebirá» —el hebreo dice almah, muchacha, y la Septuaginta parthénos, virgen—, y la carta a los Hebreos cita el salmo 39 en la forma «un cuerpo me has preparado», donde el hebreo dice «me has abierto los oídos». Los autores inspirados usaron la Septuaginta como Escritura.
Fuentes
- P. Gabriel Calvo Zarraute, Introducción a la Sagrada Escritura, Páginas Contrarrevolucionarias, 2026, clase 6, § 2: las versiones del Antiguo Testamento.
- Pío XII, Divino afflante Spiritu (1943), sobre las lenguas originales y las versiones.
- Concilio Vaticano II, Dei Verbum (1965), n. 22.
- Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 120-130, sobre el canon de las Escrituras.
- Carta de Aristeas (s. II-I a.C.); Filón de Alejandría, sobre los setenta y dos traductores.
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