Las persecuciones romanas: qué pasó de verdad en las catacumbas
Por Marcos Vera PérezBajo las vías que salen de Roma hay kilómetros de galerías excavadas por los primeros cristianos. Allí enterraron a sus muertos, allí veneraron a sus mártires y allí siguen muchos de ellos, esperando la resurrección de la carne que confesaban. Conviene saber qué fueron de verdad aquellos lugares, porque la realidad es a la vez más dura y más gloriosa que la estampa.
Qué eran realmente las catacumbas
Eran cementerios. La ley romana prohibía enterrar dentro del recinto de la ciudad, de modo que las necrópolis se extendían a lo largo de las vías de salida. El terreno volcánico blando de los alrededores de Roma permitía excavar galerías en varios niveles, y las comunidades cristianas —que no incineraban a sus muertos porque creían en la resurrección de la carne— adquirieron y ampliaron esas galerías durante los siglos II y III.
Nadie vivía allí. Sin ventilación, sin agua y sin luz, era imposible. Sí se celebraba culto, pero sobre todo el propio de un cementerio: los aniversarios de los mártires, celebrados junto a su tumba. De esa costumbre viene, por cierto, la reliquia bajo el altar.

El libro de este artículo
Historia de la Iglesia Católica. Volumen I. Edad Antigua
Ver el libro · Libro de bolsillo · €31,20
También en ebook por €9,99, con descarga inmediata
Tampoco eran secretas: los cementerios estaban registrados y la administración romana sabía perfectamente dónde estaban. En algunas persecuciones, precisamente, se prohibió a los cristianos reunirse en ellos.
Las persecuciones: ni continuas ni sistemáticas
Se habla tradicionalmente de diez persecuciones. La realidad fue más irregular: largos períodos de tolerancia de hecho interrumpidos por estallidos, unas veces locales y otras imperiales.
Nerón (64). Tras el incendio de Roma, culpa a los cristianos. Es una persecución local y brutal. Según la tradición, en ella mueren San Pedro y San Pablo.
Trajano (hacia 112). El episodio mejor documentado, gracias a la correspondencia entre el emperador y Plinio el Joven, gobernador de Bitinia. Plinio pregunta qué hacer con los cristianos; Trajano responde que no se les busque de oficio, pero que si son denunciados y no reniegan, se les castigue. Queda establecida la doctrina: ser cristiano es, en sí mismo, delito.
Decio (250). El primer intento sistemático e imperial. Se exige a todos los habitantes un certificado de haber sacrificado a los dioses. Se conservan varios de esos certificados en papiros egipcios.
Valeriano (257-260). Se dirige contra el clero y contra los lugares de culto y de enterramiento.

El libro de este artículo
Historia de la Iglesia Católica. Volumen I. Edad Antigua
Ver el libro · Libro de bolsillo · €31,20
También en ebook por €9,99, con descarga inmediata
Diocleciano (303-311). La última y la mayor: destrucción de iglesias, quema de libros sagrados, encarcelamiento del clero y sacrificio obligatorio.
En 313, el edicto de Milán de Constantino y Licinio concede libertad de culto.
Por qué les perseguían
Roma era religiosamente tolerante: absorbía dioses de todas partes. El problema con los cristianos era otro.
Se negaban al culto imperial. Ofrecer incienso ante la imagen del emperador era un acto cívico, no propiamente religioso, algo así como saludar a la bandera. Negarse equivalía a declararse desleal.
Eran «ateos». Así se les llamaba, porque no tenían imágenes, ni templos, ni sacrificios visibles.
Se les atribuían crímenes. Los rumores populares hablaban de banquetes caníbales —por la Eucaristía— y de incesto —por llamarse hermanos entre sí—.
Rompian el orden social. Se reunían en las mismas asambleas esclavos y patricios, hombres y mujeres. Rechazaban el aborto y el abandono de recién nacidos, entonces prácticas legales y comunes.
Lo que consiguieron
Nada. Durante casi tres siglos el Imperio dispuso del poder, de la ley, de los tribunales y de las fieras, y no logró arrancar la fe a un puñado de hombres sin ejército, sin templos y sin derechos.
Al contrario: cada persecución dejó a la Iglesia más extendida que antes. Tertuliano lo formuló en la frase que todo el mundo conoce a medias —la sangre de los mártires es semilla de cristianos— y el crecimiento de las comunidades a lo largo de aquellos siglos le da la razón sin necesidad de retórica.
Qué se puede ver hoy
Las catacumbas de San Calixto, Santa Domitila y San Sebastián están abiertas al público en Roma. Sus paredes conservan grafitos, oraciones, símbolos —el pez, el ancla, el buen pastor— y miles de epitafios breves. Casi ninguno se queja. La mayoría dice, simplemente, que el difunto duerme en paz.
De nuestro catálogo
Historia de la Iglesia Católica. Volumen I. Edad Antigua
Las persecuciones, los mártires, los concilios y las herejías de los primeros siglos, con las fuentes a la vista y sin leyendas.
Seguir leyendo
- Historia de la Iglesia: los primeros siglos, sin leyendas — la expansión inicial, los concilios y las tres leyendas que conviene desmontar.
- Qué cambió de verdad con Constantino: el Edicto de Milán y Nicea — qué decía el edicto de 313 y por qué no hizo del cristianismo la religión del Imperio.
- El peor enemigo vino de dentro: las primeras herejías de la Iglesia — el otro frente de aquellos siglos, el de dentro, que el libro juzga más temible que el de las fieras.
- Los Padres de la Iglesia: quiénes fueron y por qué siguen importando — los que escribieron bajo persecución y en el destierro, y por dónde empezar a leerlos.
- El Concilio de Nicea explicado en diez minutos — el concilio al que llegaron obispos con las cicatrices de la persecución de Diocleciano.
- Historia de la Iglesia: todo lo que hemos publicado — la página que recorre en orden la Edad Antigua.
- Por dónde empezar a estudiar historia de la Iglesia — dónde encajan las persecuciones dentro del mapa completo, y qué leer antes y después.