Manuscrito medieval iluminado abierto sobre una mesa de escritorio antiguo

Quitaron de la Biblia el libro que habla del purgatorio y se quedaron tan anchos

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La discusión suele empezar igual. Usted cita 2 Macabeos 12,46 —«es un pensamiento santo y saludable rogar por los difuntos, para que queden libres de sus pecados»— y su interlocutor contesta que ese libro no es Palabra de Dios. Fin de la conversación.

Conviene saber por qué ese libro dejó de estar en su Biblia. No se cayó solo. Y la razón la explicó con una franqueza brutal el cardenal Gibbons en The Faith of Our Fathers: al no poder debilitar la fuerza del texto por ninguna evasiva, los reformadores tiraron por la borda los libros de los Macabeos, «como quien asesina a un testigo hostil».

¿Qué dice exactamente 2 Macabeos 12?

El pasaje narra un hecho concreto. Terminada una batalla, Judas Macabeo descubre que algunos de los caídos llevaban encima objetos consagrados a los ídolos. Y entonces hace esto:

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«Y haciendo una colecta, envió doce mil dracmas de plata a Jerusalén para que se ofreciese un sacrificio por los pecados de los difuntos, pensando bien y religiosamente acerca de la resurrección. Porque si no hubiera esperado que los caídos habían de resucitar, habría parecido superfluo y vano rogar por los muertos... Es, por tanto, un pensamiento santo y saludable rogar por los difuntos, para que queden libres de sus pecados.»

Gibbons lo comenta en una línea: estas palabras son tan contundentes que ningún comentario suyo podría aclararlas más. Y tiene razón. El texto afirma tres cosas encadenadas: que hay difuntos que todavía tienen pecados; que esos pecados pueden quedar sueltos; y que rogar por ellos es santo y saludable. Eso es el purgatorio, con otro nombre y tres siglos antes de Cristo.

Por qué ese versículo era un problema

Si la justificación es solo por la fe y la obra del creyente no añade ni quita nada, entonces no hay estado intermedio, no hay purificación después de la muerte y rogar por los difuntos no sirve para nada. El versículo de los Macabeos no admite esa lectura por ningún lado.

Henry G. Graham, en Where We Got the Bible, describe el mecanismo sin rodeos: cuando un libro enseñaba una doctrina repugnante al gusto individual de Lutero —y pone precisamente el ejemplo de los Macabeos y de esa frase sobre rogar por los muertos—, tanto peor para el libro: por la borda. Junto con él salieron Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y los dos libros de los Macabeos, más siete capítulos de Ester y sesenta y seis versículos del capítulo tercero de Daniel.

No fue un descuido de copista ni una discusión de eruditos sobre manuscritos. Fue una decisión doctrinal tomada en el siglo XVI sobre unos libros que llevaban en todos los catálogos de la Escritura desde el siglo IV.

Aunque no fuera inspirado, seguiría siendo historia

Aquí está el argumento que casi nadie utiliza y que cierra la salida de emergencia. Lo formula el padre Searle en Plain Facts for Fair Minds.

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Concedamos por un momento lo que el protestante pide: que 2 Macabeos no sea libro inspirado. Muy bien. Sigue siendo un documento histórico, y nadie ha negado nunca que lo sea. Lo que ese documento atestigua es que el pueblo judío, dos siglos antes de Cristo, ofrecía sacrificios por los difuntos y lo tenía por cosa piadosa. Y añade Searle un detalle que remata: los judíos de hoy siguen rezando por sus muertos, como lo hacían sus padres.

De modo que la práctica está documentada, era pública, y nadie en el judaísmo protestó contra ella. La pregunta que queda en el aire es la siguiente.

¿Reprendió Cristo alguna vez a los judíos por rezar por los muertos?

Gibbons construye aquí el argumento más limpio del capítulo. Cristo no vino a dejar intacto lo que había: corrigió a los fariseos una y otra vez. Les reprochó prohibir las obras de caridad en sábado y, en el capítulo veintitrés de San Mateo, les recita un catálogo entero de innovaciones en la doctrina y en la disciplina.

Y sin embargo, ni una sola vez reprendió a los judíos por creer en un estado intermedio ni por rogar por sus difuntos, siendo como era una práctica extendida y conocida por Él. El silencio de Cristo, en un hombre que no se calló ninguna otra cosa, no es un silencio neutral.

Mateo 12,32: pecados que se perdonan en el siglo venidero

Hay más, y esta vez en el Nuevo Testamento, que es el terreno que el protestante acepta sin discusión.

Dice el Señor: «A cualquiera que hablare una palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; pero al que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado ni en este siglo ni en el venidero» (Mt 12,32).

Gibbons razona sobre esa frase con una lógica que no tiene escapatoria. Si Cristo declara que hay un pecado que no se perdonará en la vida futura, está dando a entender que hay otros que sí se perdonarán en ella. Ahora bien: en el cielo no pueden perdonarse, porque nada manchado entra allí; y en el infierno tampoco, porque del infierno no hay redención. Luego han de perdonarse en un estado intermedio.

No es un juego de palabras. Es la única lectura que deja en pie todos los términos de la frase.

1 Corintios 3: el fuego que prueba la obra

San Pablo escribe que la obra de cada uno se manifestará en el día del Señor, que el fuego probará de qué calidad es la obra de cada cual, y que si la obra de alguno se quemare sufrirá detrimento, «pero él se salvará, mas así como por fuego» (1 Cor 3,13-15).

Fíjese en lo que dice: ese hombre se salva, pero pasando por un fuego que le hace sufrir. No es el infierno, porque se salva. No es el cielo, porque sufre detrimento. Es exactamente el estado que la Iglesia llama purgatorio.

Qué es el purgatorio y qué no es

Conviene precisarlo, porque circula mucha caricatura. El purgatorio no es una segunda oportunidad: quien está allí está salvado y llegará al cielo con certeza. No es un castigo vengativo: es una purificación. Y no es una invención medieval para recaudar dinero, como se repite sin comprobarlo.

Gibbons hace notar algo que llama la atención en el propio texto conciliar: el concilio se abstiene deliberadamente de especificar la naturaleza de los sufrimientos expiatorios que allí se padecen. La Iglesia define que el estado existe y que las almas son ayudadas por los sufragios de los fieles. Lo demás —el fuego material, la duración, la geografía— no está definido, y quien lo presenta como dogma se equivoca.

Y Gibbons recuerda la última razón, que no es teológica sino humana: es una doctrina consonante con la razón y sumamente consoladora para el corazón. Quien ha enterrado a un padre imperfecto sabe exactamente por qué.

Lo que hay detrás de la mutilación

Merece la pena ver el conjunto. El canon de la Escritura quedó fijado por los concilios de Hipona y de Cartago en el siglo IV, bajo la influencia de San Agustín, y confirmado por los papas Inocencio I en 405 y Gelasio en 494, con listas idénticas. Esa fue la Biblia del cristianismo durante mil doscientos años.

En el siglo XVI, siete libros de esa lista desaparecen de las ediciones protestantes. Y desaparecen, no por un hallazgo de manuscritos, sino porque contenían doctrina que no encajaba. La pregunta que hay que hacer, con toda educación, es esta: ¿qué autoridad tenía quien los quitó, si la misma autoridad que los había puesto era la de la Iglesia que recibió, copió y declaró inspirada toda la Escritura?

Puede ver la historia completa en quién quitó los 7 libros de la Biblia y el detalle de cada uno en los siete libros que faltan en las biblias protestantes.

Cómo responder en tres frases

  1. Si 2 Macabeos no es inspirado, sigue siendo un documento histórico: prueba que los judíos rezaban por sus muertos dos siglos antes de Cristo.
  2. Cristo corrigió a los fariseos en decenas de puntos y jamás les reprochó esa práctica.
  3. En Mateo 12,32 Él mismo habla de pecados que no se perdonan «en el siglo venidero», lo cual supone que hay otros que sí.

Ninguna de las tres depende de que el otro acepte el canon católico.

Preguntas frecuentes

¿Está el purgatorio en la Biblia?

Sí. En el Antiguo Testamento, en 2 Macabeos 12,43-46, donde Judas Macabeo manda ofrecer sacrificio por los difuntos «para que queden libres de sus pecados». En el Nuevo, está insinuado en Mateo 12,32 y en 1 Corintios 3,13-15, donde San Pablo habla de quien se salva «así como por fuego».

¿Por qué los protestantes quitaron el libro de los Macabeos?

Porque enseñaba con claridad la oración por los difuntos, incompatible con la justificación solo por la fe. El cardenal Gibbons lo describió diciendo que, al no poder debilitar el texto, lo tiraron por la borda «como quien asesina a un testigo hostil».

¿Sirve de algo 2 Macabeos si un protestante no lo acepta como inspirado?

Sí. Aunque se le niegue la inspiración, nadie ha negado nunca su valor como documento histórico, y lo que ese documento atestigua es que rogar por los muertos era práctica establecida en Israel dos siglos antes de Cristo, sin protesta alguna.

¿Qué es exactamente el purgatorio?

Un estado de purificación posterior a la muerte por el que pasan quienes mueren en gracia de Dios pero con pecados veniales o con la pena temporal sin satisfacer. Quien está en él se salva con certeza. La Iglesia no ha definido la naturaleza de esas penas.

¿Reprendió Jesús a los judíos por rezar por los difuntos?

Nunca. Corrigió a los fariseos en multitud de puntos de doctrina y de disciplina, incluido un catálogo entero en Mateo 23, pero jamás censuró la creencia en un estado intermedio ni la oración por los muertos, que eran prácticas conocidas y extendidas.

¿Es el purgatorio una invención medieval para recaudar dinero?

No. La práctica de orar por los difuntos está documentada antes de Cristo y en las liturgias antiguas tanto de Oriente como de Occidente, y los Padres la proclaman unánimemente. Es anterior en más de mil años a cualquier abuso medieval.

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El libro

Por qué la Iglesia tiene por inspirados esos siete libros, cómo se formó el canon y qué autoridad lo garantiza está tratado a fondo en Introducción a la Sagrada Escritura, del padre Gabriel Calvo Zarraute. Está en 25,00 € en tapa blanda y 9,99 € en ebook; el envío es gratis en España a partir de 30 € de compra.

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