¿Se ha modificado la Biblia a lo largo de los siglos?
Por Marcos Vera Pérez«La Biblia ha sido modificada mil veces.» «No es el mismo texto que escribieron los apóstoles.» «Los monjes cambiaron lo que les convino.» La objeción llega por tres vías distintas —la apologética musulmana, la atea y la de los documentales de sobremesa— y siempre da por supuesto lo mismo: que la Iglesia esconde el asunto.
La realidad es la contraria. Existe una ciencia entera dedicada a estudiar esas variantes, se llama crítica textual, se enseña en los seminarios y ocupa un apartado completo de la Introducción a la Sagrada Escritura del P. Gabriel Calvo Zarraute. La respuesta católica no es negar que haya variantes: es explicar cuáles son, por qué se produjeron y cómo se resuelven.
Y la conclusión de esa ciencia, dicha con las palabras del libro, es esta: el texto bíblico que ha llegado hasta nosotros corresponde sustancialmente a los textos originales.

El libro de este artículo
Introducción a la Sagrada Escritura (PREVENTA)
Ver el libro · Libro de bolsillo · €25,00
También en ebook por €9,99, con descarga inmediata
Primero, un dato que sorprende: los originales no existen
No se conserva ni un solo autógrafo. Ninguno. Desaparecieron poco después de escribirse, y el motivo es prosaico: el papiro se deteriora.
Lo que tenemos son copias, y las más antiguas son de los siglos II-I antes de Cristo: el papiro de Nash —llamado así por su descubridor, W. L. Nash—, que contiene parte del Decálogo junto con la oración shemá, y la documentación de Qumrán. Se conservaron por el clima seco y árido de los lugares donde aparecieron, y porque los escribas antiguos las transcribían una y otra vez para poder seguir usándolas.
Conviene asumirlo sin dramatismo: así ocurre con toda la literatura antigua. Tampoco tenemos el manuscrito original de Platón.
¿Qué clase de cambios aparecen realmente?
Aquí es donde la objeción se desinfla, porque al poner nombre a las alteraciones se ve de qué tamaño son. El libro las reduce a cuatro tipos, y da ejemplos concretos.
Omisiones. Desde una letra hasta una frase entera. En Mateo 10,37 algunos códices se saltan «el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí», porque el copista saltó de un áxios —«digno»— al siguiente. Es un error de vista, no una conspiración.
Añadidos. El caso clásico es el llamado coma joánico, ese «son tres los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo» de 1 Juan 5,7. Quizá fue en origen una glosa al margen para explicar alegóricamente el versículo siguiente, y con el tiempo se deslizó dentro del texto.

El libro de este artículo
Introducción a la Sagrada Escritura (PREVENTA)
Ver el libro · Libro de bolsillo · €25,00
También en ebook por €9,99, con descarga inmediata
Trasposición de letras, o metátesis, por parecido de caracteres. En Romanos 6,5, en los papiros griegos escritos en letras unciales, «ALLA» se confunde con «AMA».
Inversión, o cambio de orden. Es relativamente frecuente encontrar «Cristo Jesús» donde debía decir «Jesús Cristo».
Mírelas otra vez. Ninguna de las cuatro cambia una doctrina. Son las erratas de un mundo sin imprenta.
¿Por qué se produjeron?
El libro distingue con claridad las involuntarias de las voluntarias, y esa distinción es la que suele faltar en la discusión.
Las involuntarias nacen de tres sitios: la vista —por cansancio o mala visión se lee algo distinto de lo escrito—, el oído —el copista escribe al dictado y no entiende bien— y la memoria —conoce el texto casi de memoria y completa involuntariamente con un pasaje paralelo—.
Las voluntarias existen, y el libro no las esconde. Responden a motivos literarios —correcciones de ortografía, gramática o estilo—, de armonía —poner de acuerdo dos textos paralelos, o una cita del Nuevo Testamento con su fuente—, y exegéticos o dogmáticos, con finalidad explicativa o para suprimir una dificultad.
Que existan correcciones voluntarias no significa que el texto esté falsificado. Significa que hubo copistas que quisieron aclarar lo que les parecía oscuro. Y significa, sobre todo, que sabemos cuáles son: si no lo supiéramos, no estarían catalogadas.
Cómo se decide cuál es la lectura buena
La crítica textual se divide en dos, y funciona como un tribunal.
La crítica externa recoge los testimonios a favor de cada variante: cuántos manuscritos la apoyan y de qué antigüedad son. Con dos cautelas que el libro subraya. La primera es un adagio latino que lo resume: codices ponderandi, non numerandi, los códices se pesan, no se cuentan: importa más la calidad que la cantidad. La segunda es que la antigüedad tiene sus límites, porque un manuscrito reciente puede ser copia fiel de uno antiquísimo ya desaparecido.
Cuando eso no basta, entra la crítica interna, con cuatro normas:
- La regla de oro: es genuina la lectura a partir de la cual se puede explicar el origen de todas las demás.
- La lectura más difícil se prefiere a la más fácil, porque la tendencia del copista es aclarar lo que le parece oscuro, no complicarlo.
- La más breve se prefiere a la más larga, porque el copista tiende más a completar y armonizar que a omitir.
- Una lectura que no concuerda con los textos paralelos merece preferencia, por la misma razón: nadie introduce una discordancia a propósito.
Fíjese en la lógica de las dos reglas centrales. Están construidas en contra del interés del copista: se prefiere lo difícil y lo corto precisamente porque lo que un hombre tiende a hacer es facilitar y alargar. Es un método diseñado para atrapar la manipulación, no para taparla. Un texto reconstruido con estas normas se llama texto crítico.
Y en el Antiguo Testamento, ¿qué hay?
Más material comparativo del que la gente imagina. El texto hebreo actual —el Texto Masorético— se coteja con la versión griega de los Setenta, con el Pentateuco samaritano, con los manuscritos de Qumrán y con los fragmentos de la Geniza de El Cairo, además de con los pasajes paralelos dentro del propio texto hebreo.
El libro señala además que la mayor parte de las alteraciones constatables se produjeron en el período de fluctuación, desde los orígenes hasta finales del siglo I después de Cristo. Después, el texto se estabiliza.
Lo que hay que retener
Que existan variantes es un hecho, y la Iglesia lo enseña en sus manuales. Que esas variantes hayan cambiado el contenido de la fe es otra cosa, y es falsa. Están catalogadas, tienen nombre, se sabe de qué siglo es cada una y existe un método público para resolverlas.
Quien diga «la Biblia ha sido modificada» y no sepa decir qué variante, en qué manuscrito y de qué tipo, no está haciendo una objeción: está repitiendo un eslogan.
De dónde sale esto
De la clase 6 de Introducción a la Sagrada Escritura. Fundamentos teológicos para una comprensión católica de la Biblia, del P. Gabriel Calvo Zarraute: el texto bíblico, las versiones y la crítica textual.
512 páginas en doce clases, con cinco documentos del Magisterio íntegros al final. En preventa: 200 ejemplares a 25,00 € en lugar de 30,00 €, envío previsto el 5 de octubre.
Preguntas frecuentes
¿Se conserva algún original de la Biblia?
No. Los autógrafos desaparecieron poco después de escribirse porque el papiro se deteriora. Las copias más antiguas son de los siglos II-I a.C.: el papiro de Nash y los manuscritos de Qumrán.
¿Cuántas variantes hay y son importantes?
Se reducen a cuatro tipos —omisiones, añadidos, trasposiciones e inversiones— y ninguna altera el contenido de la fe. El libro afirma que el texto llegado hasta nosotros corresponde sustancialmente a los originales.
¿Hubo cambios hechos a propósito?
Los hubo, y están catalogados: correcciones de estilo, armonizaciones entre pasajes paralelos y retoques explicativos. Que estén identificados y se estudien en los manuales es la prueba de que no se ocultan.
¿Qué es el coma joánico?
Un añadido en 1 Juan 5,7 sobre los tres que dan testimonio en el cielo. Probablemente fue en origen una glosa al margen que acabó deslizándose dentro del texto.
¿Qué es la crítica textual?
La ciencia que restablece el texto primitivo allí donde ha sido alterado: examina todas las variantes de las copias, delimita sus causas y aplica criterios externos e internos. Su resultado se llama texto crítico.
¿Cómo se sabe cuál es la lectura correcta?
Por la calidad y antigüedad de los manuscritos —«los códices se pesan, no se cuentan»— y por cuatro reglas internas, entre ellas la de oro: es genuina la lectura que explica el origen de las demás.
Fuentes
- P. Gabriel Calvo Zarraute, Introducción a la Sagrada Escritura, Páginas Contrarrevolucionarias, 2026, clase 6: el texto bíblico, las versiones y la crítica textual.
- Pío XII, Divino afflante Spiritu (1943), sobre el recurso a los textos originales.
- León XIII, Providentissimus Deus (1893).
- Concilio Vaticano II, Dei Verbum (1965), n. 22, sobre las versiones de la Escritura.
Seguir leyendo
- El método histórico-crítico: qué es, qué aporta y dónde se pasa de la raya
- Qué es la Septuaginta y por qué importa a los católicos
- Cómo leer la Biblia: todo lo que hemos publicado
- Qué es la Vulgata
- ¿Quién escribió la Biblia?
- ¿Cuántos libros tiene la Biblia?
- Qué Biblia católica comprar
- El secreto para leer bien la Biblia, según el padre Gabriel Calvo Zarraute
- Todos nuestros libros católicos