Las preces leoninas: qué son y por qué se rezan al final de la Misa
Por Marcos Vera PérezTerminada la Misa rezada, el sacerdote no se marcha. Se arrodilla en el escalón del altar y empieza a rezar en voz alta, con el pueblo, tres avemarías. Luego la Salve. Luego una oración por la Iglesia. Y al final, la oración a san Miguel Arcángel, que mucha gente conoce sin saber de dónde viene. Son las preces leoninas.
Qué se reza exactamente
El conjunto, en el orden en que se dice:
Tres Avemarías.
La Salve —Salve Regina— con su versículo Ora pro nobis, sancta Dei Génitrix.
La oración Deus, refúgium nostrum et virtus, que pide a Dios, «refugio nuestro y fortaleza», que escuche las súplicas de la Iglesia y conceda a los que suplican la libertad y la exaltación de la santa Madre Iglesia.
La oración a san Miguel Arcángel: «San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes; y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.»
Tres invocaciones al Sacratísimo Corazón de Jesús: Cor Iesu sacratíssimum, miserére nobis.
Por qué se llaman leoninas
Por León XIII, que fue quien las mandó rezar. En 1884 dispuso que al final de todas las misas rezadas se añadieran unas oraciones por la Iglesia, y poco después fijó el conjunto y le agregó la oración a san Miguel, compuesta por él mismo.
El contexto no es un detalle histórico prescindible. Son los años en que el Papa había perdido los Estados Pontificios, en que los gobiernos liberales europeos legislaban contra las órdenes religiosas, y en que León XIII publicaba Humanum genus contra la masonería. Las preces son la respuesta litúrgica de un Papa que veía a la Iglesia bajo asedio: al terminar cada Misa, en cada parroquia del mundo, el pueblo pediría de rodillas por la libertad de la Iglesia.
La intención que añadió Pío XI
En 1929, resuelta la Cuestión Romana con los Pactos de Letrán, la intención original —la libertad temporal de la Santa Sede— quedaba cumplida. Pío XI no suprimió las preces: las reorientó. Dispuso que se siguieran rezando, esta vez por la Rusia perseguida, donde la fe estaba siendo aplastada por el comunismo.
Es un dato que conviene tener presente, porque explica por qué estas oraciones se han seguido diciendo con tanta intensidad en el siglo XX y por qué siguen teniendo sentido hoy. La batalla por la que se reza no ha terminado.
La oración a san Miguel y la visión
Circula una historia muy difundida: que León XIII, tras celebrar Misa, tuvo una visión en la que oyó a Satanás pedir a Dios un siglo para destruir a la Iglesia, y que al recobrarse escribió de un tirón la oración a san Miguel.
Conviene ser honesto: esa narración no consta en ningún documento pontificio ni en testimonio contemporáneo fiable. Aparece décadas después y en versiones que no coinciden entre sí. No hace falta para nada. La oración se sostiene por sí sola, por lo que dice y por quien la mandó rezar, y apoyar algo verdadero en un relato dudoso solo sirve para darle armas al que quiera desacreditarlo.
Cuándo dejaron de rezarse
Las preces leoninas se suprimieron con la instrucción Inter Oecumenici, de septiembre de 1964, que las retiró del final de la Misa. Por eso la mayoría de los católicos nacidos después no las han oído nunca en su parroquia.
Donde se celebra la Misa tradicional se han conservado, y se rezan tal como las dejó Pío XI. La oración a san Miguel, por su parte, ha vuelto por otro camino: son muchos los obispos y los fieles que la han recuperado como oración privada o al terminar el rosario.
Una nota práctica
Solo se rezan al final de las misas rezadas. En la Misa cantada o solemne no se dicen. Así que si un domingo sales de una Misa tradicional y no las has oído, no es que las hayan suprimido: es que la Misa era cantada.
Las preces cierran la Misa rezada, después del último Evangelio; puedes ver dónde encajan en el recorrido completo de las partes de la Misa tradicional, una por una, y saber qué postura toca en cada momento en cuándo ponerse de pie, de rodillas o sentado. El texto en latín y castellano está, junto con todo el ordinario, en nuestro Ordinario sencillo de la Santa Misa.
Por qué se suprimieron y qué se perdió con ellas
La supresión de 1964 no fue un descuido: respondía a un criterio de la reforma litúrgica que conviene entender aunque no se comparta. Las preces eran una añadidura al rito —oraciones en lengua vulgar, dichas después del último Evangelio, es decir, después de que la Misa hubiera terminado— y la reforma quiso devolver al rito su unidad, quitando lo que se le había ido pegando encima con los siglos.
El razonamiento tiene lógica. Lo que hay que preguntarse es qué se fue con ellas.
Se fue, en primer lugar, una petición diaria y universal por la Iglesia. Durante ochenta años, en cada parroquia del mundo y al terminar cada Misa rezada, el pueblo pedía de rodillas por la libertad de la Iglesia. No había que organizarlo ni convocarlo: estaba en el rito.
Y se fue, sobre todo, la mención explícita del demonio en la oración pública ordinaria. La oración a san Miguel nombra a Satanás, pide que sea arrojado al infierno y da por supuesto que hay espíritus malignos que andan por el mundo para la perdición de las almas. Eso lo oían todos los domingos millones de católicos corrientes. Cuando desapareció del final de la Misa, desapareció también de la conversación ordinaria de muchos fieles.
La vuelta de la oración a san Miguel
Lo interesante es que la oración no ha muerto: ha vuelto por la puerta de atrás, y no por decisión de nadie en particular.
Hoy se reza en muchísimas parroquias al terminar el rosario, en grupos de oración, en colegios y en actos de piedad popular. Numerosos obispos la han recomendado a sus diócesis, y hay sacerdotes que la han recuperado por iniciativa propia al acabar la Misa, no como parte del rito sino como devoción añadida después de la bendición, que es exactamente lo que fue en su origen.
Conviene señalar la diferencia, que no es un formalismo: en la Misa tradicional las preces son parte de lo establecido; fuera de ella, la oración a san Miguel se reza como devoción privada o comunitaria. Las dos cosas son legítimas, pero no son lo mismo, y confundirlas solo sirve para discutir.
Una frase que conviene entender bien
En la oración se pide que Dios reprima a Satanás —ímperet illi Deus—, y ahí está la precisión teológica que la salva de ser una fórmula mágica.
No es san Miguel quien vence por su propia fuerza: es Dios quien manda, y el Arcángel quien ejecuta. Por eso la oración no dice «san Miguel, arroja al infierno a Satanás» sin más, sino que primero pide a Dios que lo reprima y luego pide al Príncipe de la milicia celestial que lo arroje divina virtúte, «con el divino poder».
La distinción importa porque marca la frontera entre la oración católica y la superstición. Un católico no manda a los demonios: se lo pide a Dios, y Dios manda. Quien reza esas líneas sin reparar en ello se pierde justamente lo que las hace ortodoxas.
Preguntas frecuentes
¿Quién mandó rezar las preces leoninas?
León XIII, en 1884, por la libertad de la Iglesia. Él mismo compuso la oración a san Miguel Arcángel.
¿Se rezan en todas las Misas?
No: solo al final de las misas rezadas. En la cantada o solemne no se dicen.
¿Qué intención añadió Pío XI?
En 1929, cumplida ya la intención original con los Pactos de Letrán, dispuso que se siguieran rezando por la Rusia perseguida.
¿Es cierta la historia de la visión de León XIII?
No consta en ningún documento pontificio ni en testimonio contemporáneo fiable: aparece décadas después y en versiones que no coinciden. La oración se sostiene sola, por lo que dice y por quien la mandó rezar.
¿Cuándo dejaron de rezarse?
Con la instrucción Inter Oecumenici, de septiembre de 1964, que las suprimió del final de la Misa. Donde se celebra la Misa tradicional se han conservado.
¿Por qué se suprimieron las preces leoninas?
Porque la reforma litúrgica las consideró una añadidura al rito: oraciones en lengua vulgar dichas después del último Evangelio, es decir, después de que la Misa hubiera terminado. La instrucción Inter Oecumenici de septiembre de 1964 las retiró del final de la Misa.
¿Se puede rezar hoy la oración a san Miguel?
Sí, y se reza mucho: al terminar el rosario, en grupos de oración, en colegios y en actos de piedad popular; muchos obispos la han recomendado. Conviene distinguir: en la Misa tradicional forma parte de lo establecido; fuera de ella se reza como devoción privada o comunitaria.
¿Manda el católico a los demonios cuando reza esta oración?
No, y ahí está la precisión que la salva de ser una fórmula mágica. La oración pide primero que Dios reprima a Satanás —ímperet illi Deus— y luego pide a san Miguel que lo arroje divina virtúte, con el divino poder. No vence el Arcángel por su fuerza: manda Dios y el Arcángel ejecuta.
Fuentes
- León XIII, encíclica Humanum genus, 20 de abril de 1884 (vatican.va).
- Pío XII, encíclica Mediator Dei, 20 de noviembre de 1947 (vatican.va).
- San Pío V, bula Quo primum tempore, 14 de julio de 1570 (texto).
- Benedicto XVI, motu proprio Summorum Pontificum, 7 de julio de 2007 (vatican.va).
- León XIII, encíclica Humanum genus (20 de abril de 1884).
- Sagrada Congregación de Ritos, instrucción Inter Oecumenici (26 de septiembre de 1964), n. 48.
- Pío XII, encíclica Mediator Dei (20 de noviembre de 1947), sobre la sagrada liturgia.
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