¿Es Jesucristo Dios?
Por Marcos Vera Pérez← Volver a «Preguntas sobre la Biblia»
Sí. Jesucristo es Dios, verdadero Dios de verdadero Dios, de la misma sustancia que el Padre, y a la vez verdadero hombre. No es un ángel glorificado, ni la primera criatura de Dios, ni un maestro al que después se divinizó. Lo dicen los evangelios, lo dicen las cartas de san Pablo, lo dice el Apocalipsis, y lo entendieron así quienes lo escucharon en arameo y en griego mucho antes de que existiera un concilio.
Esta es la cuestión de fondo cuando llaman a la puerta. Todo lo demás —el nombre divino, la cruz, el alma, el infierno— son ramas. Si Cristo es Dios, la doctrina que niega su divinidad se desploma entera; y si no lo es, no hay cristianismo que valga la pena. Vamos a ir a los textos, uno por uno, en el griego en que se escribieron, y vamos a mirar también qué hace con ellos la Traducción del Nuevo Mundo, porque ahí se ve mejor que en ningún sitio dónde está el problema.

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¿Qué dijo Cristo en Juan 8,58 y por qué cogieron piedras?
Discutiendo en el templo con unos judíos que presumían de ser hijos de Abrahán, Cristo les dice: «Antes de que Abrahán naciera, yo soy.» En griego, prin Abraam genesthai ego eimi.
Repárese en el disparate gramatical, porque es deliberado. Si solo hubiera querido decir que es más antiguo que Abrahán, la frase natural habría sido «yo era» o «yo existía». Lo que dice es «yo soy», en presente, enfrentando un verbo de llegar a ser, genesthai, aplicado a Abrahán, con un verbo de ser sin más aplicado a sí mismo. Abrahán empezó a existir; Él, no.
Y la frase no sale de la nada. Cuando Moisés pregunta a Dios por su nombre en el Éxodo, la versión griega que leían los judíos del siglo I, la Septuaginta, pone en boca de Dios: ego eimi ho on, «yo soy el que es». Esas dos palabras, ego eimi, no eran una expresión neutra en aquel templo.
¿Y cómo sabemos que lo entendieron así? Porque el versículo siguiente lo dice: «Entonces cogieron piedras para tirárselas.» Lo traduce igual la Traducción del Nuevo Mundo. Nadie apedrea a un hombre por decir que es viejo. La pena de lapidación estaba prevista para el blasfemo, y eso es exactamente lo que creyeron haber oído.
Esa misma versión, por cierto, imprime en el versículo 58: «antes de que Abrahán naciera, yo ya existía». Han cambiado el presente por un pasado. Y al hacerlo han dejado el relato sin sentido: su propia página dice que acto seguido cogieron piedras, y la frase que acaban de traducir no da motivo ninguno para cogerlas.
¿Qué significa «primogénito de toda la creación» en Colosenses 1,15?
Es el versículo que más se alega, y hay que contestarlo despacio, porque en castellano «primogénito» suena a «el primero de la lista». En la Escritura no significa eso.

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El griego es prototokos, «primogénito», y no protoktistos, «primera criatura», que es la palabra que haría falta y que san Pablo no usa. En el mundo bíblico, el primogénito es el heredero: el que tiene el derecho, el rango y la herencia. Por eso el salmo 89 puede decir de David: «Yo lo constituiré primogénito, el más alto de los reyes de la tierra.» Y David no era el primero de los hijos de Jesé, sino el último; ni nació primogénito, ni lo fue nunca. «Primogénito» ahí significa primero en dignidad, no primero en el tiempo.
Que ese es el sentido en Colosenses lo demuestra el propio san Pablo tres versículos más abajo, cuando llama a Cristo «primogénito de entre los muertos». Cristo no fue el primer muerto de la historia, ni siquiera el primero en volver a la vida —Lázaro lo precede en el mismo evangelio—. Es el primero en rango sobre todos ellos.
Y hay un detalle que decide la discusión y que casi nadie lee: la conjunción con que empieza el versículo siguiente. San Pablo no dice «primogénito de toda la creación, y además por él se creó todo». Dice hoti, «porque en él fueron creadas todas las cosas». Es decir: la razón por la que es primogénito de toda la creación es que la creó entera. El argumento se da la vuelta solo.
¿Qué palabra añade la Traducción del Nuevo Mundo en Colosenses 1,16-17?
Una que no está en el griego, y la añade cuatro veces en dos versículos. Conviene verlo con la lupa puesta, porque es el caso más limpio que existe de una doctrina metida dentro del texto sagrado.
El griego de Colosenses 1,16-17 dice ta panta, «todas las cosas», y lo repite; y en medio, pro panton, «antes de todas las cosas». No aparece ni una sola vez allos ni heteros ni loipos, que son las palabras griegas para «otro» y «los demás». Compruébelo quien quiera en cualquier interlineal.
Ahora, la Traducción del Nuevo Mundo, en su revisión de 2019:
- versículo 16: «por medio de él todo lo demás fue creado en los cielos y en la tierra»;
- versículo 16, otra vez: «Todo lo demás ha sido creado mediante él y para él»;
- versículo 17: «él existe desde antes que todo lo demás»;
- versículo 17, otra vez: «por medio de él se hizo que existiera todo lo demás».
Cuatro veces. Y la diferencia no es de matiz: es la diferencia entre un Creador y una criatura. Si el texto dice que todo fue creado por Él, Él no está dentro de lo creado. Si dice que fue creado todo lo demás, Él queda convertido en la primera pieza de la serie. San Pablo escribió lo primero; en esa versión se lee lo segundo.
Y hay algo más, que ellos mismos documentan. En la edición antigua con referencias, la palabra iba entre corchetes —«todas las [otras] cosas», las cuatro veces—, señalando que era un añadido del traductor. En la revisión actual los corchetes han desaparecido y el añadido se lee como si fuera de san Pablo. Eso ya no es traducir: es enmendar al Espíritu Santo.
¿Llama la Biblia «Dios» a Jesucristo con todas las letras?
Tres veces, por lo menos, y de tres maneras distintas.
Juan 20,28. Tomás, delante del Resucitado, le dice: Ho Kyrios mou kai ho Theos mou, «Señor mío y Dios mío». Los dos títulos llevan artículo, los dos van dirigidos a la persona que tiene delante, y Cristo, lejos de corregirlo, lo bendice. Cuando a san Pedro o a san Pablo les rinden un honor que no les toca, lo rechazan en el acto; aquí no se rechaza nada.
Tito 2,13. San Pablo escribe que aguardamos «la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo». El griego es tou megalou Theou kai Soteros hemon: un solo artículo, tou, gobernando los dos sustantivos unidos por «y». En griego, esa construcción señala a una sola persona. Para que fueran dos haría falta repetir el artículo delante de «Salvador», y no está. La Traducción del Nuevo Mundo lo resuelve añadiendo una preposición que el griego no tiene: «del gran Dios y de nuestro Salvador, Jesucristo». Una sílaba, y ya son dos.
Hebreos 1,8. El autor sagrado contrapone lo que Dios dice de los ángeles con lo que dice del Hijo, y del Hijo cita el salmo 45: Ho thronos sou ho Theos eis ton aiona tou aionos, «Tu trono, oh Dios, por los siglos de los siglos». Es el Padre quien habla, y llama Dios al Hijo. Esa versión le da la vuelta a la frase y pone: «Dios es tu trono para siempre jamás», que convierte una aclamación en una metáfora rara y deja al Hijo sin el título. El mismo capítulo, dos versículos antes, manda que todos los ángeles de Dios se postren ante Él con el verbo proskyneo, el de la adoración; allí traducen «rindan homenaje». Ese verbo admite, es cierto, el sentido de postrarse ante un superior; lo que no admite es que a quien se postran sea un ángel más.
¿Qué dice el himno de Filipenses 2,6-11?
Dice, en cinco líneas, todo lo que haría falta demostrar. Y es, además, un texto que los especialistas tienen por anterior a la carta: san Pablo estaría citando un himno que los cristianos ya cantaban, apenas veinte o treinta años después de la Resurrección.
Cristo «existiendo en la forma de Dios» —en morphe Theou hyparchon— «no consideró el ser igual a Dios como algo a lo que aferrarse» —ouch harpagmon hegesato to einai isa Theo—, «sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo».
Dos cosas, y ninguna admite rodeo. La primera: no se puede renunciar a lo que no se tiene. El himno no dice que Cristo aspirase a ser igual a Dios y se contuviera; dice que, siéndolo, no se agarró a ello. La segunda: la misma palabra, morphe, se usa para las dos cláusulas. Si «forma de siervo» significa que fue de verdad siervo, «forma de Dios» significa que es de verdad Dios. No se puede tomar la segunda en sentido fuerte y la primera en sentido débil.
Y el final del himno remata: Dios le dio «el Nombre sobre todo nombre», para que ante el nombre de Jesús «toda rodilla se doble» y «toda lengua confiese que Jesucristo es Señor». Esas dos frases no son de san Pablo: son de Isaías, donde el que habla es el Dios de Israel, que jura por sí mismo y dice: «ante mí se doblará toda rodilla, por mí jurará toda lengua». San Pablo toma un oráculo en que Dios reclama para sí la adoración universal y lo aplica, sin pestañear, a Jesucristo.
¿Qué títulos divinos se aplica Cristo en el Apocalipsis?
Los que en el Antiguo Testamento solo se aplica Dios. San Juan cae a sus pies como muerto, y Él le pone la mano encima y le dice: «No temas; yo soy el primero y el último; y el viviente: estuve muerto, y ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo.»
«El primero y el último» es la firma de Dios en Isaías: «Así dice el Señor, rey de Israel y su redentor: yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios.» Fuera de mí no hay Dios: la frase excluye expresamente que el título pueda compartirse con una criatura.
Y a continuación viene lo que ninguna criatura puede decir: «estuve muerto y ahora vivo». El que es el primero y el último murió. Esa es la paradoja entera del cristianismo, y por eso la respuesta a la pregunta de este artículo no es un dato de erudición: es la diferencia entre adorar a Dios y adorar a un ángel.
Preguntas frecuentes
Si Cristo es Dios, ¿a quién rezaba en el huerto?
Al Padre, y como hombre. La fe católica afirma en Cristo dos naturalezas, divina y humana, en una sola persona. Por eso puede rezar, tener miedo, obedecer y morir según su humanidad, sin dejar de ser Dios según su divinidad. Negar su oración sería negar que se hizo verdaderamente hombre.
¿No dice la Biblia que el Padre es mayor que el Hijo?
Sí, en Juan 14,28, y es verdad en cuanto hombre y en cuanto el Hijo procede del Padre. Pero el mismo evangelio dice en su primera línea que el Verbo era Dios, y en el capítulo 10 que Él y el Padre son una sola cosa. Las dos afirmaciones son del mismo autor y hay que sostener las dos.
¿Qué significa exactamente «primogénito de toda la creación»?
Primero en dignidad y heredero de todo, no primera criatura. El griego dice «primogénito» y no «primera criatura». El salmo 89 llama primogénito a David, que era el menor de sus hermanos, y el propio san Pablo llama a Cristo «primogénito de entre los muertos» sin que fuera el primero en morir.
¿Cuántas veces añade la Traducción del Nuevo Mundo la palabra «demás» en Colosenses 1?
Cuatro veces en los versículos 16 y 17 de su revisión de 2019: dos en el 16 y dos en el 17. El griego dice «todas las cosas» y no contiene ninguna palabra que signifique «otras» o «las demás». En la edición antigua con referencias iba entre corchetes, «todas las [otras] cosas»; en la revisión de 2019 los corchetes han desaparecido.
¿Por qué Tito 2,13 habla de una sola persona y no de dos?
Porque el griego pone un solo artículo delante de los dos sustantivos unidos por «y»: «del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo». Para hablar de dos personas distintas habría que repetir el artículo delante de «Salvador», y no está.
¿Qué libro me ayuda a responder bien a estas objeciones?
La «Introducción a la Sagrada Escritura» del padre Gabriel Calvo Zarraute, porque detrás de cada objeción hay una traducción y detrás de cada traducción, una autoridad. Quien no sabe cómo se establece y se interpreta el texto contesta una objeción y le aparecen diez.
Dónde está de verdad la discusión
Habrá advertido el lector que casi todas las respuestas de este artículo se han jugado en lo mismo: un artículo que falta, una palabra añadida, un presente convertido en pasado. No es casualidad. La conversación nunca es sobre un versículo: es sobre quién tiene autoridad para fijar el texto y para decir qué significa.
Esa es la materia de la «Introducción a la Sagrada Escritura» del padre Gabriel Calvo Zarraute: el canon, la inspiración, la crítica textual, los géneros literarios, la relación entre Escritura y Tradición y los límites de la exégesis moderna. Está en papel por 30,00 €; el envío es gratis en España a partir de 30 € de compra. También en ebook por 9,99 € y en audiolibro por 14,99 €.
Fuentes
- Para el griego palabra por palabra de Juan 8,58-59, Colosenses 1,15-17, Juan 20,28, Tito 2,13, Hebreos 1,6-8, Filipenses 2,6 y Apocalipsis 1,17-18: interlineal del Nuevo Testamento griego, donde puede comprobarse que Colosenses 1,16 dice ta panta y no contiene allos.
- Para la versión que aquí se examina, su propia edición: Colosenses 1 en la Traducción del Nuevo Mundo, revisión de 2019, con las cuatro apariciones de «todo lo demás» en los versículos 16 y 17.
- Para los corchetes de la edición antigua, su propia biblioteca en línea: Colosenses 1 en la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras (con referencias), donde los versículos 16 y 17 imprimen cuatro veces «todas las [otras] cosas».
- Concilio de Nicea (325), símbolo y anatemas contra quien diga que el Hijo es «una criatura» o «de otra sustancia»: texto de los decretos conciliares.
- Comisión Teológica Internacional, Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. 1700 años del Concilio Ecuménico de Nicea (325-2025). Texto en vatican.va.
- Gabriel Calvo Zarraute, Introducción a la Sagrada Escritura, Páginas Contrarrevolucionarias.