¿Por qué celebramos la Navidad el 25 de diciembre?
Por Marcos Vera Pérez← Volver a «Preguntas sobre la Biblia»
La Iglesia celebra la Navidad el 25 de diciembre porque así se hacía ya en Roma antes del año 354, y lo que los documentos permiten afirmar es justamente lo contrario de la acusación corriente: no hay un solo testimonio de una fiesta pagana del Sol el 25 de diciembre anterior a esa fecha. El único documento antiguo que pone una fiesta solar ese día es el mismo —el Cronógrafo del año 354— que nos da también la noticia más antigua de la Navidad cristiana. No se puede decir, por tanto, que la Iglesia ocupara un día que ya estaba ocupado: no consta que lo estuviera.
Esto no cierra el asunto, y conviene decirlo desde el principio con toda honradez, porque aquí se miente mucho en las dos direcciones. Hay un debate académico abierto sobre de dónde salió exactamente el 25 de diciembre, y la explicación católica más clásica —la llamada hipótesis del cómputo, que lo deduce de una concepción el 25 de marzo— ha recibido objeciones serias y no está demostrada. Lo que sí está documentado, y con fechas, es que los cristianos del siglo III ya calculaban el día del nacimiento de Cristo por métodos propios, décadas antes de que el emperador Aureliano diera rango oficial al culto del Sol. Vamos por partes y con los papeles delante.

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¿Qué dice exactamente la acusación de origen pagano?
La objeción, repetida desde el siglo XVIII y hoy lugar común, sostiene que la Iglesia no sabía cuándo nació Cristo, que el 25 de diciembre era la fiesta del Sol Invictus —o bien el final de las Saturnales—, y que los cristianos pusieron la Navidad ese día para absorber una celebración pagana que no podían erradicar. De ahí se concluye que la fiesta es de origen idolátrico.
Hay que reconocer dos cosas, porque negarlas es hacer el ridículo. La primera: el Evangelio no da la fecha del nacimiento; san Lucas sitúa la escena con el censo y con los pastores en el campo, pero no escribe un día. La segunda, menos conocida: la tesis del origen pagano no es un invento protestante reciente. La Catholic Encyclopedia de 1908, en su artículo «Christmas», dice que la fiesta solar del Natalis Invicti del 25 de diciembre tiene «un sólido título» a la responsabilidad de la fecha de diciembre, e inclina el fiel a pensar que el mismo instinto que llevó a los paganos a celebrar en el solsticio llevó a los cristianos a celebrar ahí, sin adaptación deliberada ni cálculo.
Esa era la opinión común entre los eruditos católicos hace un siglo. Lo que ha cambiado desde entonces no es la doctrina: es la base documental.
¿Qué celebraban los romanos en diciembre?
Dos cosas distintas, y ninguna de las dos cae el 25.
Las Saturnales. Empezaban oficialmente el 17 de diciembre —XVI Kal. Ian.—. En tiempos de Cicerón ocupaban siete días contados de corrido, del 17 al 23; Augusto redujo la fiesta a tres días, y Macrobio explica en sus Saturnales (I,10) que, como el día exacto no era conocido por todos, la gente discrepaba y la fiesta acabó teniéndose por más larga de un solo día, con la Sigillaria en la última jornada. El dato relevante es simple: las Saturnales terminaban el 23. No eran el 25.
El Sol. El emperador Aureliano, en el año 274, dio al culto del Sol rango de religión del Estado: levantó en Roma un templo magnífico y creó un nuevo colegio de pontífices para servirlo. Lo recogen las fuentes antiguas —la Historia Augusta en la vida de Aureliano, Aurelio Víctor, Eutropio (IX,15,1) y Zósimo (I,61)—. Y aquí está la clave: ninguna de esas fuentes le atribuye una fiesta del 25 de diciembre. Los juegos de Sol que están documentados son cuadrienales y caen en octubre, del 19 al 22, y la dedicación del templo se conmemoraba el 28 de agosto.

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Steven Hijmans, que es el especialista que ha revisado este punto con más detalle, lo dice sin ambages: «no hay ninguna prueba explícita que afirme que la fiesta del 25 de diciembre fuese instituida por Aureliano» («Sol Invictus, the Winter Solstice, and the Origins of Christmas», Mouseion 47/3 [2003], pp. 377-398).
¿Qué es la hipótesis del cómputo y de dónde sale el 25 de marzo?
La hipótesis del cómputo —formulada en su forma moderna por Louis Duchesne en sus Origines du culte chrétien (1889)— sostiene que la fecha no se copió de nadie: se calculó. Si se fija la muerte de Cristo el 25 de marzo y se admite la idea, muy extendida entre los antiguos, de que el Redentor fue concebido el mismo día del año en que murió, la Encarnación cae el 25 de marzo; y nueve meses después, el 25 de diciembre.
Hay dos piezas del siglo III que se citan siempre, y conviene mirarlas una por una porque no dicen lo mismo:
- Sexto Julio Africano, Chronographiai, hacia el año 221. La obra se ha perdido y solo se conoce por fragmentos transmitidos por Eusebio y por Sincelo. Africano situó la Encarnación en el año 5501 del mundo, la crucifixión en el 5531 y la resurrección al comienzo del 5532, en el año 31, cuando el 25 de marzo cayó en domingo. C. Philipp E. Nothaft, que es quien ha defendido con más rigor la hipótesis, sostiene que Africano articuló toda su cronología en torno al 25 de marzo y que, por tanto, la Encarnación caería ese día y el nacimiento en el invierno siguiente, «acaso incluso» el 25 de diciembre. Y añade lo que hay que añadir: que esto es una inferencia a partir de su cronología, no una afirmación expresa de Africano, y que no puede demostrarse con certeza (Questions Liturgiques 94 [2013], pp. 247-265).
- El De Pascha computus, del año 243. Es un tratado anónimo norteafricano, atribuido falsamente a san Cipriano. Y aquí hay que ser escrupuloso, porque este texto se cita a menudo mal: no da el 25 de diciembre. Da el 28 de marzo, y por una razón teológica expresa: ese era, en su cómputo, el cuarto día de la creación, el día en que fue hecho el sol material. Lo que este tratado demuestra, por tanto, no es la fecha, sino el método: que en el año 243 los cristianos ya databan el nacimiento de Cristo razonando sobre el cómputo de la Pascua y sobre la creación del sol, con Cristo como «sol de justicia».
Que se trataba de un cálculo propio y no de un préstamo lo confirma Clemente de Alejandría, hacia el año 200, en el libro I de los Stromata: cuenta que ciertos estudiosos egipcios habían asignado la fecha «con excesiva curiosidad» —unos el 25 de Pachón (20 de mayo), otros el 24 o el 25 de Farmuti (19 o 20 de abril)— y menciona la conmemoración de los basilidianos el 10 o el 6 de enero. En el año 200 los cristianos discutían la fecha entre ellos, con cómputos egipcios y propuestas de primavera. No estaban mirando el calendario romano.
¿Cuándo se documenta por primera vez el 25 de diciembre cristiano?
En el Cronógrafo del año 354, un códice ilustrado que el calígrafo Furio Dionisio Filócalo compuso en Roma para un cristiano acomodado llamado Valentino. Dos de sus partes importan aquí, y las dos se pueden leer hoy.
La primera es la Depositio martirum, la lista de conmemoraciones de los mártires. Su primera línea dice, en latín: «VIII kal. Ian. natus Christus in Betleem Iudeae» —«el octavo día antes de las calendas de enero, nació Cristo en Belén de Judea»—. El octavo día antes de las calendas de enero es el 25 de diciembre. Es la noticia más antigua que existe de la Navidad como fiesta anual.
La segunda es el calendario civil del mismo códice, que en ese mismo día anota: «N·INVICTI·CM·XXX». Se lee Natalis Invicti, circenses missus XXX: natalicio del Invicto, treinta carreras de circo.
Sobre la antigüedad del asiento cristiano, Nothaft recuerda que la lista de mártires va unida a una lista de obispos cuya versión original se remonta al año 336, lo que suele tomarse como la fecha más tardía posible para la institución de la Navidad; y advierte, con razón, que la autenticidad de los asientos navideños ha sido discutida, con defensores y críticos en ambos lados.
¿Dónde está, entonces, el problema cronológico de la acusación?
Compare las fechas y véalo por sí mismo.
- Hacia el año 200, los cristianos ya discuten la fecha del nacimiento con cómputos propios (Clemente de Alejandría).
- Hacia el 221, la cronología de Africano se articula en torno al 25 de marzo.
- En el 243, el De Pascha computus data el nacimiento razonando sobre la creación del sol.
- En el 274, Aureliano da rango oficial al culto del Sol: templo, pontífices y juegos en octubre. Ninguna fuente antigua le atribuye una fiesta el 25 de diciembre.
- En el 354, y por primera vez, un documento pone en el 25 de diciembre dos cosas a la vez: el nacimiento de Cristo y el natalicio del Invicto.
De manera que la acusación pide que se dé por cierto un hecho que no está documentado: la existencia previa de una fiesta solar el 25 de diciembre. Hijmans lo formula así: «no hay ninguna prueba firme de que esta fiesta de Sol del 25 de diciembre sea anterior a la fiesta de la Navidad», y añade que el 25 de diciembre «no era ni una fiesta oficial antigua ni una fiesta especialmente importante de Sol». Él mismo llega a proponer —y lo califica expresamente de «puramente conjetural», lo que hay que respetar al citarlo— que las treinta carreras pudieran ser una reacción pagana a la celebración cristiana, y no al revés.
Esto es lo que los documentos permiten sostener: que no puede demostrarse que la Iglesia cristianizara una fiesta solar preexistente del 25 de diciembre, porque ninguna consta antes. Nada más, y nada menos.
¿Está cerrado el debate sobre el origen de la fecha?
No, y quien diga lo contrario está yendo más allá de lo que se puede probar. Conviene saber cómo está el estado de la cuestión, porque esto da autoridad y no la quita.
La hipótesis del cómputo ha perdido terreno. Hans Förster, en una monografía de 2007, la criticó por incoherencias lógicas y por atribuir a los cristianos de los primeros siglos una habilidad especulativa excesiva, y propuso una explicación distinta, ligada a la peregrinación a Tierra Santa en el siglo IV. Nothaft, en el trabajo citado, no defiende el cómputo como explicación única, sino como explicación complementaria que podría convivir con las otras; sostiene que la especulación cronológica del siglo III proporcionó las herramientas para fijar una fecha así, y reconoce que la cuestión de la influencia pagana sigue sin resolverse con la documentación disponible.
Y hay que decir algo más, que es lo que de verdad importa para un católico: la fecha no es materia de fe. Lo que se cree es la Encarnación, no el día del calendario. La Iglesia fija sus fiestas por su propia autoridad, como fijó el domingo en lugar del sábado, y esa autoridad no depende de haber acertado una efemérides. Si mañana apareciera un papiro que demostrase que el nacimiento fue en abril, la Navidad del 25 de diciembre seguiría siendo la fiesta de la Encarnación, exactamente igual que hoy.
¿Y la objeción de que la Biblia no manda celebrar cumpleaños?
Es una objeción que no se sostiene, y por tres razones de distinto peso.
La primera, sobre los dos cumpleaños que la Escritura menciona. Son el del faraón, en Génesis 40,20 —«Exinde dies tertius natalicius pharaonis erat»—, y el de Herodes, en Mateo 14,6 —«Die autem natalis Herodis»—. Se citan porque en los dos ocurre algo malo. Pero lo que el texto reprueba no es la celebración: es un ahorcamiento en un caso y una decapitación en el otro. De que en una fiesta se cometa un crimen no se sigue que la fiesta sea mala, igual que de la traición en la Última Cena no se sigue nada contra la Pascua.
La segunda, sobre el argumento de silencio. «La Biblia no lo manda» no es un argumento, porque la Biblia no manda la mayor parte de lo que hace cualquier cristiano: no manda un canon escrito de libros inspirados ni el nombre de los días. Quien exige un mandato expreso para cada práctica tendría que empezar por explicar con qué mandato escrito decidió qué libros son la Biblia.
Y la tercera, que es la decisiva, porque está dentro de la Escritura. La Biblia muestra fiestas instituidas por hombres, no mandadas por la Ley, y las presenta como buenas. Los judíos establecieron por sí mismos los días de Purim y los recibieron, dice el texto, «como rito solemne que nunca había de cambiarse» (Est 9,26-28). Y Judas Macabeo, sus hermanos y toda la asamblea de Israel establecieron que los días de la dedicación del altar se celebrasen «de año en año, durante ocho días, desde el día veinticinco del mes de Casleu, con alegría y gozo» (1 Mac 4,56-59).
Esa segunda fiesta, instituida por hombres y no por Moisés, reaparece en el Evangelio con un detalle que zanja la cuestión: «Se celebraban entonces en Jerusalén las fiestas de la Dedicación. Era invierno; y Jesús paseaba en el Templo, en el pórtico de Salomón» (Jn 10,22-23). Nuestro Señor estaba en el Templo durante una fiesta que la Ley no mandaba y que había fijado la autoridad del pueblo de Dios. Si eso era legítimo entonces, la Iglesia no necesita más licencia para fijar el día en que conmemora que el Verbo se hizo carne.
Y ahí está la confusión de fondo de la objeción: la Navidad no es la fiesta de cumpleaños de un hombre, sino la conmemoración litúrgica de un misterio. No celebramos que Jesús cumple años: celebramos que Dios se hizo hombre.
Preguntas frecuentes
¿Dice la Biblia cuándo nació Jesús?
No da el día. San Lucas sitúa el nacimiento con el censo y con los pastores en el campo, pero no escribe una fecha. Esto lo reconoce cualquier autor católico, y fue precisamente lo que llevó a los cristianos de los siglos II y III a intentar calcularla por su cuenta, con resultados distintos entre sí.
¿Era el 25 de diciembre la fiesta del Sol Invicto antes que la Navidad?
No consta. El único documento antiguo que pone una fiesta de Sol ese día es el Cronógrafo del año 354, que es el mismo que da la noticia más antigua de la Navidad. Steven Hijmans concluye que «no hay ninguna prueba firme de que esta fiesta de Sol del 25 de diciembre sea anterior a la fiesta de la Navidad».
¿Qué instituyó entonces Aureliano en el año 274?
Dio al culto del Sol rango de religión del Estado: construyó un templo en Roma y creó un colegio de pontífices para servirlo, según la «Historia Augusta», Aurelio Víctor, Eutropio y Zósimo. Los juegos de Sol documentados son cuadrienales y caen en octubre, y la dedicación del templo se recordaba el 28 de agosto. Ninguna fuente antigua le atribuye una fiesta el 25 de diciembre.
¿Coinciden las Saturnales con la Navidad?
No. Las Saturnales empezaban el 17 de diciembre y, en su extensión más larga, terminaban el 23; Augusto llegó a reducirlas a tres días. Macrobio explica en sus «Saturnales» I,10 por qué la duración variaba. El 25 de diciembre queda fuera.
¿Está demostrada la hipótesis del cómputo del 25 de marzo?
No, y hay que decirlo. Está documentado que en el siglo III los cristianos calculaban la fecha: Africano hacia el 221 y el «De Pascha computus» en el 243, aunque este último da el 28 de marzo, no el 25 de diciembre. Que de ahí saliera el 25 de diciembre es la propuesta de Duchesne, defendida hoy por Nothaft como explicación complementaria y criticada por Hans Förster en 2007.
¿Qué libro ayuda a responder bien a estas objeciones?
La «Introducción a la Sagrada Escritura» del padre Gabriel Calvo Zarraute, porque detrás de esta objeción hay otra más honda: la de que solo vale lo que está escrito en la Biblia. Sin resolver eso, se contesta una fecha y aparecen veinte preguntas más.
La objeción de fondo no es el calendario
Quien plantea que la Navidad es pagana no suele venir por la cronología. Viene por un principio: que solo es legítimo lo que la Biblia manda expresamente, y que la Iglesia no tiene autoridad para fijar nada. Esa es la discusión de verdad, y no se gana con un dato del año 354, sino sabiendo cómo se formó la Escritura, quién la reconoció como inspirada y con qué autoridad se lee.
Eso es lo que enseña la «Introducción a la Sagrada Escritura» del padre Gabriel Calvo Zarraute: el canon, la inspiración, los géneros literarios, la relación entre Escritura y Tradición y los límites de la interpretación privada. Está en papel por 30,00 €; el envío es gratis en España a partir de 30 € de compra. También en ebook por 9,99 € y en audiolibro por 14,99 €.
Fuentes
- Cronógrafo del año 354, parte 12, Depositio martirum, cuya primera línea dice «VIII kal. Ian. natus Christus in Betleem Iudeae» (edición de los Monumenta Germaniae Historica, Chronica minora I, 1892, pp. 71-72): texto latino completo. Y el calendario civil del mismo códice, que anota ese día «N·INVICTI·CM·XXX»: texto del calendario, con la tabla de abreviaturas.
- Steven Hijmans, «Sol Invictus, the Winter Solstice, and the Origins of Christmas», Mouseion: Journal of the Classical Association of Canada 47/3 (2003), pp. 377-398, de donde son las dos citas sobre la falta de pruebas de una fiesta solar del 25 de diciembre anterior a la Navidad: ficha del artículo.
- C. Philipp E. Nothaft, «Early Christian Chronology and the Origins of the Christmas Date: In Defense of the “Calculation Theory”», Questions Liturgiques 94 (2013), n. 3, pp. 247-265, para la cronología de Julio Africano, el De Pascha computus, la lista de obispos del año 336 y el estado del debate con Hans Förster: ficha del artículo.
- Catholic Encyclopedia (1908), artículo «Christmas», para el Natalis Invicti con «un sólido título» a la fecha de diciembre, el 28 de marzo del De Pascha computus «porque ese día fue creado el sol material» y las fechas que recoge Clemente de Alejandría en Stromata I,21: texto en New Advent.
- Para las Saturnales del 17 al 23 de diciembre, la reducción a tres días por Augusto y los pasajes de Macrobio, Saturnales I,10: «Saturnalia», en la Encyclopaedia Romana de la Universidad de Chicago. Y para Aureliano, el templo de Sol y los juegos de octubre, con las referencias a la Historia Augusta, Eutropio y Zósimo: «Sol Invictus», en la misma obra.
- Los textos bíblicos citados, en la Neovulgata: Génesis 40,20 en el Génesis; Ester 9,26-28 en Ester; 1 Macabeos 4,56-59 en 1 Macabeos; y Juan 10,22-23 («Facta sunt tunc Encaenia in Hierosolymis. Hiems erat») en el Evangelio de San Juan.
- Gabriel Calvo Zarraute, Introducción a la Sagrada Escritura, Páginas Contrarrevolucionarias.