El ofertorio de la Misa de siempre y el de 1969, clase del padre Gabriel Calvo Zarraute, sobre un altar tradicional con velas

Padre Gabriel Calvo Zarraute: el ofertorio de la Misa de siempre y el que se inventó en 1969

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Cada semana el padre Gabriel Calvo Zarraute dedica un programa de Formación en la Tradición, en Tekton, a cuatro asignaturas que avanzan en paralelo: el catecismo de mons. Athanasius Schneider, la historia de la teología, la catequesis sobre la Misa tradicional y el estudio de las herejías. Esta semana las cuatro han ido a parar al mismo sitio: la fe no la fabrica nadie, se recibe.

En resumen:

  • Catecismo: por qué las innovaciones en el culto son reprensibles y qué hacer cuando la única Misa a mano es una profanación.
  • Historia de la teología: el Pseudo Dionisio Areopagita, el autor más influyente que casi nadie conoce, explicado por Benedicto XVI.
  • Misa tradicional: el ofertorio de la Misa de siempre frente al de la misa nueva, oración por oración.
  • Herejías: acacianos, semiarrianos y el monje Joviniano, que negaba el valor del sacrificio y de la virginidad.

¿Por qué son reprensibles las innovaciones en la liturgia?

La primera sección siguió el Credo. Compendio de la fe católica de mons. Athanasius Schneider, en los números 383 a 386, que cierran la explicación de los abusos litúrgicos dentro del primer mandamiento. La respuesta de Schneider es tajante: las innovaciones en el culto católico, aunque no contengan ninguna falsedad objetiva, son reprensibles porque socavan la tradición constante de la Iglesia y vulneran los ritos sagrados.

Schneider se apoya en Santo Tomás, que en la Suma Teológica (II-II, q. 93, a. 1) recoge la sentencia atribuida a San Ambrosio: «indignus est qui aliter celebrat mysterium quam Christus tradidit», es indigno quien celebra el misterio de modo distinto a como Cristo lo entregó. El padre Zarraute lo tradujo a lenguaje llano: la liturgia no es para nosotros ni para el pueblo, es para Dios. El hombre no la inventa ni la crea; la recibe. Por eso se habla de Misa tradicional: es la Misa de todos los siglos, no la que un grupo de expertos compuso en un par de años.

Con la precisión que siempre hace: la misa nueva es válida y legítima, pero validez no es igualdad. Lo explicamos a fondo en el artículo sobre los obispos que consienten abusos litúrgicos, que corresponde a la clase anterior.

¿Es pecado no ir a una Misa con abusos litúrgicos?

¿Qué hace el fiel si la única Misa dominical a su alcance se ha convertido en un espectáculo con predicación contraria a la fe?

Lo primero, dice Schneider, es buscar otra, aunque cueste madrugar o hacer kilómetros. «Mirad el crucifijo», pidió el padre, «y decidme si Jesucristo no se merece ese esfuerzo».

Pero si de verdad no hay otra, Schneider distingue dos planos. El mandamiento divino es santificar las fiestas. La obligación concreta de oír Misa el domingo es ley eclesiástica, y por eso admite excusas y dispensas. El Catecismo, en el número 2181, lo reconoce: se excusa por «una razón seria (por ejemplo, enfermedad, el cuidado de niños pequeños)».

La conclusión de Schneider es que, si una Misa con abusos graves fuera la única opción, se debería santificar el domingo de otra manera: con oración, con la lectura de la Palabra de Dios. El número 2183 del Catecismo recomienda eso mismo cuando una causa grave impide la participación. Lo que no se puede hacer es poner la fe en peligro sometiéndose cada semana a una predicación herética.

Y añadió algo que muchos fieles no saben: las almas no son propiedad de la parroquia territorial. Nadie hace nada malo por ir a otra iglesia donde se celebra con fe y se predica la doctrina católica.

¿Quién fue el Pseudo Dionisio Areopagita?

La segunda sección cerró la catequesis de Benedicto XVI sobre Dionisio Areopagita, en la audiencia general del 14 de mayo de 2008. Es un teólogo del siglo VI, de nombre desconocido, que escribió con el seudónimo del ateniense convertido por San Pablo; por eso se le llama Pseudo Dionisio. El padre subrayó la desproporción: pocos le conocen, y sin embargo está detrás de casi toda la mística medieval.

Benedicto XVI define su teología como litúrgica, y deja una frase que el padre leyó despacio: «la liturgia no es algo construido por nosotros, algo inventado para hacer una experiencia religiosa». Para el padre, ahí está el pecado original de la reforma de 1969: una liturgia fabricada. Lo dijo antes el cardenal Ratzinger en su prefacio a la obra de mons. Klaus Gamber sobre la reforma de la liturgia romana, donde escribió que, en lugar de una liturgia fruto de un desarrollo continuo, se había introducido «una liturgia fabricada artificialmente», «un producto banal del momento».

El liturgista Louis Bouyer, que trabajó en la reforma, cuenta en sus memorias que la Plegaria Eucarística II se rehízo deprisa, una noche, en la mesa de una trattoria del Trastévere, junto con el benedictino Bernard Botte, porque había que entregarla a la mañana siguiente. Por eso Benedicto XVI, en Summorum Pontificum (2007), dejó escrito que el Misal de 1962 «nunca se ha abrogado».

¿Qué es la teología negativa o apofática?

Con Dionisio, explica Benedicto XVI, la palabra mística, que hasta entonces equivalía a sacramental, pasa a significar el camino del alma hacia Dios, la línea que culmina en Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Suya es también la teología apofática: «es más fácil decir lo que no es Dios, que expresar lo que es realmente». Pero que nuestro conocimiento de Dios sea limitado no significa que sea falso. Además Dios tiene rostro, Jesucristo: «quien me ha visto a mí ha visto al Padre» (Jn 14,9). En el siglo XIII lo redescubrió San Buenaventura, que aprendió de él que «el amor ve más que la razón».

¿Qué se ofrece en el ofertorio de la Misa tradicional?

La tercera sección fue la más dura. Partió de una distinción tomista: la Misa y el sacrificio de la Misa no son lo mismo. El sacrificio se realiza esencialmente en la doble consagración del pan y del vino; el ofertorio y la comunión del sacerdote no son de la esencia del sacrificio, pero sí de la integridad de la Misa. Y como la consagración es doble, el ofertorio también es doble: primero el pan, luego el vino. Ofrecer ambos a la vez es otro abuso.

Y pidió cuidar el vocabulario: llamar «Eucaristía» a la Misa es tomar la parte por el todo, porque eucaristía significa acción de gracias, que es solo uno de los cuatro fines de la Misa, junto a la adoración, la expiación y la impetración.

Y entonces leyó las dos oraciones del ofertorio tradicional. La del pan:

Suscipe, sancte Pater, omnipotens aeterne Deus, hanc immaculatam hostiam, quam ego indignus famulus tuus offero tibi Deo meo vivo et vero…

«Recibe, oh Padre santo, omnipotente y eterno Dios, esta hostia inmaculada que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a ti, mi Dios vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias, y por todos los circunstantes, y también por todos los fieles cristianos vivos y difuntos, para que a mí y a ellos nos aproveche para la salvación en la vida eterna. Amén.»

Y la del cáliz:

Offerimus tibi, Domine, calicem salutaris, tuam deprecantes clementiam…

«Te ofrecemos, Señor, el cáliz de salvación, implorando tu clemencia, para que suba con olor de suavidad a la presencia de tu divina majestad, por nuestra salvación y la de todo el mundo. Amén.»

Lo decisivo es qué se ofrece: ya antes de la consagración se habla de la «hostia inmaculada» y del «cáliz de salvación», es decir, de Cristo, la víctima del Calvario. Por eso Lutero, que negaba el carácter sacrificial de la Misa, atacó con tanta saña estas oraciones.

¿Qué cambió en el ofertorio de la misa nueva?

En el misal de 1969 estas dos oraciones desaparecieron. En su lugar entraron dos bendiciones construidas sobre el modelo de la berajá judía: «Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre…», y otra igual para el vino. Ya no se ofrece la víctima: se presenta pan y vino.

El padre Zarraute subrayó que ningún rito de la Iglesia, ni el romano, ni el hispano-mozárabe, ni el ambrosiano, ni los orientales, había tenido jamás algo así en el ofertorio. A su juicio se hizo para que la misa no resultara antipática a los protestantes, limando todo lo que era sacrificial. De ahí su imagen: una misa hecha a trozos, como el monstruo de Frankenstein.

Y la comparación que se queda: una sopa de sobre, «agua sucia con cuatro fideos», es comida, pero no está al nivel de la sopa de la abuela. La misa nueva es válida, pero no es igual. Quien quiera comprobarlo por sí mismo solo tiene que leer los dos ofertorios uno al lado del otro en un misal bilingüe de la Misa tradicional.

¿Qué fueron el acacianismo y el semiarrianismo?

La cuarta sección siguió Huir de la herejía, la guía de errores antiguos y modernos de mons. Schneider. Tocaban dos ramas del arrianismo del siglo IV, con nombres que asustan y un fondo muy simple: ninguna confiesa la plena divinidad de Cristo.

  • Acacianismo u homeísmo. Toma su nombre de Acacio de Cesarea. Decía que el Hijo es solo homoios, «semejante» al Padre, sin hablar de sustancia. Semejante a su padre es cualquier hijo; eso no le hace de la misma sustancia.
  • Semiarrianismo u homeusianismo. Decía que el Hijo es homoiousios, de sustancia «semejante», pero no homoousios, de la misma sustancia, como definió el Concilio de Nicea en el año 325 y confirmó el primer Concilio de Constantinopla en el 381.

El padre lo resumió así: una mujer está embarazada o no lo está, no «un poco». O Cristo es Dios o no lo es. Por eso los semiarrianos son tan herejes como los arrianos. Y más peligrosos: el arriano venía de frente, pero el semiarriano venía por la espalda, con un lenguaje casi ortodoxo. San Jerónimo lo dejó en una frase célebre: «gimió el orbe entero y se asombró de verse arriano». San Atanasio, el gran defensor de Nicea, pagó su fidelidad con cinco destierros.

El paralelo con hoy lo sacó el propio padre. El protestante se fue de la Iglesia y los campos quedaron claros; el modernista se queda dentro, usa el vocabulario católico y ataca por la espalda. Por eso lo considera la herejía que más estragos ha hecho en veinte siglos: la que condenó San Pío X en Pascendi (1907) y, en su forma renovada, Pío XII en Humani generis (1950). Lo desarrolla en su Historia de la Iglesia Católica. Volumen I.

¿Qué enseñaba el monje Joviniano?

La clase terminó con Joviniano, monje romano que murió a comienzos del siglo V y que el padre Zarraute presentó como «un adelantado del progresismo». Sostenía, entre otras cosas:

  • Que el ayuno y la penitencia no sirven de nada, cuando el centro de la fe es el sacrificio de Cristo. «Amor con amor se paga», replicó el padre.
  • Que la virginidad consagrada no es superior al matrimonio. No es que cada religioso sea más santo que cada casado, precisó el padre, sino que ese estado une objetivamente más a Cristo.
  • Que el bautizado ya no puede caer, lo que deja sin sentido la confesión y el ofrecimiento del sacrificio por los pecados. Es, dijo, lo que Pío XII llamó en frase que recoge Reconciliatio et paenitentia «la pérdida del sentido del pecado».
  • Y, como consecuencia lógica, negó la perpetua virginidad de María.

Fue condenado por el papa San Siricio en un sínodo romano y después por el sínodo de Milán presidido por San Ambrosio. San Jerónimo escribió contra él los dos libros Adversus Jovinianum, y San Agustín le respondió con De sancta virginitate.

Los libros para seguir estas clases

Preguntas frecuentes

¿Qué dice el ofertorio de la Misa tradicional?

Ofrece «esta hostia inmaculada» por los pecados del sacerdote y por todos los fieles vivos y difuntos, y «el cáliz de salvación» por todo el mundo. Ofrece ya a Cristo, la víctima del sacrificio.

¿Por qué se cambió el ofertorio en la misa de 1969?

Las oraciones tradicionales se sustituyeron por dos bendiciones inspiradas en la berajá judía. Según el padre Zarraute, para limar lo sacrificial y no resultar antipáticos a los protestantes.

¿Peco si no voy a Misa porque la única cercana tiene abusos graves?

Primero hay que buscar otra aunque cueste. Si no la hay y la celebración pone en peligro la fe, mons. Schneider enseña que se santifique el domingo con oración y lectura de la Escritura, porque la obligación de oír Misa es ley eclesiástica.

¿Puedo ir a Misa a una parroquia que no es la mía?

Sí. Las almas no son propiedad de la parroquia territorial; se puede ir donde se celebra con fe y se predica la doctrina católica.

¿Qué diferencia hay entre arrianismo y semiarrianismo?

El arriano niega abiertamente que Cristo sea Dios. El semiarriano lo hace de sustancia semejante a la del Padre, no de la misma, como definió Nicea: igual de herético y más difícil de detectar.

¿Quién fue el Pseudo Dionisio Areopagita?

Un teólogo del siglo VI, de nombre desconocido, que escribió con el seudónimo del discípulo ateniense de San Pablo. Benedicto XVI destaca su teología litúrgica y mística y su influencia medieval.

Fuentes

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