Leer la Biblia al pie de la letra: qué falla en la lectura fundamentalista

Leer la Biblia «al pie de la letra»: qué falla en la lectura fundamentalista

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«Yo la Biblia la leo tal como está, sin interpretaciones.» La frase suena humilde y suena piadosa. Es, en realidad, una interpretación —una muy concreta, con fecha de nacimiento y con consecuencias—, y la teología católica le tiene puesto nombre: lectura fundamentalista.

Conviene distinguirla de otra cosa que se le parece y que es católica: el sentido literal. No son lo mismo. Confundirlas es lo que hace imposible la mitad de las conversaciones sobre la Biblia.

Lo que sigue está tomado de la clase octava de la Introducción a la Sagrada Escritura del P. Gabriel Calvo Zarraute.

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De dónde viene

El libro sitúa su origen con precisión: en la época de la Reforma. En el mundo protestante surgió una preocupación intelectual orientada a la búsqueda exclusiva del sentido literal-primario de la Escritura. El razonamiento era este: siendo la Biblia palabra inspirada por Dios y por tanto exenta de error, debía leerse e interpretarse literalmente en todos sus detalles.

Fíjese en la palabra «exclusiva». Ahí está todo. No se trata de valorar el sentido literal —eso lo hace la Iglesia, y con firmeza—, sino de quedarse solo en él y rechazar de paso cualquier investigación crítica.

Lo que se niega, sin querer negarlo

El fundamentalismo se caracteriza, dice el libro, por rechazar que la palabra inspirada por Dios se haya expresado en un lenguaje humano y haya sido puesta por escrito, bajo inspiración divina, por autores humanos que poseían capacidades y recursos limitados.

Esto es más grave de lo que parece, y conviene decirlo con claridad. La Iglesia enseña que la Escritura tiene dos autores: Dios, autor principal, y el hagiógrafo, autor verdadero, con su cultura, su época y su estilo. Negar el segundo no es exaltar al primero: es mutilar el hecho.

Hay aquí un paralelo que la teología ha usado siempre y que ilumina el asunto: así como en Cristo hay dos naturalezas sin confusión, en la Escritura hay una palabra divina dicha en lenguaje verdaderamente humano. Quien borra lo humano del texto está haciendo con el libro lo que ciertas herejías antiguas hicieron con el Verbo encarnado.

El concepto de inspiración que lo explica todo

De ahí se sigue la idea que está en la raíz: para el fundamentalismo, la inspiración es un «dictado palabra por palabra».

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Y si Dios dictó palabra por palabra, entonces no hay nada condicionado por la época: ni el vocabulario, ni la fraseología, ni el modo de contar. El libro señala justamente eso: el fundamentalismo no llega a reconocer que la palabra de Dios se formuló en un lenguaje y con una fraseología condicionados por las épocas históricas.

Consecuencia práctica inmediata: no concede ninguna atención a las formas literarias ni a los modos humanos de pensar presentes en los textos.

El error que produce: convertir en histórico lo que no lo pretendía

Aquí está la frase del libro que mejor resume el problema. El fundamentalismo, al ignorar los géneros literarios, «a menudo convierte en histórico lo que no tenía ninguna pretensión de ser histórico».

Léala despacio, porque describe un accidente muy concreto y muy común. Un texto que quiso ser parábola se lee como crónica. Un poema se lee como parte meteorológico. Una descripción del mundo hecha con el lenguaje de los sentidos se lee como tratado de astronomía.

Y entonces ocurren las dos cosas a la vez, que es lo curioso: el creyente fundamentalista se ve obligado a defender como histórico lo que el texto no afirmaba, y el incrédulo aprovecha para declarar que la Biblia está llena de errores. Los dos comparten el mismo malentendido; solo cambia de qué lado lo usan. Lo tratamos a fondo en ¿tiene errores la Biblia?.

La raíz: sola Scriptura

El libro añade la causa de fondo, y es doctrinal, no técnica. El fundamentalismo es un fenómeno radicado en el pensamiento protestante y se basa en el principio de la sola Scriptura, con la consiguiente separación entre Biblia y Tradición guiada por el Espíritu Santo.

Esa es la clave. Si la Biblia está sola, alguien tiene que decidir qué significa, y ese alguien acaba siendo el lector. La apelación a «lo que dice literalmente» es el intento de sustituir la Tradición por una regla automática que evite tener que decidir. Pero la regla no existe: todo texto exige ser interpretado, y la única cuestión real es con quién se interpreta.

Entonces, ¿qué es el sentido literal católico?

Ahora sí, la distinción que hacía falta desde el principio.

El sentido literal es el que tienen las palabras de la Escritura según la intención del autor inspirado. No es «lo que suena» ni «lo que yo entiendo sin más»: es lo que aquel hombre, escribiendo en aquella lengua, en aquella cultura y con aquellas convenciones literarias, quiso afirmar. Por eso comprender el sentido literal exige entender las categorías de su autor y los géneros que usaba.

Y hay un segundo dato que suele sorprender: el sentido literal no solo es legítimo, sino que es la base de todo lo demás. Santo Tomás lo dejó dicho en una regla de oro que el libro recoge: todos los sentidos se fundan sobre el literal, que es el único del que se pueden sacar argumentos para establecer verdades de fe.

De modo que la Iglesia no defiende «menos» literalidad que el fundamentalista. Defiende una literalidad mejor entendida: la del autor, no la del lector. Y sobre ella, y solo sobre ella, construye el sentido espiritual. Lo explicamos en el secreto para leer bien la Biblia.

La alternativa, que es antigua

Frente a la lectura literalista, el libro recuerda el modo más clásico de la lectura espiritual en la Iglesia: la lectio divina, practicada sobre todo por los monjes occidentales, cuyo gran padre es san Gregorio Magno.

No pretende un conocimiento científico de la Escritura —aunque siempre hará falta un mínimo—, sino una lectura existencial, orante y contemplativa, que «conduce a saborear la palabra más que a investigarla» y lleva, antes que a la ciencia, a la sabiduría de la Biblia. Es una conversación: Dios habla en la lectura, el creyente responde en la oración. Tiene su método, en cuatro escalones.

Repare en el contraste. Frente a una lectura que se defiende negando lo humano del texto, la tradición católica propone otra que se fía tanto de Dios que puede permitirse mirar el texto entero, con su lengua, su época y su autor.

De dónde sale esto

De la clase 8 de Introducción a la Sagrada Escritura. Fundamentos teológicos para una comprensión católica de la Biblia, del P. Gabriel Calvo Zarraute, con prólogo de Mn. Jaime Mercant Simó.

512 páginas en doce clases, con cinco documentos del Magisterio íntegros al final. En preventa: 200 ejemplares a 25,00 € en lugar de 30,00 €, envío previsto el 5 de octubre.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la lectura fundamentalista de la Biblia?

La que busca exclusivamente el sentido literal-primario y rechaza toda investigación crítica, partiendo de que la Escritura debe interpretarse literalmente en todos sus detalles. Nació en el mundo protestante en época de la Reforma.

¿No es católico leer la Biblia literalmente?

El sentido literal es católico y es la base de todos los demás. Lo que no es católico es confundirlo con el literalismo: el sentido literal es lo que quiso decir el autor inspirado, no lo que las palabras sugieren a un lector de hoy.

¿Qué significa que la inspiración no es un dictado?

Que Dios, autor principal, se sirvió de autores humanos verdaderos, con sus capacidades y sus límites, que escribieron en su lengua y con las convenciones de su tiempo. Negarlo lleva a ignorar las formas literarias del texto.

¿Por qué se dice que el fundamentalismo viene de la «sola Scriptura»?

Porque al separar la Biblia de la Tradición guiada por el Espíritu Santo hay que encontrar una regla automática que sustituya a la Iglesia, y el literalismo cumple ese papel.

¿Cuál es el error práctico más frecuente del literalismo?

Convertir en histórico lo que no tenía ninguna pretensión de serlo, por no atender a los géneros literarios.

¿Qué propone la tradición católica en su lugar?

Leer el sentido literal con rigor y, sobre él, el sentido espiritual, con los criterios de Dei Verbum 12. Y, para la lectura orante, la lectio divina, cuyo gran padre es san Gregorio Magno.

Fuentes

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