Ordinario y propio de la Misa: qué son y en qué se diferencian
Por Marcos Vera PérezHay dos palabras que aparecen en cuanto uno se acerca a la Misa tradicional y que nadie se molesta en explicar: ordinario y propio. No son tecnicismos de erudito. Entenderlas es lo que separa a quien sigue la Misa con soltura de quien pasa media hora buscando la página, y además es lo que decide qué misal tiene que comprar.
La Misa tiene textos fijos y textos que cambian
La Misa romana está construida sobre dos capas que se entrelazan.
El ordinario es todo lo que se dice igual el 1 de enero y el 15 de agosto: las oraciones al pie del altar, el Kyrie, el Gloria, el Credo, las oraciones del Ofertorio, el Canon entero con la Consagración, el Pater Noster, el Agnus Dei, las fórmulas de la comunión y el último Evangelio. Es la estructura, el armazón de la Misa.
El propio es lo que cambia según la fiesta que se celebre ese día: el Introito, la Colecta, la Epístola, el Gradual, el Evangelio, el Ofertorio cantado, la Secreta, la Antífona de comunión y la Poscomunión. Es lo que hace que la Misa del domingo de Pentecostés no suene igual que la del martes de la segunda semana de Cuaresma.
Los dos se alternan continuamente. La Misa no es primero el ordinario y luego el propio: van engarzados, una pieza fija, una pieza variable, otra fija.
Cuánto pesa cada uno
Aquí está el dato que casi nunca se dice y que lo cambia todo para el principiante: el ordinario es, con diferencia, la mayor parte de lo que se oye. El Canon solo —que es invariable— ocupa el bloque central de la Misa. Sumado al resto de las partes fijas, el ordinario se lleva la inmensa mayoría del texto de una Misa rezada.
El propio, en cambio, son unos pocos minutos repartidos: la antífona de entrada, una oración, dos lecturas, un par de versículos cantados y tres oraciones breves.
De ahí se sigue una conclusión muy práctica. Quien tiene el ordinario delante, en latín y castellano, sigue la Misa entera de principio a fin y solo le faltan esos minutos de textos variables, que en muchas capillas se anuncian antes o se leen también en lengua vulgar.
Por qué esta distinción existe
No es un capricho de organización. Responde a dos cosas que la Iglesia quiso sostener a la vez.
La primera es la identidad del sacrificio. La Misa es siempre el mismo sacrificio del Calvario, y por eso su núcleo no puede estar a merced del calendario ni del gusto del celebrante. El Canon es intocable precisamente porque lo que se hace en él es siempre lo mismo.
La segunda es la memoria de la Iglesia. El año litúrgico enseña: el Adviento no es la Cuaresma, y el martirio de un obispo del siglo III no se celebra con los mismos textos que la Asunción. El propio es el modo que tiene la liturgia de recorrer cada año entera la historia de la salvación y el santoral.
Fijeza en lo esencial y variedad en lo accidental. Esa es toda la lógica.
Y por eso hay dos tipos de misal
La distinción se traslada directamente al libro que uno se lleva al banco.
El misal diario completo lleva el ordinario y todos los propios del año: mil quinientas páginas en papel biblia, cinco o seis cintas de registro, y la necesidad de combinar tres secciones distintas cada domingo.
El ordinario de mano lleva solo las partes fijas. Cabe en el bolsillo, no hay que saltar de sección en sección y sirve para todas las Misas del año sin excepción, porque lo que contiene no cambia nunca.
Lo sensato, cuando uno empieza, es el segundo. El misal grande es un libro espléndido para quien ya se mueve con soltura y quiere rezar los propios durante la semana; para el recién llegado es una carga que le impide hacer justamente lo que ha venido a hacer. Lo desarrollamos en qué misal comprar para la Misa tradicional.
Un aviso sobre el vocabulario
Conviene no confundir «ordinario» con dos cosas que se le parecen. El Ordo es el calendario anual que indica qué Misa toca cada día. Y el Ordinario, con mayúscula, designa también al obispo de una diócesis. Nada que ver: aquí hablamos del conjunto de textos fijos de la Misa, que es el sentido litúrgico de la palabra.
Nuestro Ordinario sencillo de la Santa Misa es exactamente eso: el ordinario completo en latín y castellano a doble columna, con las rúbricas en rojo y una guía inicial de colores y gestos. Y si quieres ver cómo encajan las piezas fijas y variables mientras transcurre la Misa, lo tienes desarrollado en cómo seguir la Misa tradicional en latín, paso a paso y en las partes de la Misa tradicional, una por una.
Las cinco piezas cantadas del ordinario
Cuando la Misa es cantada, hay cinco textos del ordinario que se cantan siempre y que son los que han recibido música durante mil años. Son los que aparecen en cualquier partitura que lleve por título «Misa de…», y conviene reconocerlos de oído:
- Kyrie eleison: la única pieza que se conserva en griego en toda la Misa romana. Nueve invocaciones, tres a cada Persona de la Trinidad.
- Gloria in excelsis Deo: el himno angélico de Belén, ampliado por la Iglesia. No se dice en Adviento ni en Cuaresma, ni en las Misas de difuntos.
- Credo: el símbolo niceno-constantinopolitano, el mismo que se profesó en el 325 y en el 381. Se dice los domingos y en las fiestas mayores.
- Sanctus y Benedictus: el canto de los serafines de Isaías 6 unido al saludo del domingo de Ramos. Cierra el Prefacio y abre el Canon.
- Agnus Dei: la triple invocación al Cordero, tomada del testimonio del Bautista en Juan 1, 29.
Que estas cinco piezas no cambien nunca es lo que ha permitido que exista un repertorio musical entero, del canto gregoriano a la polifonía, aplicable a cualquier Misa del año. Si el texto variara cada domingo, esa tradición no habría podido nacer.
Las piezas del propio, una por una
El propio tiene también su orden fijo, aunque su contenido cambie. Son nueve piezas repartidas por toda la Misa:
- Introito: la antífona de entrada, casi siempre un versículo de salmo. Da el tono de la fiesta y con frecuencia le da el nombre: el domingo Gaudete y el domingo Laetare se llaman así por su introito.
- Colecta: la oración con que el sacerdote «recoge» la petición de todos. Es el texto que mejor resume la teología del día.
- Epístola: la lectura del Antiguo Testamento o de las cartas apostólicas.
- Gradual y Aleluya —o Tracto en Cuaresma, cuando el Aleluya calla—: los cantos entre las dos lecturas.
- Evangelio: se escucha de pie, y en la Misa solemne con incienso y ciriales.
- Ofertorio: la antífona que acompaña la presentación del pan y del vino.
- Secreta: la oración sobre las ofrendas, rezada en voz baja, de donde le viene el nombre.
- Antífona de comunión y Poscomunión: el canto durante la comunión y la oración final de acción de gracias.
Nueve piezas breves. Ésa es toda la parte variable de la Misa, y por eso quien lleva solo el ordinario no se pierde nada esencial del hilo.
De dónde sale el propio de cada día: temporal y santoral
Los propios están agrupados en dos ciclos que corren en paralelo a lo largo del año y que en el misal ocupan secciones distintas.
El temporal sigue los misterios de Cristo: Adviento, Navidad, Septuagésima, Cuaresma, Pasión, Pascua, Pentecostés y los domingos después de Pentecostés. Es el ciclo que manda, y su propio se recorre entero cada año.
El santoral sigue el calendario de los santos, fecha por fecha. Algunos tienen Misa entera y propia; la mayoría toman sus textos de los llamados comunes —común de mártires, de confesores pontífices, de vírgenes—, que son propios genéricos aplicables a cualquier santo de esa categoría.
Cuando una fiesta del santoral cae en domingo o en un día privilegiado, hay reglas de precedencia que deciden cuál se celebra y cuál se conmemora. Ésas reglas están en el Ordo, y son la razón por la que un misal completo obliga a manejar tres o cuatro secciones a la vez.
Cómo se arma la Misa del día en el misal
De ahí las cintas de registro. En un misal diario, la Misa de un domingo cualquiera se compone así:
Primera cinta en el propio del tiempo, donde están el introito, la colecta, las lecturas y el resto de piezas variables. Segunda cinta en el ordinario, donde están el Canon y todo lo fijo. Tercera cinta en el prefacio que corresponda al tiempo litúrgico. Y una cuarta, si hay conmemoración de un santo, en el santoral o en el común.
Ir y venir entre esas cuatro páginas mientras la Misa avanza es lo que desanima al recién llegado. De ahí la recomendación de empezar por el ordinario solo y añadir el propio cuando el oído ya reconozca por dónde va la celebración.
Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente el ordinario de la Misa?
El conjunto de textos que no cambian nunca: oraciones al pie del altar, Kyrie, Gloria, Credo, Ofertorio, Canon con la Consagración, Pater Noster, Agnus Dei, comunión y último Evangelio.
¿Y el propio?
Lo que varía según la fiesta del día: Introito, Colecta, Epístola, Gradual, Evangelio, Ofertorio cantado, Secreta, Antífona de comunión y Poscomunión.
¿Me basta con el ordinario para seguir la Misa?
Para empezar, sí. Es la mayor parte de lo que se oye, y sirve para todas las Misas del año sin excepción, porque su texto no cambia nunca.
¿Qué es el Ordo?
Otra cosa: el calendario anual que indica qué Misa corresponde a cada día. No confundirlo con el ordinario, que es el conjunto de textos fijos.
¿Por qué existe esta división?
Para sostener dos cosas a la vez: la identidad del sacrificio, que no puede depender del calendario, y la memoria de la Iglesia, que recorre cada año entera la historia de la salvación y el santoral.
¿Cuáles son las cinco partes cantadas del ordinario?
Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus con el Benedictus y Agnus Dei. Son las que han recibido música durante mil años y las que aparecen en cualquier partitura titulada «Misa de...». Que su texto no cambie nunca es lo que ha permitido que exista un repertorio entero aplicable a cualquier Misa del año.
¿Qué diferencia hay entre el temporal y el santoral?
El temporal sigue los misterios de Cristo a lo largo del año —Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, Pentecostés y los domingos siguientes— y es el ciclo que manda. El santoral sigue el calendario de los santos fecha por fecha; la mayoría toman sus textos de los comunes, que son propios genéricos por categorías.
¿Para qué sirven las cintas del misal?
Para armar la Misa del día, que se reparte por varias secciones: una cinta en el propio del tiempo, otra en el ordinario donde está el Canon, otra en el prefacio que corresponda y una cuarta en el santoral o en el común si hay conmemoración de un santo.
Fuentes
- San Pío V, bula Quo primum tempore, 14 de julio de 1570 (texto).
- Pío XII, encíclica Mediator Dei, 20 de noviembre de 1947 (vatican.va).
- Benedicto XVI, motu proprio Summorum Pontificum, 7 de julio de 2007 (vatican.va).
- San Pío V, bula Quo primum tempore (14 de julio de 1570).
- Pío XII, encíclica Mediator Dei (20 de noviembre de 1947), sobre la sagrada liturgia.
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