Cómo dijo Cristo la primera Misa: la Última Cena fue una Pascua judía
Por Marcos Vera PérezLa noche del Jueves Santo no ocurrió nada improvisado. Cristo no reunió a los suyos para una cena de despedida y, al hilo de la conversación, se le ocurrió instituir la Eucaristía. Se celebraba la fiesta más reglamentada del calendario hebreo, con un ritual fijado por la Ley, por la costumbre y por la jurisprudencia rabínica: la Pascua. Y es dentro de ese ritual donde Cristo pronuncia las palabras que fundan la Misa.
Esto no es curiosidad de anticuario: quien entiende qué se hacía en una Pascua judía del siglo I entiende por qué el pan del altar es ácimo y por qué se mezcla agua con el vino. La Misa no cayó del cielo con forma de Misa: Cristo la dijo dentro de un rito que sus apóstoles conocían de memoria.
¿La Última Cena fue realmente una Pascua judía?
Los tres primeros Evangelios lo dan por supuesto: Cristo manda preparar la Pascua y la come con los Doce. San Juan, en cambio, parece situar la muerte del Señor en el momento en que se inmolaban los corderos, lo que retrasaría la Pascua oficial un día.
Adrian Fortescue aborda el problema de frente: «Se discute, por supuesto, si la Última Cena fue la cena pascual (14 de Nisán). Los Evangelios sinópticos parecen decir que lo fue; el cuarto Evangelio parece dar a entender que no». Y añade su juicio: «Es una cuestión larga. A mí, Mt. xxvi, 17; Mc. xiv, 12; Lc. xxii, 7-8 me parecen hacer cierto que lo fue». La Iglesia latina, apunta, supone que lo fue, y por eso usa pan ácimo.
La cuestión, por tanto, no está cerrada, y quien le venda una certeza absoluta va más lejos que las fuentes. Lo seguro, y es lo que aquí importa, es que el rito que Cristo siguió aquella noche fue el rito pascual.
El cordero no se mataba en casa: se mataba en el Templo
La Pascua no era una comida doméstica con un cordero comprado en el mercado. Era un sacrificio público, ofrecido en el atrio del Templo por sacerdotes, y comido después en la ciudad.
Meagher recoge la descripción del tratado Pesajim. El pueblo entraba en tres tandas. Cuando la primera llenaba el atrio se cerraban las puertas y el cuerno sonaba tres veces: tekiá, un toque largo; teruá, una sucesión de toques cortos; tekiá, otro largo. Los sacerdotes formaban dos filas, cada uno con un cáliz: una fila de oro, la otra de plata, sin mezclarlos, y sin pie, para que nadie pudiera posarlos y la sangre no se coagulase.
El israelita degollaba su cordero; el sacerdote recogía la sangre y pasaba el cáliz lleno al siguiente, recibiendo a cambio uno vacío, hasta el que estaba junto al altar, que la derramaba de un solo chorro en la base. Mientras tanto cada tanda recitaba el Hallel.
La tarde del Jueves Santo, por tanto, el Señor y los apóstoles estuvieron en el Templo, en medio de ese torrente de sangre y de salmos, antes de subir al Cenáculo. Aquel sistema sacrificial lo hemos explicado en el Templo de Jerusalén y sus sacrificios.
Cómo se «crucificaba» el cordero pascual
La Misná prescribe el modo de asarlo: un asador de madera de granado, introducido por la boca y sacado por la parte posterior. Quedan prohibidos expresamente el asador de hierro y la parrilla.
A ese palo se le cruzaba otro de la misma madera, que atravesaba los tendones de las patas delanteras y abría el pecho del animal para que se asase mejor. La operación se llamaba «crucificar el cordero», y este se asaba descansando entero sobre su cruz. No podía quebrársele un hueso.
Meagher observa que los rabinos omitieron el detalle del palo transversal y que son san Justino y los primeros Padres quienes lo describen. Conviene decirlo tal cual: el asador de granado está en la Misná; la forma de cruz nos llega por vía cristiana antigua, no rabínica.
Qué se sabe del Cenáculo y qué es reconstrucción
Meagher visitó el edificio que la tradición señala y lo describe: una sala de unos quince metros por nueve, con dos pilares cuadrados que sostienen la bóveda y, al este, un ábside que en tiempos de Cristo formaba el bemá, el presbiterio de la sinagoga. Lo demás que cuenta de la casa es conjetura suya.
Él mismo lo advierte con honradez. Al abrir esa parte de su libro escribe que, salvo los Evangelios, «no se ha registrado ningún detalle», y que teje su relato con escritos hebreos, servicios del Templo y de la sinagoga y obras de los Padres: «No sostenemos que sean absolutamente exactos, sino que son lo más cercanos a la verdad que es posible tras el paso de los siglos».
Las cuatro copas de vino que la Pascua obliga a beber
La Misná es terminante: nadie debe tener menos de cuatro copas de vino, «aunque haya que dárselas de los fondos de caridad de los más pobres».
Y precisa algo que explica una rúbrica de la Misa: «Cada copa debe contener vino que, mezclado con tres partes de agua, resulte buen vino». Meagher comenta que beber cuatro copas puras era a veces demasiado y que de ahí procede la costumbre de mezclar vino y agua. Cuando el subdiácono echa unas gotas en el cáliz repite un gesto que en el Cenáculo era simple observancia de la Ley.
Entre copa y copa iba el resto del rito: las hierbas amargas mojadas en el jaroset —manzanas, nueces, almendras y especias con vinagre, espeso en memoria del mortero de Egipto—, y la pregunta del más joven: «¿Cuál es la razón de estas ceremonias?».
Los tres panes ácimos y el que se escondía
Sobre la mesa había tres tortas de pan sin levadura. La tercera, la que Cristo consagró según Meagher, se llamaba afikomán, que él traduce «el maná celestial»: recuerdo del alimento con que Dios sostuvo a los padres en el desierto. Los rabinos enseñaban que, así como Moisés hizo bajar el maná, el Mesías lo haría descender de nuevo.
El rito manda partir ese pan en dos y esconder una mitad hasta el final de la cena. Meagher vio en Jerusalén cómo el dueño de la casa cubría el plato con una servilleta.
De ahí deduce —y es deducción expresa suya: escribe «concluimos» y «suponemos»— que Cristo escondió el afikomán sobre la patena y lo puso sobre los hombros de san Juan, el más joven, que lo sostuvo ante sus ojos hasta después de la consagración; con eso quiere explicar por qué el subdiácono sostiene hoy la patena delante del rostro en la Misa solemne. Es hipótesis bien construida, no hecho documentado.
«Esto es mi Cuerpo»: en qué momento del rito
Aquí las fuentes no coinciden del todo, y hay que decirlo. Meagher coloca la consagración del pan al descubrirse el afikomán escondido, y pone ante el Señor la cuarta copa, el cos ha-berajá o «copa de bendición».
Fortescue, resumiendo a los liturgistas alemanes Bickell y Probst, propone otro orden: la cena propiamente dicha terminaba con la tercera copa, sobre la que se decía la acción de gracias después de comer, y ahí sitúan la institución de la Eucaristía, conforme al «después de haber cenado» de san Lucas y de san Pablo. Luego se mezclaba la cuarta copa, se lavaban las manos y se cantaba la segunda parte del Hallel.
Lo común a ambas reconstrucciones, y lo que sí está en el Evangelio, es el gesto: el dueño de la casa toma el pan, bendice, parte y reparte; toma después el cáliz, da gracias, bebe él primero y lo hace circular. Meagher subraya que el Señor «no rompió ningún rito ni ninguna ordenanza antigua».
Por qué la Misa se dice con pan ácimo
De aquella noche queda una consecuencia disciplinar que dura hasta hoy. El Salvador celebró la Pascua «el primer día de los ácimos», cuando la Ley obligaba a no tener ni probar nada fermentado en casa; por tanto, razona Gihr, «se admite generalmente que Cristo consagró pan ácimo».
Y aunque las palabras del Señor no fueran orden formal de consagrar pan sin levadura, Gihr concluye que en materia tan grave no debe apartarse uno a la ligera del ejemplo de Cristo. Añade la razón simbólica: la levadura fermenta, y fermentar es corromper; el pan ácimo significa la pureza incorrupta de la Víctima, y aquella con que debemos acercarnos a comulgar.
El mismo Gihr recuerda que el cordero pascual fue «la figura más expresiva y universal de la Eucaristía», y que por eso el sacerdote dice el Agnus Dei y muestra la Hostia diciendo Ecce Agnus Dei. Hemos tratado aparte todo lo que hay de judío en la Misa católica, incluido lo que suele atribuirse al Cenáculo sin serlo.
Preguntas frecuentes
¿Entonces la primera Misa fue una cena pascual completa?
Según los sinópticos, sí: Cristo mandó preparar la Pascua y la comió con los Doce, y dentro de ese rito instituyó la Eucaristía. San Juan parece situar la Pascua oficial un día después, y Fortescue reconoce que la cuestión «es larga», aunque él se inclina por los sinópticos. La Iglesia latina supone que la Última Cena fue la cena pascual, y de ahí procede el uso del pan ácimo en la Misa.
¿Dónde se sacrificaba el cordero que comieron aquella noche?
En el atrio del Templo, no en casa. El Talmud describe al pueblo entrando en tres tandas, las puertas cerrándose, el cuerno tocando y los sacerdotes formando dos filas con cálices de oro y de plata sin pie, para que nadie los posara y la sangre no se coagulase. Cada tanda recitaba el Hallel mientras duraba la matanza. Después cada grupo llevaba su cordero a la ciudad para asarlo.
¿Qué era el afikomán?
La tercera de las tres tortas de pan ácimo de la mesa pascual. Meagher traduce el nombre como «el maná celestial» y explica que recordaba el alimento del desierto, con la esperanza rabínica de que el Mesías lo haría descender otra vez. El rito manda partir esa torta y esconder la mitad hasta el final. Que fuera precisamente esa la consagrada por el Señor es reconstrucción de Meagher, no dato evangélico.
¿Por qué se mezcla agua con el vino en el cáliz?
El Talmud dice que cada una de las cuatro copas pascuales debía contener vino que, mezclado con tres partes de agua, resultase buen vino. Meagher explica que cuatro copas de vino puro eran demasiado y que de ahí procede la costumbre. La Iglesia la mantiene como precepto: Gihr recuerda que basta una gota, que debe hacerse en el altar antes del ofertorio y en el propio cáliz, y que conviene poner poca para no debilitar el vino.
¿Cuánto de lo que cuenta Meagher es seguro?
Hay que distinguir. Lo que cita del Talmud, de la Escritura y de la liturgia es material verificable. Sus reconstrucciones del Cenáculo, del reparto de papeles entre los apóstoles o del origen de cada ceremonia son conjeturas suyas. Él mismo lo advierte al empezar esa parte del libro: dice que, fuera de los Evangelios, no se conservó ningún detalle, y que no sostiene que su relato sea «absolutamente exacto», sino lo más próximo a la verdad posible tras tantos siglos.
¿Cantaron algo al terminar?
El Evangelio dice que, dicho el himno, salieron hacia el monte de los Olivos. Ese himno es el Hallel, los salmos que ya se habían cantado en el Templo mientras se sacrificaban los corderos y que se repartían a lo largo de la cena pascual. Fortescue sitúa su segunda parte después de la cuarta copa, al final de todo: lo último que sonó en el Cenáculo fueron los mismos salmos que habían sonado aquella tarde sobre la sangre de los corderos.
Seguir leyendo
- Lo que hay de judío en la Misa católica
- Las fiestas judías que celebraba Jesús
- La Misa es el Calvario sin sangre
- Las partes de la Misa tradicional
Para seguir la Misa
Saber que el sacerdote bebe primero del cáliz como bebía el dueño de la casa en la Pascua cambia la manera de estar en el banco. Para eso hace falta seguir el texto.
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Fuentes
- James Meagher, How Christ Said the First Mass (1908), partes II y IV: la historia de la Pascua hebrea, el Talmud sobre la Última Cena y la preparación de la primera Misa.
- Adrian Fortescue, The Mass: A Study of the Roman Liturgy (1912), cap. I, § 8, «Influence of Jewish ritual».
- Nikolaus Gihr, The Holy Sacrifice of the Mass (1902), § 46, «The Sacrificial Elements».
- Michael Müller, The Holy Mass (1875), cap. sobre el sacrificio de la Nueva Ley.
- John Walsh, The Mass and Vestments of the Catholic Church, cap. «The Sacrifice of the New Law».
