Cómo seguir la Misa tradicional en latín, paso a paso

Cómo seguir la Misa tradicional en latín, paso a paso

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La primera vez que uno entra en una Misa tradicional en latín suele quedarse quieto en la última fila, mirando lo que hacen los demás e intentando adivinar cuándo toca arrodillarse. El sacerdote habla de espaldas, en voz baja, en una lengua que no se entiende, y durante unos minutos parece que no ocurre nada. Es una sensación normal y se pasa en tres o cuatro domingos. Esta guía es para que se pase en uno.

Lo primero: no intentes entenderlo todo el primer día

La Misa tradicional no está pensada para seguirse como se sigue una conferencia, palabra por palabra. Es un sacrificio que el sacerdote ofrece a Dios, y el fiel se une a él. Eso significa que hay partes que el sacerdote reza en silencio, para Dios y no para el público, y que no pasa absolutamente nada si tú no las estás leyendo en ese momento.

La regla práctica es esta: aprende a reconocer siete u ocho momentos clave y deja que el resto se vaya colocando solo. Al tercer domingo los reconocerás sin mirar el libro.

Lo único que necesitas llevar

Un misal de mano bilingüe. Nada más. Es un libro pequeño que tiene el latín en una columna y el castellano enfrente, de modo que oyes una cosa y lees su traducción al lado. Sin él, la primera Misa es un ejercicio de paciencia; con él, se entiende todo desde el primer minuto.

No hace falta el misal grande de mil páginas: para empezar basta con el ordinario, que es la parte que se repite en todas las Misas del año. Lo explicamos entero más abajo.

La Misa tiene dos mitades

Saber esto ordena todo lo demás.

La Misa de los catecúmenos es la primera mitad. Se llama así porque en la Iglesia antigua los que aún no estaban bautizados podían asistir a ella y se marchaban al terminar. Va desde las oraciones al pie del altar hasta el Credo, y en ella se reza, se pide perdón, se lee la Epístola y el Evangelio y se predica.

La Misa de los fieles es la segunda, y es el sacrificio propiamente dicho. Empieza en el Ofertorio y llega hasta la comunión. Aquí es donde el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Los momentos que hay que saber reconocer

1. Las oraciones al pie del altar. El sacerdote no sube directamente. Se queda abajo, en el primer escalón, y reza con el acólito el salmo Judica me y el Confíteor, el «yo pecador». Es una preparación: nadie sube al altar sin reconocerse pecador primero.

2. El Introito, el Kyrie y el Gloria. El sacerdote sube ya al altar, lee la antífona de entrada propia del día y se rezan el Kyrie eleison —que es lo único que queda en griego en toda la Misa— y el Gloria in excelsis Deo. El Gloria no se dice en Adviento ni en Cuaresma.

3. La Epístola y el Evangelio. Las lecturas. El sacerdote las lee en el altar; si hay homilía, viene después del Evangelio, y esa sí es en castellano.

4. El Ofertorio. El sacerdote presenta a Dios el pan y el vino que van a ser consagrados. Aquí empieza la segunda mitad.

5. El Prefacio y el Sanctus. El diálogo cantado o rezado que empieza con Sursum corda, «levantemos el corazón», y desemboca en el Sanctus, Sanctus, Sanctus. Al terminar el Sanctus suena la campanilla: es el aviso de que viene lo más importante.

6. El Canon y la Consagración. El sacerdote baja la voz hasta el silencio total. No se le oye. Y en mitad de ese silencio pronuncia las palabras de Cristo sobre el pan y sobre el cáliz, se arrodilla, eleva la Hostia, vuelve a arrodillarse, y lo mismo con el cáliz. La campanilla suena tres veces en cada elevación. Si solo vas a estar atento en un momento de toda la Misa, que sea este. Ahí está Dios sobre el altar.

7. El Pater Noster, el Agnus Dei y la comunión. El Padrenuestro lo canta o reza el sacerdote solo; el pueblo contesta únicamente al final, sed libera nos a malo. Después, el Agnus Dei, las tres veces del Domine, non sum dignus y la comunión.

8. El último Evangelio. Terminada la bendición, el sacerdote no se va: vuelve al lado izquierdo del altar y lee el prólogo de san Juan, «En el principio existía el Verbo». Es el final de la Misa rezada tradicional, y el momento en que todos se arrodillan al oír Et Verbum caro factum est.

Las posturas: de pie, de rodillas, sentado

En la Misa rezada la costumbre española más extendida es sencilla: de rodillas desde el principio hasta el Introito, de pie para el Evangelio, sentado durante la homilía y buena parte del Ofertorio, y de rodillas otra vez desde el Sanctus hasta después de la comunión. En la Misa cantada hay más momentos de pie.

Un consejo que vale más que cualquier lista: mira lo que hace la gente de la fila de delante y hazlo. Las costumbres varían de una capilla a otra y nadie se escandaliza de un recién llegado que va medio segundo tarde.

Por qué el sacerdote está de espaldas y reza en silencio

No está de espaldas al pueblo: está de cara a Dios, y el pueblo detrás de él, mirando en la misma dirección. El sacerdote no preside una asamblea vuelto hacia ella, sino que encabeza a un pueblo que se dirige al altar. Se llama celebrar ad orientem, hacia el oriente, y es la postura de la Iglesia desde los primeros siglos.

Y reza en silencio el Canon por la misma razón por la que el sumo sacerdote entraba solo en el Sanctasanctórum: hay palabras que no son un anuncio al público, sino un acto sagrado dirigido a Dios. El silencio no te deja fuera. Te mete dentro.

La comunión

Se recibe de rodillas y en la boca, en el comulgatorio. No se contesta «amén»: el sacerdote ya lo dice él, porque la fórmula es una bendición completa —Corpus Dómini nostri Iesu Christi custódiat ánimam tuam in vitam ætérnam. Amen—. Tú solo tienes que arrodillarte, levantar la cabeza y abrir la boca.

Y el ayuno: la norma tradicional pide tres horas de ayuno eucarístico antes de comulgar, y hay quien guarda el ayuno desde medianoche. Si vas a comulgar, infórmate en tu capilla.

Qué hacer si te pierdes

Te vas a perder. Todos nos hemos perdido. Cuando ocurra, cierra el misal, levanta la vista y mira el altar. La Misa no depende de que tú vayas por la página correcta; el sacrificio se ofrece igual. Vuelve a engancharte en el siguiente momento que reconozcas —la campanilla te avisará— y sigue.

Ese es, por cierto, el motivo de que convenga un misal pequeño y no uno enorme: el que cabe en la mano se maneja de pie, se cierra sin ruido y no te obliga a hacer malabares.

Si quieres llegar preparado al primer domingo, lo más útil es saber qué misal comprar para la Misa tradicional antes de ir, y no después. En nuestro Ordinario sencillo de la Santa Misa están el latín y el castellano enfrentados, las rúbricas en rojo y una página de guía que explica qué significa cada color: es exactamente el libro que hace falta la primera vez.

Todos nuestros artículos sobre la Misa de siempre están reunidos en la sección de la Misa tradicional.

Preguntas frecuentes

¿Puedo ir aunque no entienda latín?

Sí, y es lo que hace todo el mundo el primer día. Con un misal bilingüe en la mano lees en castellano lo que estás oyendo en latín, palabra por palabra. Al cabo de unos domingos dejarás de traducir y sencillamente entenderás.

¿Hay que vestir de alguna manera concreta?

Con decencia y sin llamar la atención, como en cualquier iglesia. Muchas mujeres cubren su cabeza con velo o mantilla: es costumbre tradicional y está muy extendida donde se celebra la Misa de siempre, pero nadie está obligado.

¿Vale para cumplir el precepto dominical?

Sí. Es la Misa del rito romano y cumple el precepto igual que cualquier otra.

¿Puedo comulgar si vengo de una parroquia normal?

Sí, en las mismas condiciones de siempre: en gracia de Dios y guardando el ayuno eucarístico. Lo único que cambia es la forma: de rodillas en el comulgatorio y en la boca, y sin responder «amén», porque la fórmula la dice entera el sacerdote.

¿Cuánto dura?

Una Misa rezada, entre cuarenta y cinco minutos y una hora. Una Misa cantada o solemne, bastante más.

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Fuentes

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