Pilas de libros antiguos encuadernados en cuero y un libro abierto sobre una mesa de madera, junto a un pergamino enrollado, en una biblioteca en penumbra, con el titular «¿Solo 144.000 van al cielo?» y el sello de Páginas Contrarrevolucionarias.

¿Solo 144.000 van al cielo?

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No. El número de 144.000 sale de un solo libro de la Biblia, el Apocalipsis, y el propio capítulo que lo da deshace la lectura en cuanto se lee entero. San Juan oye primero «el número de los sellados»: 144.000, y el texto dice de dónde se cuentan, de todas las tribus de los hijos de Israel, y las enumera una por una, a doce mil cada una. Y cinco versículos después, sin solución de continuidad, ve otra cosa: «una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas», y esa muchedumbre está de pie delante del trono y en presencia del Cordero. En el Apocalipsis, el trono está en el cielo.

De manera que la misma página que da la cifra da también la muchedumbre innumerable, y la coloca donde se dice que no cabe nadie más. No hace falta discutir el número para responder a la pregunta: basta seguir leyendo cuatro líneas. Pero el número también tiene explicación, y la doctrina católica sobre quién ve a Dios está definida por escrito desde 1336. Vamos por orden.

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¿Qué dice exactamente Apocalipsis 7?

Dice dos cosas seguidas, y conviene separarlas. La primera, en los versículos 4 al 8: «Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel». Y acto seguido el texto hace algo que casi nunca se cita: los desglosa. «De la tribu de Judá, doce mil sellados; de la tribu de Rubén, doce mil; de la tribu de Gad, doce mil», y así hasta doce tribus: Judá, Rubén, Gad, Aser, Neftalí, Manasés, Simeón, Leví, Isacar, Zabulón, José y Benjamín.

Esto importa porque fija de qué está hablando el texto. No dice «144.000 personas de la humanidad entera»: dice doce mil por cada tribu de Israel. Si alguien quiere leer la cifra al pie de la letra, tiene que leer también al pie de la letra el reparto, y entonces el cielo quedaría reservado a israelitas distribuidos por tribus, en cupos iguales, doce mil exactos de cada una. Nadie sostiene eso, ni quienes defienden el número literal. En el momento en que se admite que las tribus son simbólicas, ya se ha admitido que el conjunto es simbólico.

¿Y quién es la «muchedumbre inmensa» del versículo 9?

El versículo 9 abre una visión nueva: «Después de esto vi, y he aquí una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y en presencia del Cordero, vestidos de túnicas blancas y con palmas en las manos».

Los dos grupos se distinguen por su procedencia, no por su destino. Los primeros se cuentan de las tribus de Israel; los segundos, de todas las naciones. Y los segundos, los innumerables, son precisamente los que el texto sitúa de pie ante el trono, es decir, en el cielo: en los versículos siguientes están los ángeles «alrededor del trono» y uno de los ancianos explica quiénes son los de las túnicas blancas. La Enciclopedia Católica, al resumir el capítulo, describe exactamente así los dos grupos: «144.000 judíos, doce mil de cada tribu» y «una multitud innumerable escogida de todas las naciones y lenguas».

Dicho de otro modo: si el capítulo 7 pusiera un tope de 144.000 plazas en el cielo, el mismo capítulo 7 lo estaría desmintiendo cinco versículos después, y en el mismo escenario.

¿Por qué 144.000 es un número simbólico?

Porque el Apocalipsis cuenta con símbolos de principio a fin, y lo hace a la vista del lector. Hay siete iglesias, siete sellos, siete trompetas, siete copas; hay cuatro jinetes y cuatro vivientes; hay mil años; hay un número que el propio libro pide descifrar, el 666, y para el que dice en voz alta: «aquí está la sabiduría; quien tenga inteligencia, calcule». Un libro que avisa de que sus números hay que calcularlos no está pidiendo que se tomen como un censo.

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Y 144.000 se descompone sin esfuerzo: doce tribus multiplicadas por doce mil, es decir, 12 × 12 × 1.000. El doce es el número del pueblo de Dios, el de las tribus y el de los apóstoles; el mismo Apocalipsis pone los nombres de las doce tribus en las puertas de la Jerusalén celestial y los de los doce apóstoles en sus cimientos. El mil, en la Escritura, es la cifra de la multitud. La Enciclopedia Católica lo dice de ese número con todas las letras: «el número 1.000 ha de tomarse indefinidamente». Multiplicar el pueblo de la Antigua Alianza por el pueblo de la Nueva y elevarlo por la cifra de la muchedumbre no da un cupo: da una plenitud. Es la manera que tiene el Apocalipsis de decir «todos», y decirlo con solemnidad.

¿Qué pasa si se lee el número al pie de la letra?

Que el Apocalipsis mismo lo vuelve insostenible, y no por una sutileza, sino por el capítulo 14, el otro lugar donde aparece la cifra. Allí Juan ve al Cordero «de pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que llevaban escrito en la frente su nombre y el nombre de su Padre», y añade dos precisiones.

La primera: «Estos son los que no se han manchado con mujeres, pues son vírgenes» (14,4). Leído literalmente, junto con el reparto por tribus del capítulo 7, el resultado sería que el cielo lo componen ciento cuarenta y cuatro mil varones israelitas célibes, doce mil por tribu. No hay nadie que sostenga semejante cosa. Quien toma el número al pie de la letra tiene que volverse simbólico justo en el versículo siguiente, y ese cambio de criterio a mitad de frase es el que no se puede justificar.

La segunda: el mismo versículo los llama «primicias para Dios y para el Cordero». Una primicia es, por definición, la primera parte de una cosecha mayor. Si los 144.000 fueran el total, no serían primicias de nada. El término exige una siega detrás, y la siega es precisamente la muchedumbre que nadie puede contar.

¿Qué enseñan los testigos de Jehová y de dónde lo sacan?

Conviene exponerlo con exactitud y sin caricatura, porque es una doctrina articulada y merece una respuesta a la altura. Los testigos de Jehová toman los 144.000 como una cifra literal: es el número de los «ungidos», los que tendrán esperanza celestial y reinarán con Cristo; la «gran muchedumbre» de Apocalipsis 7,9 sería, en cambio, un segundo grupo con esperanza terrenal, destinado a vivir eternamente en la tierra, no en el cielo.

Su propia revista lo expone y además fecha el cierre del grupo. En «The Watchtower» del 15 de agosto de 1996, en la sección de preguntas de los lectores, se afirma que «hay buena razón para creer que el número de 144.000 cristianos ungidos quedó completo hace décadas» y que «parece que, a mediados de los años treinta, el número completo de los 144.000 quedó básicamente completado», y que entonces «empezó a aparecer un grupo de cristianos leales con la esperanza terrenal». La traducción es nuestra; el original está en inglés.

El problema de esa lectura no es que sea insólita: es que no está en el texto. Apocalipsis 7,9 no dice que la muchedumbre esté en la tierra; dice que está «de pie delante del trono y en presencia del Cordero». La distinción entre esperanza celestial y esperanza terrenal es la que hay que traer de fuera para sostener el cupo, y en cuanto se lee el capítulo seguido, sin ella, el cupo desaparece. Y una lectura que necesita fechar en los años treinta del siglo XX el cierre de las plazas del cielo está, de hecho, reconociendo que el número no se puede comprobar en la Escritura.

¿Qué enseña la Iglesia sobre quién ve a Dios?

La Iglesia no ha dejado esto a la conjetura: lo tiene definido. El 29 de enero de 1336, en Aviñón, el papa Benedicto XII promulgó la constitución Benedictus Deus, y allí definió que las almas de los justos —los que murieron antes de la pasión de Cristo, y los fieles difuntos que nada tenían que purgar o que ya quedaron purificados— «ven y verán la esencia divina con visión intuitiva y también facial», y lo verán antes de la resurrección del cuerpo y del juicio general, sin que ninguna criatura medie como objeto de esa visión. Es lo que se llama la visión beatífica, y es el cielo.

Repárese en lo que no dice: no dice cuántos. Dice «las almas» de quienes mueren en gracia, sin número y sin cupo. El Catecismo lo recoge en los mismos términos: «Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular» (n. 1022), y de los bienaventurados afirma que «son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven "tal cual es", cara a cara» (n. 1023). El cielo, dice el n. 1024, es «esta vida perfecta con la Santísima Trinidad».

Y detrás está la voluntad de Dios tal como la formula san Pablo: Dios «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,4). No todos se salvan, porque el hombre puede rechazar esa voluntad; pero no hay un aforo. La condición para ver a Dios no es entrar en una lista de ciento cuarenta y cuatro mil: es morir en su gracia.

Preguntas frecuentes

¿Dónde aparece el número 144.000 en la Biblia?

En dos lugares, los dos en el Apocalipsis: en 7,4-8, donde se cuentan doce mil por cada una de las doce tribus de Israel, y en 14,1-5, donde los 144.000 están con el Cordero en el monte Sión y se los llama «primicias para Dios y para el Cordero». No aparece en ningún otro libro de la Escritura.

¿Por qué el número es simbólico y no literal?

Porque se descompone en 12 × 12 × 1.000: las doce tribus, por doce mil cada una. El doce es la cifra del pueblo de Dios, y el mil, la de la multitud; la Enciclopedia Católica dice del número mil en el Apocalipsis que «ha de tomarse indefinidamente». Además, el propio libro pide calcular sus números, como hace con el 666.

¿Quiénes son la «gran muchedumbre» de Apocalipsis 7,9?

Los salvados venidos «de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas», tantos que «nadie podía contar». El texto los sitúa «de pie delante del trono y en presencia del Cordero», es decir, en el cielo, con túnicas blancas y palmas. Se distinguen del primer grupo por su procedencia, no por su destino.

¿Qué dice Apocalipsis 14,4 y por qué complica la lectura literal?

Dice de los 144.000 que «no se han manchado con mujeres, pues son vírgenes». Tomado al pie de la letra, y junto al reparto por tribus del capítulo 7, el cielo quedaría compuesto por varones israelitas célibes, doce mil por tribu. Nadie lo sostiene, lo que muestra que la cifra se lee simbólicamente en cuanto se lee el pasaje entero.

¿Cuándo definió la Iglesia que los justos ven a Dios?

El 29 de enero de 1336, con la constitución «Benedictus Deus» del papa Benedicto XII, dada en Aviñón. Define que las almas de los justos ya purificadas ven la esencia divina con visión intuitiva y facial, antes de la resurrección del cuerpo y del juicio general. El Catecismo lo recoge en los nn. 1022 a 1024.

¿Hay un número máximo de personas que puedan salvarse?

La Escritura no da ninguno, y el Magisterio tampoco. San Pablo enseña que Dios «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,4). No todos se salvan, porque la gracia se puede rechazar; pero la condición para ver a Dios es morir en su gracia, no figurar en una lista cerrada.

Dónde aprender a leer estos pasajes

Casi todas las discusiones de este tipo se resuelven del mismo modo: leyendo el pasaje entero, sabiendo de qué género literario es el libro y sabiendo qué ha dicho la Iglesia al respecto. El Apocalipsis es el caso extremo, porque es el libro más simbólico de la Biblia y el que peor soporta que se le saquen cifras de contexto. Quien aprende a situar un libro —cuándo se escribió, para quién, con qué lenguaje, y cómo lo ha leído siempre la Iglesia— deja de necesitar que alguien le resuelva cada objeción una por una.

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Fuentes

  • Apocalipsis 7,1-17 y 14,1-5, texto latino oficial: Nova Vulgata, Apocalypsis Ioannis, en vatican.va. Apoc 7,4: «centum quadraginta quattuor milia signati ex omni tribu filiorum Israel»; 7,9: «turba magna, quam dinumerare nemo poterat… stantes ante thronum»; 14,4: «virgines enim sunt… primitiae Deo et Agno».
  • Benedicto XII, constitución Benedictus Deus, Aviñón, 29 de enero de 1336: texto latino en vatican.va. «Vident et videbunt divinam essentiam visione intuitiva et etiam faciali».
  • Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1020-1029 (juicio particular, cielo y visión beatífica): «Creo en la vida eterna», versión española en vatican.va.
  • Enciclopedia Católica, artículo Apocalypse, sobre los dos grupos del capítulo 7 y el valor indefinido del número mil: texto en New Advent.
  • Para la postura de los testigos de Jehová, su propia publicación: «Questions From Readers», The Watchtower, 15 de agosto de 1996, pp. 30-31, donde se afirma que el número de los 144.000 «quedó básicamente completado» a mediados de los años treinta.
  • Gabriel Calvo Zarraute, Introducción a la Sagrada Escritura, Páginas Contrarrevolucionarias.

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