Fieles arrodillados de espaldas en los bancos de una iglesia durante una Misa tradicional en latín

Cuándo ponerse de pie, de rodillas o sentado en la Misa tradicional

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De todas las cosas que inquietan al que va por primera vez a una Misa tradicional, esta es la primera: cuándo hay que arrodillarse, cuándo levantarse y cuándo sentarse. Nadie quiere ser el único de pie en una iglesia llena de gente de rodillas. Aquí está la respuesta, y también la advertencia que hay que hacer antes de darla.

Antes de nada: aquí manda la costumbre del lugar

El misal romano regula minuciosamente lo que hace el sacerdote, pero sobre las posturas de los fieles apenas dice nada. Lo que existe es una costumbre, firme y antigua, con variantes reales entre países y entre capillas. En algunos sitios se está de rodillas durante casi toda la Misa rezada; en otros se sigue un esquema más parecido al de la Misa cantada.

Por eso la primera regla, la que nunca falla, es esta: haz lo que haga la fila de delante. No es pereza, es prudencia litúrgica. Y nadie mira mal a un recién llegado que va medio segundo tarde.

Dicho eso, el esquema que sigue es el más extendido en España y te servirá en la inmensa mayoría de las capillas.

En la Misa rezada

De rodillas desde que entra el sacerdote y durante las oraciones al pie del altar, el Confíteor y el Introito.

De rodillas también durante el Kyrie y el Gloria, en la costumbre española más común. En otras se está de pie para el Gloria.

De pie para el Evangelio. Esto no varía en ninguna parte: el Evangelio se escucha en pie, y al anunciarlo todos se signan la frente, los labios y el pecho.

Sentado durante la homilía, si la hay.

De pie para el Credo, con una excepción capital: al llegar a Et incarnátus est de Spíritu Sancto ex María Vírgine, et homo factus est, todos se arrodillan. El Verbo se hizo carne, y ante eso no se permanece de pie. En dos días del año —Navidad y la Anunciación— ese arrodillarse se prolonga un momento más largo.

Sentado durante el Ofertorio, mientras el sacerdote prepara las ofrendas.

De pie o de rodillas para el Prefacio, según la costumbre del sitio.

De rodillas, sin excepción, desde el Sanctus. Aquí ya no hay variantes: cuando suena la campanilla al final del Sanctus, todo el mundo se arrodilla, y así se permanece durante el Canon entero, la Consagración, las dos elevaciones, el Pater Noster y el Agnus Dei.

De rodillas para comulgar, en el comulgatorio, y de rodillas de nuevo al volver al banco hasta que el sacerdote termina de purificar el cáliz.

De rodillas para la bendición final.

De pie para el último Evangelio, arrodillándose al oír Et Verbum caro factum est.

De rodillas para las preces leoninas, que se rezan al terminar.

En la Misa cantada y en la solemne

Hay bastantes más momentos de pie, porque el pueblo o el coro cantan y el canto se hace en pie. Como regla: se está de pie mientras se canta el Gloria y el Credo y durante las oraciones que el sacerdote canta en el altar; sentado mientras se cantan el Gradual, el Ofertorio y la Comunión; y de rodillas desde el Sanctus hasta después de la comunión, igual que en la rezada.

Las genuflexiones y los otros gestos

Al entrar y al salir del banco, genuflexión con la rodilla derecha hasta el suelo, mirando al sagrario. Si está expuesto el Santísimo, la genuflexión es con las dos rodillas.

En el Confíteor, al decir mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa, se golpea el pecho tres veces.

En el Dómine, non sum dignus, otros tres golpes de pecho antes de comulgar.

En las elevaciones, lo tradicional es mirar la Hostia y el cáliz mientras el sacerdote los eleva, y decir por lo bajo, con santo Tomás, Dóminus meus et Deus meus: Señor mío y Dios mío.

Lo que hay que retener

Si te quedas con tres cosas, que sean estas: de pie para el Evangelio, de rodillas desde el Sanctus, y de rodillas al Et incarnátus est del Credo. Con eso no llamas la atención en ninguna capilla del mundo, y el resto lo aprendes mirando.

La forma más rápida de interiorizarlo es tener el texto delante mientras suena, porque entonces ves venir cada momento en lugar de reaccionar tarde. Nuestro Ordinario sencillo de la Santa Misa trae las rúbricas en rojo y los gestos indicados con iconos —la campanilla, la señal de la cruz, la inclinación—, que es precisamente lo que resuelve este problema.

Y para el cuadro completo de la primera vez, aquí está la guía: cómo seguir la Misa tradicional en latín, paso a paso.

Los gestos del sacerdote que conviene saber leer

Buena parte del desconcierto del principiante se disuelve en cuanto uno entiende que el sacerdote está dando señales continuamente. No hay que adivinar: hay que mirar.

Cuando extiende las manos y las junta está a punto de decir una oración en voz alta; es el momento de atender.

Cuando se vuelve hacia el pueblo y dice Dóminus vobíscum, abre un bloque nuevo de la Misa. Es el equivalente a pasar de capítulo.

Cuando se inclina profundamente —en el Confíteor, en el Munda cor meum antes del Evangelio, en el Súpplices te rogámus del Canon— está en un momento de humillación ante Dios, y lo natural es acompañarlo con la misma actitud interior.

Cuando el acólito toca la campanilla, algo importante va a ocurrir en los segundos siguientes: primero al final del Sanctus, avisando de que empieza el Canon; después en cada una de las dos elevaciones; y por último antes de la comunión, en el Dómine, non sum dignus.

Con esas cuatro señales, un recién llegado sigue la Misa sin mirar el reloj ni al vecino.

Si llegas tarde o te tienes que ir antes

Es una duda real y conviene responderla sin dramatismos.

La costumbre tradicional ha considerado siempre que lo esencial de la Misa son tres momentos: el Ofertorio, la Consagración y la Comunión del sacerdote. Quien llega antes del Ofertorio ha asistido a Misa entera a todos los efectos. Quien llega después, lo prudente es que complete después con otra Misa si es domingo o fiesta de precepto, o que consulte a su confesor si le ocurre con frecuencia.

Y sobre marcharse antes: la Misa no acaba en la comunión. Quedan la poscomunión, la bendición, el último Evangelio y, en la rezada, las preces leoninas. Salir mientras el sacerdote sigue en el altar es, sencillamente, irse de casa de alguien antes de despedirse.

Un detalle práctico que evita apuros: si tienes que salir por fuerza mayor, hazlo antes de la bendición final y no en medio de ella, y haz la genuflexión al pasar ante el sagrario como si no tuvieras prisa. Nadie te va a decir nada.

El velo, el vestido y las manos

Tres cuestiones menores que generan más inquietud de la que merecen.

El velo. Es costumbre tradicional y está muy extendida donde se celebra la Misa de siempre, pero nadie está obligado. Una mujer que entra sin velo no está haciendo nada malo ni va a recibir ninguna mirada en una capilla normal.

La ropa. La norma no escrita es sencilla y vale para todos: vestir como se vestiría uno para algo que importa. No hay un código; hay un criterio.

Las manos. En la Misa tradicional el pueblo no toma posturas de manos particulares: ni se extienden en el Pater Noster ni se dan la paz. Lo habitual es tenerlas juntas o apoyadas, sin más.

Todo esto se aprende en dos domingos. Lo que no se aprende solo es el texto, y para eso conviene llevarlo delante.

Preguntas frecuentes

¿Hay una norma escrita sobre las posturas?

Apenas. El misal regula minuciosamente lo que hace el sacerdote, pero sobre los fieles lo que existe es una costumbre firme y antigua, con variantes reales entre países y capillas.

¿Cuándo hay que arrodillarse sí o sí?

Desde el Sanctus hasta después de la comunión, y en el Credo al llegar a Et incarnátus est. Ahí no hay variantes en ninguna parte.

¿Y de pie?

Para el Evangelio, siempre. Al anunciarlo, los fieles se signan la frente, los labios y el pecho.

¿Las mujeres tienen que llevar velo?

Es costumbre tradicional, muy extendida donde se celebra la Misa de siempre, pero nadie está obligado.

¿Cómo se comulga?

De rodillas en el comulgatorio y en la boca. No se responde «amén»: la fórmula la dice entera el sacerdote.

¿Qué hago si llego tarde a Misa?

La costumbre tradicional considera que lo esencial son tres momentos: el Ofertorio, la Consagración y la Comunión del sacerdote. Quien llega antes del Ofertorio ha asistido a Misa entera a todos los efectos. Quien llega después, lo prudente es completar con otra Misa si es domingo o fiesta de precepto.

¿Se puede salir después de comulgar?

La Misa no acaba en la comunión: quedan la poscomunión, la bendición, el último Evangelio y, en la rezada, las preces leoninas. Si hay que salir por fuerza mayor, conviene hacerlo antes de la bendición final y con la genuflexión al pasar ante el sagrario.

¿Para qué toca la campanilla el acólito?

Para avisar de lo que viene: al final del Sanctus, indicando que empieza el Canon; en cada una de las dos elevaciones; y antes de la comunión, en el Dómine, non sum dignus. Con esa señal se sigue la Misa sin mirar al vecino.

Fuentes

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