Las fiestas que celebraba Jesús: el calendario del antiguo Israel

Las fiestas que celebraba Jesús: Pascua, Pentecostés, Tabernáculos y las demás

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Los Evangelios están llenos de fiestas. Jesús sube a Jerusalén «para la fiesta», discute en el Templo «el día grande», cena con los suyos la noche de Pascua. Quien no sepa qué se celebraba en cada una lee esos pasajes como quien mira un partido sin conocer las reglas: ve movimiento, no entiende el juego.

Este es el calendario, tal como lo expone la clase once de la Introducción a la Sagrada Escritura del P. Gabriel Calvo Zarraute.

Cómo funcionaba el año hebreo

Doce meses lunares de unos veintinueve días y medio: 354 días en total. El año empezaba en otoño y cada mes, con la luna nueva. Cuando el desfase con el año solar llegaba a un mes entero, se intercalaba uno nuevo, el adar.

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La normativa sobre las fiestas está repartida en cinco calendarios del Pentateuco —Éxodo 23 y 34, Levítico 23-25, Números 28-29 y Deuteronomio 16—, y el libro hace notar algo que conviene retener: ninguno de los cinco es completo, ni en el número de fiestas ni en el rito. La imagen de un ceremonial fijo caído del cielo no resiste la lectura del propio texto.

Sobre ese armazón: el sábado, las tres grandes fiestas de peregrinación —Pascua con los Ázimos, Semanas y Tabernáculos—, el Día de la Expiación y, más tarde, los Purim y la Dedicación.

El sábado, y las dos razones que da la Biblia

Sabbat viene del verbo sabat, «cesar», y por extensión «dejar de trabajar, descansar». Pero no era un día libre para reponer fuerzas: estaba unido a la alianza y consagrado a Dios.

Lo llamativo es que la Escritura da dos motivos distintos, y el libro los presenta como dos perspectivas teológicas:

Deuteronomio 5 subraya lo humanitario: no se puede trabajar sin descanso. Y añade el memorial: el sábado recuerda que Dios liberó a su pueblo del trabajo esclavizador de Egipto para traerlo al «lugar de descanso».

Éxodo 20 da la razón de la escuela sacerdotal: en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, y el séptimo descansó.

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Las dos son teología de la alianza; cambia dónde se pone el foco. La deuteronómica mira al pueblo; la sacerdotal, a Dios. Acabó prevaleciendo la segunda, y por eso, en el postexilio, quien guardaba el sábado sabía que estaba celebrando el señorío de Dios sobre toda la creación.

Del sábado cuelgan dos instituciones que hoy sorprenden. El año sabático: cada siete años la tierra descansaba por completo, los esclavos recuperaban la libertad y solo se aprovechaba lo que el campo diera por sí solo. Y el año jubilar: cada siete veces siete años, es decir, cada cincuenta, cada propietario recuperaba las tierras que se había visto obligado a vender y el esclavo israelita quedaba libre. El objetivo, dice el libro, era evitar la pobreza y la esclavitud causadas por las deudas.

La Pascua: una fiesta de pastores

El nombre, pesah, lo explica Éxodo 12 por el ángel exterminador que «pasó de largo» por las casas de los hebreos.

Pero el rito, mirado por dentro, es típicamente pastoril, y el libro subraya un detalle que lo dice todo: la Pascua no necesitaba sacerdote ni altar. Se sacrificaba un animal joven, y la sangre servía para untar los tiros de la tienda y alejar los poderes malignos. Se asaba la víctima, se comía con pan sin levadura y hierbas amargas, y los participantes debían estar vestidos para partir de inmediato, con los cayados en la mano.

Todo ello apunta al momento en que una tribu levanta el campamento buscando pastos nuevos. La fecha —14 y 15 del mes de abib, después nisán, coincidiendo con la luna llena— confirma ese origen. Los indicios llevan a los días en que Israel dejaba atrás su vida seminómada, y aun al tiempo del Éxodo: puede que fuera esta la fiesta que los israelitas querían celebrar en el desierto y que el Faraón les negó.

Quien lea así el relato de la Última Cena entiende de golpe por qué hay pan ácimo, por qué hay hierbas amargas y por qué todo ocurre de noche y con prisa.

Los Ázimos: una fiesta agrícola que se fusionó con la Pascua

Los Ázimos señalaban el comienzo de la cosecha de la cebada. Durante siete días se comía solo pan del grano nuevo, sin levadura: no contener nada del año viejo simbolizaba empezar de cero.

Es una fiesta agrícola, y por tanto posterior al asentamiento en Canaán; los israelitas, dice el libro, debieron tomarla de los cananeos, aunque la hicieron suya fijándola de sábado a sábado.

La fusión con la Pascua ocurrió en algún momento entre la reforma de Josías (621) y el exilio (587-539). Y hubo que resolver una dificultad práctica: la Pascua se fijaba por la luna llena, y los Ázimos dependían de la cosecha. Al final se impuso la Pascua, y los Ázimos empezaban al día siguiente y duraban una semana. Las dos acabaron significando lo mismo y algo más hondo: la liberación de Egipto.

Las Semanas, es decir, Pentecostés

Se la llama fiesta de la cosecha, de la siega del trigo, de las Semanas y de las Primicias. Se celebraba siete semanas después del comienzo de la cosecha de la cebada.

Y de ahí sale el nombre que usamos los cristianos: contando siete semanas enteras desde el día siguiente al sábado en que se ofrecía la primera gavilla, se llega al día que sigue al séptimo sábado, exactamente cincuenta días. Por eso terminó llamándose Pentecostés, del griego «cincuenta».

Era una fiesta de talante alegre, como todas las de recolección.

Los Tabernáculos: la más importante de todas

En hebreo sukkot: tabernáculos, chozas, tiendas o cabañas. El libro es tajante: de las tres peregrinaciones anuales, esta era la más importante y la más concurrida. Era la cumbre del año agrícola, cuando ya estaba recogido todo —el campo, las eras, los lagares, las almazaras— y el pueblo daba gracias con bailes, música y alborozo general.

El nombre viene de una costumbre muy común en Palestina: durante la cosecha la gente levantaba cabañas en huertos y viñedos para refugiarse del sol. Como la fiesta se celebraba al aire libre y aquellas chozas estaban por todas partes, la celebración acabó llamándose así.

Más tarde recibió un sentido religioso más hondo, al relacionarla con el Éxodo: las sukkot se interpretaron como recuerdo de las tiendas en que vivió Israel tras salir de Egipto. Y el libro añade una precisión de esas que distinguen un manual serio de una estampa piadosa: en el desierto no vivieron en cabañas, sino en tiendas, de modo que la asociación es de carácter litúrgico, no histórico.

La fecha quedó fijada el 15 del séptimo mes, entre septiembre y octubre.

El Día de la Expiación, y el macho cabrío

Yom kippur, el 10 de tisrí. Día de descanso completo, penitencia y ayuno, con sacrificios de expiación por el santuario, el clero y el pueblo.

Levítico 16 conserva, dice el libro, la combinación de dos ritos distintos.

El primero, levítico: el sumo sacerdote ofrecía un toro por sus pecados y los de todo el sacerdocio, y entraba en el Santo de los Santos —único día del año en que lo hacía— para incensar y rociar el kapporet con la sangre. Después sacrificaba un macho cabrío por los pecados del pueblo y volvía a rociar.

El segundo refleja una mentalidad distinta: se presentaban dos machos cabríos y se echaban suertes, uno «para YHWH» y otro «para Azazel». El paralelismo de las dos expresiones indica que Azazel era un nombre propio, probablemente de un demonio; el Targum lo identifica con el príncipe de los demonios desterrado al desierto. El primero se sacrificaba; sobre el segundo el sumo sacerdote imponía las manos, transfiriéndole los pecados de la comunidad, y se le conducía al desierto. No se sacrificaba a nadie: se llevaba fuera el pecado del pueblo.

De ahí viene, por cierto, la palabra «chivo expiatorio», que hoy se usa sin saber de dónde sale.

Hanuká y Purim, las fiestas tardías

Hanuká significa «inauguración» o «renovación» —en castellano, Dedicación—, y Josefo la llama «la fiesta de las luces». Su origen está en 1 Macabeos 4: Antíoco Epífanes profanó el Templo y colocó un altar pagano en el lugar del altar de los holocaustos —la abominación de la desolación—, donde el 25 de kisleu del año 167 a.C. se ofreció el primer sacrificio a Zeus Olímpico. Exactamente tres años después, Judas Macabeo purificó el santuario y consagró un altar nuevo, y se acordó conmemorarlo cada año.

Y aquí un detalle que merece subrayarse: esta fiesta aparece en el Nuevo Testamento. Juan 10,22 sitúa a Jesús en el Templo precisamente en la fiesta de la Dedicación. Quien sostenga que los Macabeos no pintan nada en la Biblia tiene un problema con ese versículo.

Los Purim completan el grupo de las fiestas tardías del Antiguo Testamento.

Por qué esto importa para leer el Evangelio

Porque casi todo lo que ocurre en los Evangelios ocurre dentro de este calendario. La Última Cena es una Pascua. Pentecostés cae en la fiesta de las Semanas. Jesús enseña en el Templo durante los Tabernáculos y durante la Dedicación.

Y porque, como explica el mismo libro al tratar los sentidos de la Escritura, las realidades del Antiguo Testamento pueden ser figura de las del Nuevo. Un sumo sacerdote que entra una vez al año en el Santo de los Santos con sangre ajena no es un dato de anticuario cuando se lee la carta a los Hebreos. Pero para verlo hay que saber primero, con exactitud, qué se hacía aquel día.

Eso es lo que hace un manual: dar el dato exacto para que la lectura espiritual no sea fantasía. Lo explicamos en el secreto para leer bien la Biblia.

De dónde sale esto

De la clase 11 de Introducción a la Sagrada Escritura. Fundamentos teológicos para una comprensión católica de la Biblia, del P. Gabriel Calvo Zarraute, con prólogo de Mn. Jaime Mercant Simó.

512 páginas en doce clases, con cinco documentos del Magisterio íntegros al final. En preventa: 200 ejemplares a 25,00 € en lugar de 30,00 €, envío previsto el 5 de octubre.

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Preguntas frecuentes

¿Cuáles eran las tres grandes fiestas de peregrinación?

Los Ázimos —unidos a la Pascua—, las Semanas y los Tabernáculos. De las tres, la de los Tabernáculos era la más importante y la más concurrida.

¿Por qué Pentecostés se llama así?

Porque la fiesta de las Semanas se celebraba contando siete semanas enteras desde la ofrenda de la primera gavilla de cebada, lo que da exactamente cincuenta días. Pentecostés viene del griego «cincuenta».

¿Qué era el año jubilar?

Cada cincuenta años —siete veces siete—, la tierra descansaba, cada propietario recuperaba los terrenos que había tenido que vender y el esclavo israelita quedaba libre. Su finalidad era evitar la pobreza y la esclavitud por deudas.

¿Qué se hacía el Día de la Expiación?

Era día de ayuno y penitencia. El sumo sacerdote entraba en el Santo de los Santos, único día del año, y se echaban suertes sobre dos machos cabríos: uno se sacrificaba y el otro, cargado simbólicamente con los pecados del pueblo, era conducido al desierto.

¿Aparece la Hanuká en el Nuevo Testamento?

Sí. Juan 10,22 sitúa a Jesús en el Templo durante la fiesta de la Dedicación, que conmemora la purificación del santuario por Judas Macabeo tras la profanación de Antíoco Epífanes.

¿Celebraba Jesús estas fiestas?

Sí. Los Evangelios lo muestran subiendo a Jerusalén para las peregrinaciones, enseñando en el Templo durante las fiestas y celebrando la Pascua con sus discípulos la noche de la Última Cena.

Fuentes

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