¿Qué significa el número 666?
Por Marcos Vera Pérez← Volver a «Preguntas sobre la Biblia»
El 666 es un nombre escrito en cifras. El propio texto lo dice y manda hacer la cuenta: «Aquí está la sabiduría. Quien tenga inteligencia, calcule el número de la bestia; porque es número de hombre, y su número es seiscientos sesenta y seis» (Ap 13,18). «Número de hombre» y un verbo —ψηφισάτω, «cuente», «eche la cuenta»— que remite a una práctica conocida en el siglo I: sumar los valores numéricos de las letras de un nombre. Se llama gematría, y el Apocalipsis la usa a la vista de todos.
Sobre a quién apunta, la respuesta mayoritaria entre los especialistas, católicos incluidos, es Nerón César, cuyo nombre y título, escritos en caracteres hebreos, suman exactamente 666. Y hay un indicio interno que refuerza esa lectura: la variante antigua 616, que traen manuscritos de los primeros siglos, es precisamente lo que sale si se parte de la forma latina del nombre en lugar de la griega. Pero lo decisivo de este artículo no es esa identificación: es lo que hizo con ella el testigo más antiguo y más autorizado que tenemos. San Ireneo conocía el número, conocía la variante, tenía tres nombres plausibles sobre la mesa y se negó a dar uno. Esa negativa es la mejor lección de prudencia que existe contra quienes hoy aplican el 666 a quien les conviene.

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¿Qué dice exactamente el versículo del 666?
El griego dice: ὧδε ἡ σοφία ἐστίν· ὁ ἔχων νοῦν ψηφισάτω τὸν ἀριθμὸν τοῦ θηρίου, ἀριθμὸς γὰρ ἀνθρώπου ἐστίν· καὶ ὁ ἀριθμὸς αὐτοῦ ἑξακόσιοι ἑξήκοντα ἕξ. La Vulgata, en latín: «Hic sapientia est: qui habet intellectum, computet numerum bestiae; numerus enim hominis est: et numerus eius est sescenti sexaginta sex».
Tres cosas hay que retener de esa frase, porque suelen pasarse por alto:
- Es un cálculo, no un enigma esotérico. El verbo es «computar». El texto invita a una operación aritmética concreta, no a una revelación privada.
- Es «número de hombre». No número de una era, de un sistema económico ni de un año: de un hombre. El dato acota muchísimo las lecturas posibles.
- El número se escribe con letras. En los manuscritos griegos aparece como χξϛ —chi, xi, estigma: 600, 60 y 6— y en otros se escribe con palabras. Esto importa para entender la variante de la que hablaremos luego.
Y una advertencia sobre el contexto. El capítulo 13 describe una bestia a la que se rinde culto y que impone una marca para poder comprar y vender. Es decir: el asunto del que habla el capítulo es la idolatría del poder político, el poder que se hace adorar. Cualquier interpretación que se olvide de eso ha perdido el hilo del texto, por muy ingeniosa que sea la aritmética.
¿Qué es la gematría?
En hebreo y en griego no existían cifras separadas: las letras del alfabeto hacían también de números. Alfa valía uno, beta dos; en hebreo, álef uno, bet dos, y así hasta las centenas. La consecuencia es automática: cualquier palabra escrita tiene, además de su significado, una suma.
De ahí nace la gematría, la práctica de leer esa suma como si dijera algo sobre la palabra. En griego la misma práctica se llama isopsefia, y era corriente en todo el Mediterráneo. El ejemplo más elocuente está en los muros de Pompeya, sepultados en el año 79, es decir, en la misma generación del Apocalipsis: una pintada dice Φιλῶ ἧς ἀριθμὸς ϕμε, «amo a aquella cuyo número es 545». Otra dedica unas líneas a una mujer y precisa que «el número de su honorable nombre es 45». No era un código de iniciados: era la manera corriente de nombrar a alguien sin escribir su nombre.
Eso explica el tono del versículo. San Juan no está ocultando un secreto para los siglos venideros; está haciendo un guiño a lectores que entendían el procedimiento y que, con la cifra delante, sabían a quién señalaba. Escribir el nombre habría sido suicida; escribir el número bastaba. Y conviene decirlo claro: que el Apocalipsis use la gematría no autoriza a usarla hoy como método de interpretación. Es un recurso del autor en su lengua y en su tiempo, no una llave para aplicar a nombres propios modernos en castellano o en inglés.

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¿Por qué se lee «Nerón César» en el 666?
Porque la cuenta sale, y sale con la ortografía que de hecho se usaba. El nombre y el título del emperador, transcritos al hebreo como Nerón Késar —נרון קסר—, dan esta suma:
- nun 50 + resh 200 + vav 6 + nun 50 = 306
- qof 100 + sámej 60 + resh 200 = 360
- Total: 666
Dos datos sostienen esa transcripción. El primero es documental: un documento arameo hallado en el Wadi Murabbaat, fechado en «el año segundo del emperador Nerón», lo nombra con esa forma, Nerón Késar; la referencia habitual para este dato es Delbert R. Hillers, en el Bulletin of the American Schools of Oriental Research 170 (1963), p. 65. No es, por tanto, una grafía inventada para que cuadre la cuenta: es la que se empleaba.
El segundo es que el Apocalipsis encaja con ese reinado. Nerón fue el primer emperador que persiguió a los cristianos de manera sistemática, y lo hizo con una crueldad que dejó escrita la propia historiografía romana. La Catholic Encyclopedia, en su artículo sobre el Apocalipsis, recoge el estado de la cuestión sin rodeos: los intentos con el alfabeto griego «no han dado ningún resultado satisfactorio», mientras que la grafía hebrea de «Nerón César» da 666, y de ahí que «muchos estudiosos hayan llegado a la conclusión de que se trata de Nerón».
Que quede claro lo que esto es y lo que no es. Es la hipótesis mejor fundada y la que explica más datos a la vez. No es una definición de la Iglesia, y nadie está obligado a sostenerla.
¿Por qué algunos manuscritos antiguos ponen 616?
Aquí está la pieza que más convence, y es una de esas confirmaciones que no se pueden fabricar.
Si el 666 sale de la grafía Nerón —con la ene final, que es la forma griega del nombre—, la forma latina, Nero, pierde esa ene. Y la ene, en hebreo, vale 50. Luego la misma cuenta, hecha sobre la forma latina, da 616: 666 menos 50. Es exactamente la diferencia que separa las dos variantes del texto.
Y la variante existe, documentada. Estos son los testigos, con su fecha:
- San Ireneo, hacia el año 180. Es el testigo más antiguo y el más importante, porque es un testimonio escrito, no una conjetura sobre un papiro roto: en Adversus haereses V,30 dice que algunas copias traen el número alterado y la rechaza.
- El papiro 115 (P115), publicado como P.Oxy. LXVI 4499. Un fragmento de Oxirrinco conservado en el Ashmolean Museum de Oxford, fechado por paleografía hacia el siglo III —en torno a 225-275—. Sus editores leen en él 616 (χιϛ). Es honrado añadir que el fragmento está dañado en ese punto y que la transcripción del Institut für neutestamentliche Textforschung deja abierto el espacio; pero la lectura de los editores es 616.
- El Códice Efremense reescrito (C), del siglo V. Este no deja lugar a dudas, porque no escribe la cifra con letras sino con palabras: ἑξακόσιοι δέκα ἕξ, «seiscientos dieciséis».
Fíjese en lo que significa. Un copista no se equivoca convirtiendo 666 en 616 por casualidad fonética: en letras griegas es cambiar una xi por una iota. Pero que el error cuaje y se transmita se entiende muy bien si en algún ambiente se sabía que el número era un nombre y se lo recalculaba con la ortografía de su propia lengua. La variante no debilita la lectura neroniana: la corrobora, porque es el residuo de alguien que estaba haciendo la misma cuenta en latín.
¿Qué dijo san Ireneo, que estaba a dos generaciones de san Juan?
San Ireneo de Lyon escribió hacia el año 180. Fue discípulo de san Policarpo, que lo fue de san Juan. Es decir: entre el autor del Apocalipsis y él hay un solo eslabón. Si alguien de la Antigüedad estaba en condiciones de decir a quién se refería el número, era él. Esto es lo que hizo, y vale la pena seguirlo paso a paso.
Primero, fijó el texto. Afirma que el número es 666, «hallado en todas las copias más aprobadas y antiguas», y añade un argumento que ningún crítico moderno puede aportar: lo atestiguan «aquellos hombres que vieron a Juan cara a cara». La variante 616 la atribuye a un fallo de los copistas: «me inclino a pensar que esto ocurrió por culpa de los copistas». A los que la aceptaron de buena fe los excusa; a los que la defendieron por vanagloria, no.
Segundo, hizo la cuenta. Y ofreció tres nombres griegos que suman 666, con una gradación de cautela que conviene respetar, porque los que lo citan de memoria suelen aplanarla:
- Euanthas (ΕΥΑΝΘΑΣ): dice que «contiene el número requerido, pero no hago ninguna afirmación al respecto».
- Lateinos (ΛΑΤΕΙΝΟΣ): lo llama «muy probable», porque sería el nombre del último de los cuatro reinos de Daniel, que él identifica con los latinos; y aun así se niega a jactarse de la coincidencia.
- Teitan (ΤΕΙΤΑΝ): lo tiene por «más digno de crédito», por ser antiguo y no usarse para ningún rey ni para ningún ídolo público; y concluye que el que ha de venir «acaso» se llame así.
Y tercero, se detuvo. Esta es la frase: «es más seguro y menos arriesgado esperar el cumplimiento de la profecía» que adivinar nombres. Y esta otra, aún más clara: «No correremos, sin embargo, el riesgo de pronunciarnos de manera positiva sobre el nombre del Anticristo». Su razón es teológica: si el Espíritu Santo no quiso proclamar ese nombre, no le corresponde a él suplirlo.
Repárese en la escena completa. Un obispo del siglo II, con el eslabón apostólico en la mano, con el número fijado por tradición oral y con tres candidatos verosímiles —uno de ellos nada menos que «Lateinos», que cualquier polemista de siglos posteriores habría explotado sin recato—, declina pronunciarse y recomienda esperar. Cuando alguien, hoy, aplica el 666 a un gobernante, a una institución o a una tecnología con un aplomo que a san Ireneo le faltó, no está siendo más perspicaz que él: está siendo menos prudente.
¿Por qué la Iglesia no ha dado nunca un nombre?
Porque no le consta, y porque no hace falta para la salvación de nadie. La Iglesia no ha definido jamás el sentido del 666 ni ha identificado a la bestia con una persona concreta. Y esa abstención no es tibieza: es el mismo criterio de san Ireneo, mantenido durante dieciocho siglos.
La historia da la razón a ese criterio. El número se ha aplicado a emperadores, a papas, a reformadores, a Napoleón y a cuantos personajes le convenían a quien hacía la cuenta; y siempre con el mismo procedimiento: se elige primero el acusado y después el alfabeto, la lengua y la ortografía que hacen cuadrar la suma. Con libertad para escoger entre hebreo, griego, latín y las variantes de cada uno, se puede alcanzar el 666 desde casi cualquier nombre. Una cuenta que siempre sale no demuestra nada.
De ahí la conclusión de fondo, que es la misma del problema de la lectura fundamentalista en general: el Apocalipsis no es un libro de claves para adivinar fechas ni para señalar culpables. Es un libro de consolación escrito a unas iglesias perseguidas, cuyo mensaje central es que el Cordero ya ha vencido. El número está ahí para que los lectores de entonces reconocieran a su perseguidor y supieran que tenía los días contados, no para que nosotros jugáramos a identificarlo cada generación.
Y lo que sí enseña el capítulo, y es permanente, es la advertencia que contiene: hay un poder que exige ser adorado y que condiciona la vida material de quien no se somete. Esa tentación no se agotó con Nerón. Pero se reconoce por lo que pide, no por la suma de las letras de su nombre.
Preguntas frecuentes
¿Dónde aparece el 666 en la Biblia?
En Apocalipsis 13,18, al final de la descripción de la bestia que exige culto e impone una marca para poder comprar y vender. El texto manda «calcular» el número y advierte que es «número de hombre». No aparece con ese sentido en ningún otro lugar de la Escritura.
¿Qué es la gematría?
La práctica de sumar los valores numéricos de las letras de una palabra, posible porque en hebreo y en griego las letras servían también de cifras. Era corriente en el siglo I, incluso en pintadas profanas de Pompeya. El Apocalipsis la emplea de forma abierta, pidiendo al lector que haga la cuenta.
¿Por qué «Nerón César» suma 666?
Escrito en caracteres hebreos, נרון קסר, suma 50+200+6+50 para «Nerón» y 100+60+200 para «César»: 306 más 360, 666. Un documento arameo del Wadi Murabbaat, fechado en el año segundo de Nerón, lo nombra con esa misma grafía, de modo que no es una transcripción forzada.
¿Qué manuscritos ponen 616 y de qué siglo son?
El papiro 115 (P.Oxy. LXVI 4499), de Oxirrinco, fechado por paleografía hacia el siglo III, y el Códice Efremense reescrito (C), del siglo V, que lo escribe con palabras. Antes que ellos, san Ireneo ya conocía esa lectura hacia el año 180 y la rechazó como error de copistas.
¿Dio san Ireneo un nombre para el 666?
No. Propuso tres conjeturas —Euanthas, Lateinos y Teitan— con cautelas distintas, y concluyó que «es más seguro y menos arriesgado esperar el cumplimiento de la profecía», negándose a «pronunciarse de manera positiva sobre el nombre del Anticristo». Está en «Adversus haereses» V,30.
¿Qué libro ayuda a leer bien el Apocalipsis?
La «Introducción a la Sagrada Escritura» del padre Gabriel Calvo Zarraute, porque el 666 no se resuelve con una cuenta sino sabiendo qué género literario es el apocalíptico, a quién se escribió y con qué autoridad se interpreta. Sin eso, cada lector se convierte en su propio exegeta.
La lección no es la cuenta: es el método
Quien llega con una identificación del 666 no trae un dato: trae una manera de leer la Biblia en la que cada uno despeja el versículo a su gusto y nadie puede corregirle. Contra eso no basta rebatir una suma, porque mañana aparecerá otra.
Eso es lo que enseña la «Introducción a la Sagrada Escritura» del padre Gabriel Calvo Zarraute: el canon, la inspiración, los géneros literarios —el apocalíptico entre ellos—, la relación entre Escritura y Tradición y los límites de la interpretación privada. Está en papel por 30,00 €; el envío es gratis en España a partir de 30 € de compra. También en ebook por 9,99 € y en audiolibro por 14,99 €.
Fuentes
- San Ireneo de Lyon, Contra las herejías V,30: el número en «todas las copias más aprobadas y antiguas», el testimonio de «aquellos hombres que vieron a Juan cara a cara», la variante atribuida a «culpa de los copistas», las conjeturas Euanthas, Lateinos y Teitan, y la negativa a «pronunciarse de manera positiva sobre el nombre del Anticristo». Texto completo del capítulo en New Advent.
- Apocalipsis 13,18 en griego y en latín, con la forma χξϛ: texto paralelo griego-latino. Y la Neovulgata del libro en vatican.va: «computet numerum bestiae; numerus enim hominis est».
- Catholic Encyclopedia (1907), artículo «Apocalypse»: el 666 como ejemplo de gematría judía, el fracaso de los cálculos con el alfabeto griego y la conclusión de «muchos estudiosos» a favor de Nerón. Texto en New Advent.
- Para el papiro 115 (P.Oxy. LXVI 4499), su datación paleográfica y la lectura 616, con la transcripción del Institut für neutestamentliche Textforschung: ficha del papiro en papyri.info.
- Para la isopsefia griega y las pintadas de Pompeya del año 79 («amo a aquella cuyo número es 545»): síntesis con los testimonios antiguos reunidos. Y para el documento arameo del Wadi Murabbaat fechado en el año segundo de Nerón, con la grafía Nerón Késar, la referencia habitual es Delbert R. Hillers, Bulletin of the American Schools of Oriental Research 170 (1963), p. 65.
- Gabriel Calvo Zarraute, Introducción a la Sagrada Escritura, Páginas Contrarrevolucionarias.