¿Es Jesús el arcángel Miguel?
Por Marcos Vera Pérez← Volver a «Preguntas sobre la Biblia»
No. Jesucristo no es el arcángel Miguel. Es el Hijo de Dios, verdadero Dios, por quien fue creado todo lo que existe, y a quien los ángeles —Miguel incluido— adoran. Miguel es una criatura excelsa, el príncipe de los ejércitos celestiales, pero una criatura; entre el que crea y el que es creado no hay grados, hay un abismo. Confundirlos es rebajar a Cristo a la condición de ángel, que es justo lo que la carta a los Hebreos se escribió para impedir.
Los testigos de Jehová sostienen lo contrario: enseñan, con sus palabras, que «se puede concluir que Jesús mismo es Miguel, el arcángel». La afirmación es clara y se puede contrastar con la Biblia, que es lo que haremos aquí. No se juzga a la persona que lo cree de buena fe; se examina la doctrina y los textos que se alegan para sostenerla. Y los textos, leídos enteros, dicen lo contrario de lo que se les hace decir.

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¿Qué enseñan los testigos de Jehová sobre Miguel?
Identifican a Jesús con el arcángel Miguel antes de su venida al mundo y después de su resurrección. El razonamiento se apoya en cuatro textos: que Cristo baja «con voz de arcángel» (1 Tesalonicenses 4,16); que Miguel disputa con el diablo (Judas 9); que Miguel es «príncipe» en Daniel; y que Miguel manda ejércitos en el Apocalipsis. De ahí concluyen que Miguel y Jesús son el mismo.
El problema es que ninguno de esos textos dice que sean el mismo, y el conjunto de la Escritura lo niega. Vamos a verlo: primero, lo que la Biblia dice del Hijo frente a los ángeles; después, los cuatro textos que se alegan, uno por uno.
¿A qué ángel llamó Dios «mi Hijo»?
A ninguno. El primer capítulo de la carta a los Hebreos está escrito precisamente para separar al Hijo de todos los ángeles, y lo hace con una pregunta retórica: «¿A cuál de los ángeles dijo Dios alguna vez: tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy?» (Hebreos 1,5). La respuesta esperada es: a ninguno. A los ángeles Dios los hace «vientos» y «llamas de fuego»; al Hijo le dice «Tu trono, oh Dios, por los siglos de los siglos».
Todo el capítulo contrapone dos categorías que no se tocan. Los ángeles son «espíritus servidores, enviados para servir» (Hebreos 1,14); el Hijo está sentado a la derecha de Dios. Si Jesús fuera Miguel, es decir, un arcángel, este capítulo entero carecería de sentido: estaría demostrando que el Hijo es superior a los ángeles comparándolo con... un ángel. El autor sagrado da por supuesto que el Hijo no es ninguno de ellos.
¿Puede adorarse a un ángel?
No, y la Biblia lo prohíbe expresamente; y, sin embargo, al Hijo se le manda adorar. En ese mismo capítulo, Dios ordena: «Y adórenle todos los ángeles de Dios» (Hebreos 1,6). El verbo griego es proskynesatosan, el de la adoración. Es decir: los ángeles adoran al Hijo. Si Jesús fuera el arcángel Miguel, Dios estaría mandando a los ángeles adorar a otro ángel.
Y eso es precisamente lo que la Escritura declara ilícito. San Pablo advierte contra «el culto a los ángeles» —en griego, threskeia ton angelon— en Colosenses 2,18. Y cuando san Juan, deslumbrado, cae a los pies del ángel para adorarlo, el ángel lo detiene en seco: «¡Mira, no lo hagas! Soy un consiervo tuyo… ¡Adora a Dios!» (Apocalipsis 22,8-9). Los ángeles rechazan la adoración; Cristo la recibe, y Dios manda dársela. Esa sola diferencia basta: a Miguel no se le adora, a Cristo sí.

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¿Es Miguel «uno de los príncipes» en Daniel 10,13?
Lo es, y la palabra exacta decide la cuestión. El libro de Daniel llama a Miguel «uno de los principales príncipes» (Daniel 10,13): uno entre varios, no el único. En hebreo, «uno de los príncipes primeros».
Esa expresión es incompatible con el Hijo de Dios, que es «unigénito», el único Hijo, no «uno de» un grupo. Cristo no es uno entre varios príncipes celestiales: es el Señor de todos ellos. Que Miguel sea grande entre los ángeles —el primero de ellos, su príncipe— no lo saca de la categoría de las criaturas; al contrario, lo confirma en ella, porque solo se cuenta «entre varios» a quien pertenece a un grupo.
¿Reprende Miguel al diablo con autoridad propia? Judas 9
No se atreve. La epístola de Judas trae un detalle revelador: «cuando el arcángel Miguel disputaba con el diablo… no se atrevió a proferir contra él un juicio injurioso, sino que dijo: que el Señor te reprenda» (Judas 9). El griego lo subraya: ouk etolmesen, «no se atrevió»; y Epitimesai soi Kyrios, «que el Señor te reprenda».
Repárese en el contraste. Miguel, el mayor de los ángeles, no osa reprender al diablo por su propia cuenta: invoca al Señor para que lo haga Él. Cristo, en cambio, reprende al demonio cara a cara y con autoridad propia: «Apártate, Satanás» (Mateo 4,10), y los demonios le obedecen y tiemblan. El que tiene que apelar a otro para reprender al diablo no puede ser el mismo que lo reprende con su sola palabra. Miguel pide; Cristo manda.
¿Baja Cristo «como» un arcángel o «con» voz de arcángel?
Con voz de arcángel, no como arcángel. El texto estrella de quienes identifican a Jesús con Miguel es 1 Tesalonicenses 4,16: «el Señor mismo, a una orden, a la voz de un arcángel… descenderá del cielo». Pero la frase dice en phone archangelou, «con voz de arcángel», no «como arcángel». Es una preposición de compañía, no de identidad.
Cuando un rey entra en la ciudad precedido por el toque de trompeta, el rey no es la trompeta. El Señor desciende acompañado de la voz del arcángel y de la trompeta de Dios, al frente de los ejércitos del cielo; eso lo distingue del arcángel, no lo identifica con él. Y el Apocalipsis confirma la distinción: «Miguel y sus ángeles combatían contra el dragón» (Apocalipsis 12,7). Miguel tiene sus ángeles y pelea como caudillo de ellos; pero el Señor de esos ejércitos, aquel a cuyo servicio están, es Cristo.
¿Por qué importa esta pregunta?
Porque detrás de ella está, otra vez, la divinidad de Cristo. Hacer de Jesús un arcángel es negar que sea Dios; y si Cristo no es Dios, la adoración que le damos sería idolatría y el cristianismo entero se vendría abajo. No es una discusión de nombres de ángeles: es la misma cuestión de fondo que recorre toda esta sección.
La Escritura mantiene firme la frontera: a los ángeles se les honra y se pide su intercesión, pero no se les adora; a Cristo se le adora porque es Dios, y los propios ángeles lo adoran con nosotros. Miguel es nuestro poderoso valedor en el combate espiritual, y conviene encomendarse a él; pero encomendarse a Miguel y adorar a Cristo son dos actos de naturaleza distinta, y confundirlos es perder de vista quién es cada uno.
Preguntas frecuentes
¿No baja Cristo «con voz de arcángel» en 1 Tesalonicenses 4,16?
Sí, pero «con voz de arcángel» no significa «siendo el arcángel». El griego usa una preposición de compañía, en phone archangelou: el Señor desciende acompañado de la voz del arcángel y de la trompeta de Dios, al frente de los ejércitos del cielo. Igual que un rey precedido por la trompeta no es la trompeta.
¿No prueba Judas 9 que Jesús es Miguel?
Prueba lo contrario. En Judas 9 Miguel «no se atrevió» a reprender al diablo por sí mismo y dijo «que el Señor te reprenda», apelando a otro. Cristo, en cambio, reprende al demonio con autoridad propia: «Apártate, Satanás». Quien tiene que invocar al Señor no es el mismo que ordena con su sola palabra.
¿Qué significa que Miguel es «uno de los principales príncipes»?
Que es uno entre varios, no el único. Daniel 10,13 lo llama «uno de los principales príncipes», expresión que lo cuenta dentro de un grupo. Cristo es «unigénito», el único Hijo, Señor de todos los ángeles; no puede ser «uno de» un conjunto de príncipes creados.
¿Por qué no puede ser Jesús un ángel, aunque sea el más alto?
Porque la carta a los Hebreos, en su capítulo primero, se escribió para demostrar que el Hijo es superior a todos los ángeles, y lo hace contraponiéndolo a ellos: a ningún ángel llamó Dios «Hijo», y a todos los ángeles les manda adorar al Hijo (Hebreos 1,5-6). Si el Hijo fuese un ángel, el argumento se derrumbaría.
Entonces, ¿puede un católico encomendarse a san Miguel?
Sí, y es muy recomendable. A san Miguel arcángel se le honra y se pide su protección en el combate espiritual, como a los demás ángeles y santos. Lo que no se hace es adorarlo: la adoración se reserva a Dios. Honrar a Miguel y adorar a Cristo son actos distintos, porque Miguel es criatura y Cristo es Dios.
¿Qué libro me ayuda a responder a estas objeciones?
La «Introducción a la Sagrada Escritura» del padre Gabriel Calvo Zarraute, porque enseña a leer cada texto entero y en su contexto, que es donde se ve que «con voz de arcángel» no es «como arcángel» y que «uno de los príncipes» no es «el único Hijo». Con esa base no se responde un versículo suelto, sino la objeción de raíz.
A Cristo se le adora; a Miguel, no
Recorridos los cuatro textos que se alegan, ninguno sostiene la identificación, y el conjunto de la Escritura la excluye. La raya que no se puede borrar es la de la adoración: los ángeles la rechazan, y a Cristo Dios manda dársela. El que recibe la adoración de los ángeles no es uno de ellos.
Saber leer esa frontera —entre el Creador y la criatura, entre honrar y adorar— es lo que trabaja la «Introducción a la Sagrada Escritura» del padre Gabriel Calvo Zarraute: el canon, la inspiración, las lenguas originales y la relación entre Escritura y Tradición. Está en papel por 30,00 €; el envío es gratis en España a partir de 30 € de compra. También en ebook por 9,99 € y en audiolibro por 14,99 €.
Fuentes
- Para el mandato de que los ángeles adoren al Hijo (Hebreos 1,6), con el verbo proskynesatosan: interlineal de Hebreos 1,6.
- Para Judas 9 («no se atrevió… que el Señor te reprenda»): interlineal de Judas 9.
- Para «uno de los principales príncipes» en Daniel 10,13: interlineal de Daniel 10,13.
- Para la postura que aquí se examina, en sus propias palabras: «¿Quién es el arcángel Miguel?», en el sitio de los testigos de Jehová, que concluye que «Jesús mismo es Miguel, el arcángel».
- Gabriel Calvo Zarraute, Introducción a la Sagrada Escritura, Páginas Contrarrevolucionarias.