Retrato de un Papa del siglo XVI junto a un misal romano antiguo abierto e iluminado por velas

Misa tridentina, de san Pío V, forma extraordinaria: por qué tantos nombres

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Misa tradicional. Misa tridentina. Misa de san Pío V. Misa en latín. Misa de siempre. Forma extraordinaria del rito romano. Rito romano antiguo. Seis o siete nombres para una sola cosa, y el recién llegado acaba convencido de que se le escapa alguna distinción importante. No se le escapa ninguna: todos designan la misma Misa. Lo que cambia es desde dónde se la mira.

Misa tridentina

Por Trento. El concilio de Trento, ante la negación protestante del carácter sacrificial de la Misa, mandó revisar y fijar los libros litúrgicos. Ese encargo desembocó en el misal que promulgó san Pío V.

El nombre es exacto en cuanto al origen, pero induce a un error muy extendido: que la Misa la inventó Trento en el siglo XVI. No es así, y la propia bula de promulgación lo dice: no se trataba de crear un rito nuevo, sino de restituir el rito romano según la norma y el rito de los santos Padres, limpiándolo de las añadiduras que cada diócesis había ido acumulando durante la Edad Media.

Misa de san Pío V

Por el Papa que promulgó ese misal con la bula Quo primum, del 14 de julio de 1570. Es el nombre más preciso desde el punto de vista jurídico.

Quo primum hizo dos cosas: impuso el misal romano a toda la Iglesia latina y, a la vez, permitió conservar los ritos que pudieran acreditar más de doscientos años de uso continuado. Por eso han sobrevivido el rito ambrosiano de Milán, el mozárabe de Toledo, el dominicano o el cartujo. No fue una uniformización arrasadora, sino una poda.

Misa en latín

Es el nombre popular, el que usa todo el mundo, y el más impreciso de todos. Impreciso porque la Misa nueva también puede celebrarse en latín —su edición típica es latina—, de modo que «Misa en latín» no identifica por sí solo de qué rito hablamos.

Aun así es el nombre por el que la gente busca, y no hay nada de malo en usarlo. Simplemente conviene saber que la lengua no es lo que define esta Misa. Lo que la define es su rito: las oraciones al pie del altar, el Ofertorio, el Canon romano rezado en silencio, el último Evangelio. De las razones del latín hablamos aparte, en por qué la Misa es en latín.

Forma extraordinaria del rito romano

Este nombre tiene fecha exacta: 7 de julio de 2007, el motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI. Allí se estableció que el misal romano tiene dos expresiones: la ordinaria, la del misal promulgado por Pablo VI, y la extraordinaria, la del misal de 1962.

Y allí se dijo también la frase que más se ha citado desde entonces: que ese misal nunca fue jurídicamente abrogado, y que lo que para las generaciones anteriores era sagrado también para nosotros permanece sagrado y grande, y no puede ser de improviso totalmente prohibido o incluso perjudicial.

Misa de siempre

No es un nombre jurídico sino una manera de hablar, y dice algo verdadero. El núcleo de esta Misa —el Canon romano— está sustancialmente fijado desde el siglo VI, cuando san Gregorio Magno le dio la forma que ha llegado hasta nosotros. Antes de Trento y antes de san Pío V, en las catedrales medievales de toda Europa se rezaba ya ese mismo Canon, con las mismas palabras. Esa continuidad es, sencillamente, un hecho.

Y el misal, ¿cuál es?

El que está en uso es la edición típica de 1962, la última que se promulgó, bajo Juan XXIII. Respecto de la de san Pío V trae retoques menores acumulados a lo largo de cuatro siglos —algunos del propio Juan XXIII, como la inclusión de san José en el Canon—, pero es el mismo rito.

Esto tiene una consecuencia práctica directa cuando uno va a comprar un libro: lo que hay que buscar es un misal conforme a 1962. Circulan reediciones facsímiles de ediciones anteriores, bonitas pero con diferencias pequeñas que desconciertan al seguir la Misa.

Y el libro que se lleva, ¿cómo se llama?

Con la misma abundancia de nombres. Misal de mano, misal bilingüe o, con el cariño de toda la vida, misalito. Y hay que distinguir dos cosas, porque de ahí vienen la mitad de las compras equivocadas: el misal diario completo, que trae los textos de todos los días del año, y el ordinario, que trae solo lo que se repite en todas las Misas. Lo explicamos entero en qué misal comprar para la Misa tradicional.

Los nombres que conviene no usar

Hasta aquí, los cinco nombres que sirven. Conviene saber también cuáles circulan y por qué es mejor dejarlos de lado, porque cada uno arrastra una idea que no es verdad.

«Misa antigua». Sugiere que es una pieza de museo, algo que se conserva por afecto. No es antigua en ese sentido: es el rito con el que se santificaron generaciones enteras y en el que se sigue ofreciendo el mismo sacrificio de hoy. Llamarla antigua es aceptar de entrada que le ha pasado el tiempo por encima.

«Misa preconciliar». Define la Misa por el Concilio, como si el Vaticano II fuera el eje alrededor del cual gira la historia de la liturgia. El rito es mil años anterior y no nació en función de ningún concilio. Además el término induce a error: no es que esta Misa se dejara de celebrar en 1962, porque nunca se ha dejado de celebrar.

«Misa en español» y «misa nueva», usadas como contrarios. El contrario de la Misa tradicional no es la lengua ni la novedad: es otro rito, promulgado en 1969. Oponerlas por el idioma confunde la discusión y da pie a la respuesta fácil de que todo se reduce a una preferencia de gusto.

«Misa de espaldas al pueblo». Es la descripción más repetida y la más torpe. El sacerdote no da la espalda a nadie: se pone delante del pueblo y mira en la misma dirección que él, hacia el altar y hacia el Oriente. No es un gesto de desprecio, sino de orientación: toda la nave, sacerdote incluido, vuelta hacia Dios. Quien acuñó la fórmula sabía muy bien lo que hacía.

La regla práctica es sencilla. Para buscarla en internet, use «Misa tradicional» o «Misa tridentina», que es como la encuentra. Para nombrarla entre católicos, «Misa tradicional» o «Misa de siempre». Y no acepte las descripciones que ya traen dentro el juicio.

Lo que hay que retener

Una sola Misa y muchos nombres: por el concilio que mandó fijarla, por el Papa que la promulgó, por la lengua en que se reza, por el lugar que ocupa en el derecho vigente y por los siglos que lleva rezándose. Ninguno excluye a los demás.

Si vas a ir por primera vez, empieza por aquí: cómo seguir la Misa tradicional en latín, paso a paso. Y llévate el Ordinario sencillo de la Santa Misa, que trae el texto de 1962 con el latín y el castellano enfrentados.

Preguntas frecuentes

¿Misa tridentina y Misa de san Pío V son lo mismo?

Sí. Una la nombra por el concilio que mandó fijar los libros litúrgicos, Trento; la otra por el Papa que promulgó el misal resultante en 1570.

¿Qué misal está en uso hoy?

La edición típica de 1962, la última promulgada, bajo Juan XXIII. Respecto de la de san Pío V trae retoques menores acumulados en cuatro siglos, pero es el mismo rito.

¿Qué quiere decir «forma extraordinaria»?

Es el nombre que le dio Benedicto XVI en Summorum Pontificum (2007), al establecer que el misal romano tiene dos expresiones: la ordinaria, la del misal de Pablo VI, y la extraordinaria, la del misal de 1962.

¿La Misa nueva puede celebrarse en latín?

Sí; su edición típica es latina. Por eso «Misa en latín» no identifica por sí solo de qué rito se habla: lo que distingue a la tradicional es el rito, no la lengua.

¿Y el libro que se lleva, cómo se llama?

Misal de mano, misal bilingüe o, con el cariño de toda la vida, misalito. Conviene distinguir el misal diario completo del ordinario: no son el mismo libro.

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