Mesa de madera con un manuscrito antiguo abierto, pergaminos enrollados y una vela encendida, con el titular «¿Es fiable la Traducción del Nuevo Mundo?» y el sello de Páginas Contrarrevolucionarias.

¿Es fiable la Traducción del Nuevo Mundo?

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No para lo que de verdad está en juego. La Traducción del Nuevo Mundo es la Biblia propia de la Watch Tower, la sociedad que edita las publicaciones de los testigos de Jehová. En muchísimos pasajes se lee como cualquier otra versión; pero en el puñado de versículos donde se decide la divinidad de Cristo, la persona del Espíritu Santo o el nombre de Dios, introduce cambios que no tienen apoyo en los manuscritos griegos. Una traducción que se dobla siempre hacia el mismo lado no es neutral: es una doctrina vestida de versión.

Conviene decir desde el principio a quién se juzga y a quién no. Quien llama a la puerta con esta Biblia debajo del brazo suele ser una persona de buena fe, y su sinceridad no está en discusión. Lo que se examina aquí es un texto, la manera en que ese texto traduce el griego y la organización que lo publicó. Y el criterio es sencillo, al alcance de cualquiera: ¿dice eso el griego? Vamos a ir versículo por versículo, con el interlineal delante.

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¿Por qué traduce «un dios» en Juan 1,1?

El griego dice kai theos en ho logos: «y el Verbo era Dios». La Traducción del Nuevo Mundo pone «la Palabra era un dios», con artículo indefinido y en minúscula. El argumento que alegan es que ahí theos, «Dios», va sin artículo, mientras que en la frase anterior —«el Verbo estaba con Dios», pros ton theon— sí lo lleva.

El dato gramatical es cierto, pero la conclusión no se sigue. Que un predicado nominal vaya delante del verbo y sin artículo es lo normal en griego para decir qué es el sujeto, no un ejemplar de una clase. Lo estudió E. C. Colwell en 1933 y lo precisó Philip Harner en un artículo de la revista Journal of Biblical Literature de 1973: la construcción subraya la naturaleza, «el Verbo era de condición divina», no lo degrada a «un dios» entre varios.

Pero hay una prueba que no necesita saber griego, porque la da la propia Traducción del Nuevo Mundo. En ese mismo capítulo primero de Juan, la palabra theos aparece sin artículo otras veces —en los versículos 6, 12, 13 y 18— y allí la traducen tranquilamente «Dios», con mayúscula y sin el «un». Solo en el versículo 1, donde la frase se refiere al Verbo, la minúscula y el artículo aparecen. La regla, entonces, no es una regla: es una excepción hecha a medida de un versículo incómodo.

No lo decimos solo nosotros. El especialista en crítica textual Bruce Metzger escribió que esa versión, tomada en serio, haría politeístas a sus lectores, y calificó la traducción de Juan 1,1 de «espantoso error». Y el helenista Julius Mantey, autor de una gramática del griego neotestamentario muy usada, declaró en una carta dirigida a la propia Watch Tower que no es «ni erudito ni razonable» traducir Juan 1,1 por «la Palabra era un dios».

¿Qué palabra añade en Colosenses 1,16-17?

Una que no está en el griego, y la añade cuatro veces en dos versículos. San Pablo dice que en Cristo «fueron creadas todas las cosas» —ta panta, «todas las cosas»— y que «todo subsiste en él». La Traducción del Nuevo Mundo lee, en cambio: «por medio de él todo lo demás fue creado», y repite «todo lo demás» en los versículos 16 y 17 hasta sumar cuatro veces.

La diferencia no es de matiz: es la frontera entre el Creador y la criatura. Si todo fue creado por Él, Él está fuera de lo creado; si fue creado todo lo demás, Él pasa a ser la primera pieza de la serie. Y el griego no ofrece coartada: no aparece ni una sola vez la palabra allos ni ninguna otra que signifique «otro» o «los demás». Lo puede comprobar cualquiera en un interlineal. En su antigua edición con referencias, la propia versión ponía la palabra entre corchetes —«todas las [otras] cosas»—, reconociendo que era un añadido; en la revisión de 2019 los corchetes han desaparecido y el añadido se lee como si fuera de san Pablo.

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¿Qué hace con Tito 2,13 y Hebreos 1,8?

En los dos versículos la Biblia llama Dios a Cristo con todas las letras, y en los dos la Traducción del Nuevo Mundo lo evita con un pequeño retoque.

En Tito 2,13 san Pablo habla de «nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo». El griego une los dos títulos bajo un solo artículo, tou, lo que en esa construcción señala a una sola persona. La versión de la Watch Tower añade una preposición que el griego no tiene —«del gran Dios y de nuestro Salvador, Jesucristo»— y así parte en dos lo que estaba unido. En Hebreos 1,8 el Padre se dirige al Hijo con el salmo 45: «Tu trono, oh Dios, por los siglos de los siglos». Ellos invierten la frase y escriben «Dios es tu trono para siempre», que convierte una aclamación al Hijo en una metáfora extraña y le retira el título. Dos versículos antes, en Hebreos 1,6, el mismo capítulo manda que «todos los ángeles de Dios» adoren al Hijo, con el verbo griego de la adoración, proskyneo; allí traducen «rindan homenaje».

¿Por qué cambia la coma de Lucas 23,43 y el tiempo de Juan 8,58?

Son dos retoques pequeños y del mismo estilo: mover un signo, cambiar un tiempo verbal, y la frase dice otra cosa.

En Lucas 23,43 Cristo promete al buen ladrón: «hoy estarás conmigo en el paraíso». La Traducción del Nuevo Mundo pone los dos puntos después de «hoy»: «Yo te aseguro hoy: estarás conmigo en el Paraíso», de modo que el «hoy» ya no marca cuándo estará en el paraíso, sino cuándo se lo dice. Es verdad que los manuscritos griegos antiguos no llevaban puntuación, así que la gramática sola no zanja el caso; pero «te aseguro hoy» no añade nada —no estaba hablando ayer—, y la lectura de toda la antigüedad cristiana une «hoy» a la promesa. En Juan 8,58 Cristo dice ego eimi, «yo soy», en presente, enfrentándolo al «llegar a ser» de Abrahán; la versión lo cambia por un pasado, «yo ya existía», y con ello borra el eco del nombre divino del Éxodo que sus oyentes sí captaron, porque acto seguido cogieron piedras.

¿Qué pasa con Zacarías 12,10 y Apocalipsis 1,7?

En Zacarías 12,10 habla el Señor y dice, en el texto hebreo: «mirarán hacia mí, a quien traspasaron, y harán duelo por él». El que habla es Dios, y el traspasado es Él. El Nuevo Testamento aplica esa profecía a Cristo crucificado dos veces: en Juan 19,37 y en Apocalipsis 1,7, donde se lee que «lo verán los que lo traspasaron», con el verbo griego exekentesan.

El problema para quien niega la divinidad de Cristo es que el versículo identifica al traspasado con el que habla, y el que habla es el Señor. No es un retoque aislado de un versículo, sino el mismo patrón de fondo: allí donde un texto cose a Cristo con el Dios único, la lectura tiene que forzarse para descoserlos.

¿Con qué autoridad mete «Jehová» 237 veces en el Nuevo Testamento?

Con ninguna que venga de los manuscritos. La Traducción del Nuevo Mundo introduce el nombre «Jehová» 237 veces en el Nuevo Testamento, pero no existe un solo manuscrito griego —y se conocen más de cinco mil— que contenga ahí el tetragrama hebreo. Los apóstoles, cuando citan el Antiguo Testamento, usan la palabra griega Kyrios, «Señor».

¿De dónde sacan, entonces, el nombre? Su propia edición interlineal, la Kingdom Interlinear, lo confiesa: de «versiones hebreas» del Nuevo Testamento, es decir, de traducciones del griego al hebreo hechas muchos siglos después. La única premoderna es el Mateo hebreo que se atribuye a Shem Tob, del siglo XIII o XIV, mil doscientos años posterior a los apóstoles. Reconstruir con eso lo que «tuvo que decir» el original es poner el nombre primero y buscarle el respaldo después. Y la maniobra tiene una consecuencia de fondo: muchos de esos lugares, en el original, aplican a Jesús títulos del Señor del Antiguo Testamento; cambiar «Señor» por «Jehová» rompe precisamente esa identificación.

¿Quién hizo esta traducción, y por qué importa?

No se sabe. El comité que la preparó quiso permanecer anónimo, de modo que no es posible comprobar la formación en lenguas bíblicas de quienes decidieron estas lecturas. En una obra científica, el autor da la cara y responde de su trabajo; aquí nadie responde. La Iglesia, en cambio, firma: sus versiones llevan el nombre de sus traductores y el juicio de la autoridad que las aprueba.

Puestos en fila, los cambios examinados no apuntan en direcciones distintas. Un artículo que aparece, una palabra que se añade, una preposición que se cuela, una coma que se desplaza, un presente que se vuelve pasado, un nombre que se inserta sin manuscrito: todos caen del mismo lado, el que niega que Cristo sea Dios. Esa es la razón por la que esta versión no es fiable donde más importa. No porque esté mal escrita, sino porque está hecha para sostener una doctrina decidida de antemano.

Preguntas frecuentes

¿Está mal toda la Traducción del Nuevo Mundo?

No. En la mayor parte del texto se lee como cualquier otra versión, y por eso resulta engañosa: los cambios doctrinales se concentran en un puñado de versículos clave sobre la divinidad de Cristo, el Espíritu Santo y el nombre de Dios. El problema no es la calidad general, sino que en esos puntos la traducción fuerza el griego hacia una doctrina fijada de antemano.

¿No es cierto que en Juan 1,1 «Dios» va sin artículo?

Sí, va sin artículo, pero eso no justifica «un dios». En griego un predicado antepuesto y sin artículo indica la naturaleza del sujeto, no que sea «uno» de una clase. La prueba la da la propia versión: en Juan 1,6.12.13.18 traduce ese mismo «Dios» sin artículo como «Dios», y solo en el versículo 1 pone «un dios».

¿Cuántas veces inserta «Jehová» en el Nuevo Testamento y con qué base?

Doscientas treinta y siete veces, sin que lo respalde ni uno solo de los más de cinco mil manuscritos griegos conocidos. La base declarada en su propia edición interlineal son «versiones hebreas» posteriores; la única premoderna es el Mateo hebreo atribuido a Shem Tob, de los siglos XIII-XIV.

¿Qué dijeron los especialistas sobre esta versión?

Bruce Metzger, experto en crítica textual del Nuevo Testamento, llamó «espantoso error» a la traducción de Juan 1,1 y advirtió que tomada en serio haría politeístas a sus lectores. Julius Mantey, autor de una gramática del griego muy conocida, escribió a la propia Watch Tower que esa lectura no es «ni erudita ni razonable».

¿Quién tradujo la Traducción del Nuevo Mundo?

Un comité que decidió permanecer anónimo, por lo que no puede comprobarse su competencia en hebreo y griego. En el trabajo serio el traductor firma y responde de sus decisiones; el anonimato impide ese control. Las versiones católicas, en cambio, llevan el nombre de sus autores y la aprobación de la autoridad eclesiástica.

¿Qué libro me ayuda a responder a estas objeciones?

La «Introducción a la Sagrada Escritura» del padre Gabriel Calvo Zarraute, porque detrás de cada objeción hay una traducción y detrás de cada traducción, una decisión sobre el texto. Quien sabe cómo se establece y se interpreta la Escritura no contesta un versículo suelto, sino la raíz común de todos ellos.

Dónde está de verdad la discusión

Habrá notado el lector que ninguna de estas respuestas se juega en un versículo solo. Se juegan todas en lo mismo: quién tiene autoridad para fijar el texto sagrado y para decir qué significa. Un artículo, una palabra, una coma: detrás de cada retoque hay una pregunta sobre el fundamento, y esa pregunta no se contesta versículo a versículo, sino de raíz.

Esa es la materia de la «Introducción a la Sagrada Escritura» del padre Gabriel Calvo Zarraute: el canon, la inspiración, la crítica textual, la relación entre Escritura y Tradición y los límites de la interpretación. Está en papel por 30,00 €; el envío es gratis en España a partir de 30 € de compra. También en ebook por 9,99 € y en audiolibro por 14,99 €.

Fuentes

  • Para el griego palabra por palabra de Juan 1,1 y de Colosenses 1,16-17: interlineal de Juan 1,1, donde se ve que theos va sin artículo, y texto griego de Colosenses 1,16, que dice ta panta y no contiene allos.
  • Para las lecturas que aquí se examinan, su propia edición: Juan 1 en la Traducción del Nuevo Mundo (revisión de 2019), con «un dios» en el versículo 1 y «Dios» en el 6, el 12, el 13 y el 18.
  • Bruce M. Metzger, «The Jehovah's Witnesses and Jesus Christ», en Theology Today, abril de 1953, donde califica de «espantoso error» la traducción de Juan 1,1.
  • Concilio de Nicea (325), que define al Hijo «Dios verdadero de Dios verdadero» y «de la misma sustancia que el Padre»: texto de los decretos conciliares.
  • Gabriel Calvo Zarraute, Introducción a la Sagrada Escritura, Páginas Contrarrevolucionarias.

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