Liberalismo, capitalismo y modernismo: el esquema del padre Gabriel Calvo Zarraute
Por Marcos Vera PérezHay clases que se recuerdan por un esquema dibujado en tres líneas. La del 14 de septiembre, en Formación en la Tradición, fue una de esas. El padre Gabriel Calvo Zarraute se detuvo en mitad de una explicación sobre el primer mandamiento, avisó de que iba a hacer «un esquema muy básico» y soltó esto:
«El protestantismo en política es el liberalismo, el protestantismo en economía es el capitalismo y el protestantismo en teología es el modernismo.»
Y remató: «Distintas mutaciones de un mismo virus».
La frase se puede despachar como una boutade. Sería un error. Detrás de esas tres líneas hay siglo y medio de pensamiento católico —Donoso Cortés, León XIII, San Pío X, Belloc, Fanfani— y una tesis que explica por qué tres realidades que solemos tratar por separado se comportan como si tuvieran el mismo código genético.
En resumen, el esquema del padre Calvo Zarraute es este:
- Protestantismo en política → liberalismo: la soberanía pasa de Dios al individuo.
- Protestantismo en economía → capitalismo: la actividad económica se emancipa de la ley moral.
- Protestantismo en teología → modernismo: la experiencia religiosa sustituye al dogma revelado.
¿Qué relación hay entre el protestantismo y el liberalismo?
El primero que lo formuló con esa contundencia fue Juan Donoso Cortés en su Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, publicado en 1851. Su tesis central es que no existen las cuestiones políticas puras: toda cuestión política acaba siendo, en su raíz, una cuestión teológica. Cambia lo que un pueblo cree sobre Dios y cambiará, tarde o temprano, lo que ese pueblo cree sobre la autoridad, la ley y la libertad.
Aplicado al caso: el protestantismo sustituyó la autoridad de la Iglesia por el juicio privado del creyente sobre la Escritura. Cada hombre, ante su Biblia, se convierte en intérprete último. Traslade eso al orden político y tiene usted el liberalismo: cada hombre, ante la ley, convertido en fuente última de su propia norma. La soberanía pasa de Dios al individuo.
No es una deducción de aficionado. León XIII dedicó una encíclica entera a desmontarlo: Libertas praestantissimum, del 20 de junio de 1888. Allí el Papa no discute si conviene tal o cual reforma política; discute el principio, y lo llama por su nombre. La libertad no consiste en emanciparse de la ley, sino en poder cumplirla.
Es la misma tesis que Félix Sardá y Salvany había llevado al gran público español unos años antes, y que sigue siendo la puerta de entrada al asunto: la desarrollamos en El liberalismo es pecado: qué dijo Sardá y Salvany. Su obra Masonismo y catolicismo está en el catálogo de la casa.
¿Por qué se dice que el capitalismo nace del protestantismo?
Esta es la línea que más resistencia encuentra, y la que tiene la bibliografía más sólida.
Quien la puso en el mapa académico fue un protestante alemán y agnóstico, Max Weber, con La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1905). Weber observó que el capitalismo moderno prendió antes y mejor en las regiones calvinistas que en las católicas, y lo atribuyó a una mentalidad concreta: el trabajo como vocación, la prosperidad como indicio de elección divina, el ahorro y la reinversión como deber religioso.
Weber lo describía desde fuera. Desde dentro lo argumentaron dos católicos.
El primero, Hilaire Belloc, que en El Estado servil (1912) sostuvo que la desaparición de la propiedad repartida en Inglaterra no fue un accidente económico sino el resultado directo de la confiscación de los bienes de la Iglesia bajo Enrique VIII: una minoría se quedó con la tierra y el resto de la población quedó reducida a asalariados.
El segundo, Amintore Fanfani, en Cattolicesimo e protestantesimo nella formazione storica del capitalismo (1934), traducido al español como Catolicismo y protestantismo en la génesis del capitalismo. Fanfani afinó a Weber: la ruptura no está en la técnica ni en el crédito —que ya existían en la Italia católica del Cuatrocientos—, sino en la moral. En la doctrina católica la actividad económica está subordinada a un fin superior y sometida a la ley moral; el préstamo con usura está prohibido, el precio ha de ser justo, la riqueza tiene una hipoteca social. Cuando esa subordinación cae, la economía se emancipa y se convierte en su propio criterio.
A eso se refería Chesterton cuando hablaba de «la superstición del capitalismo»: no a la existencia del mercado, sino a la supeditación de toda actividad humana a la economía. Es exactamente el vocabulario del primer mandamiento. Una superstición es dar culto divino a lo que no es Dios.
¿Qué es el modernismo y por qué San Pío X lo persiguió con tanta dureza?
La tercera mutación es la que entra en casa.
El liberalismo y el capitalismo operan fuera del cuerpo eclesial: son errores de protestantes, y los campos están delimitados. El modernismo no. El modernismo es el mismo principio protestante infiltrado dentro de la Iglesia, hablando latín y firmando artículos en revistas de teología.
Su núcleo es la sustitución del dogma revelado por la experiencia religiosa del sujeto. Si la fe no es la adhesión del entendimiento a una verdad recibida, sino la expresión de un sentimiento interior, entonces los dogmas son formulaciones provisionales de ese sentimiento y pueden cambiar cuando cambie la sensibilidad de la época. El juicio privado, otra vez, ahora en sede teológica.
San Pío X respondió en un solo año, 1907, y con dos documentos:
- El decreto Lamentabili sane exitu, del Santo Oficio, 3 de julio de 1907, que condenó sesenta y cinco proposiciones modernistas una por una.
- La encíclica Pascendi Dominici gregis, del 8 de septiembre de 1907, que no se limitó a condenar errores sueltos: los presentó como un sistema, y definió al modernismo como el «compendio de todas las herejías».
Tres años después, en 1910, impuso a los clérigos el juramento antimodernista. Estuvo vigente hasta 1967.
Si quiere el cuadro completo de esta herejía, lo tratamos aparte en Qué es el modernismo en la Iglesia y por qué importa.
¿Por qué un solo virus y no tres enfermedades distintas?
Aquí está lo que hace útil el esquema del padre Calvo Zarraute, más allá de lo llamativo de la formulación.
Las tres mutaciones comparten una única operación: quitar de en medio una autoridad exterior al sujeto y poner al sujeto en su lugar.
- En religión, el creyente sustituye al Magisterio como intérprete de la Escritura.
- En política, el individuo sustituye a Dios como origen de la ley.
- En economía, el beneficio sustituye a la ley moral como criterio de la actividad.
- En teología, la experiencia sustituye al dogma como contenido de la fe.
Es la misma jugada cuatro veces. Por eso los tres fenómenos se refuerzan entre sí y por eso combatir uno solo no funciona: quien denuncia el modernismo pero da por buenos los presupuestos del liberalismo está talando ramas y regando la raíz.
Y por eso también, decía Zarraute en clase, capitalismo y marxismo acaban siendo primos hermanos y no enemigos irreconciliables: los dos son materialismos que juzgan al hombre por su relación con la producción. Discuten quién administra la economía; no discuten que la economía sea el centro.
Que el materialismo revolucionario tenía debajo algo más que economía se ve muy bien en el propio Marx: lo contamos en El joven Marx que quiso vengarse de Dios y, con los textos delante, en Los poemas que Karl Marx escribió a los dieciocho años. El libro donde está la investigación completa es Karl Marx y las raíces satánicas del comunismo.
¿Dónde se detuvo la revolución religiosa? El mapa y los tercios
Hay un detalle histórico que Zarraute recordó siguiendo al filósofo tradicionalista Rafael Gambra, y que conviene mirar en un mapa: la frontera confesional de Europa se parece muchísimo al alcance de los ejércitos de la Monarquía Hispánica.
Flandes —la actual Bélgica— siguió siendo católico. Holanda, fuera del control efectivo español, se hizo calvinista. Alemania quedó partida por la mitad. Hasta donde llegaron los tercios, el protestantismo se frenó.
Zarraute lo dijo entero, y conviene repetirlo entero, porque la tesis se presta a caricatura: no fue solo cuestión de armas. Fue también el Concilio de Trento (1545-1563), en el que la teología española tuvo un peso decisivo —Melchor Cano, Domingo de Soto, Diego Laínez, Alfonso Salmerón—, y fue la generación de misioneros, fundadores y santos que vino después. Pero el dato geográfico está ahí, y es incómodo para quien prefiere contar la historia de España como un paréntesis oscuro.
Por dónde empezar a leer: un libro por rama
Un esquema sirve para ordenar la cabeza. Para llenarla hacen falta libros, y lo razonable es coger uno por cada una de las tres mutaciones.
La rama política: el liberalismo y su brazo organizado
Masonismo y catolicismo, de Félix Sardá y Salvany, es el clásico español sobre esta rama. Sardá distingue entre la masonería como organización y lo que él llama «masonismo»: el conjunto de principios naturalistas y racionalistas que impregnan la cultura y la vida pública mucho más allá de las logias, y que se respiran sin necesidad de haber entrado en ninguna. Esa distinción es lo que hace que el libro siga siendo útil siglo y medio después.
Para situarse antes de entrar en el libro: ¿Qué es la masonería y en qué creen los masones? y ¿Puede un católico ser masón?. Todo lo publicado sobre el asunto está reunido en el hub de masonería.
La rama económica y revolucionaria: qué había debajo de Marx
Karl Marx y las raíces satánicas del comunismo, de Richard Wurmbrand, aborda la otra cara del materialismo. Wurmbrand —pastor luterano que pasó catorce años en las cárceles comunistas rumanas— documenta que el joven Marx escribió poesía y teatro de un contenido religioso muy concreto antes de escribir una sola línea de economía, y sostiene que ahí está la clave de lo que vino después.
No es un libro de economía: es un libro sobre qué hay debajo de una economía. Que es de lo que trata todo este artículo. Los demás títulos sobre la revolución están en el hub de comunismo.
La rama teológica: entender la Iglesia desde el principio
El modernismo se combate sabiendo historia de la Iglesia, no opinando sobre ella. Historia de la Iglesia Católica. Volumen I: Edad Antigua, del propio padre Gabriel Calvo Zarraute, arranca donde hay que arrancar: en los tres primeros siglos, cuando se fijan el canon, el credo y la estructura sacramental que después el modernismo intentará disolver. Es el primero de una serie.
Un adelanto de lo que hay dentro, en Historia de la Iglesia: los primeros siglos, sin leyendas.
Preguntas frecuentes
¿Qué dijo el padre Gabriel Calvo Zarraute sobre el liberalismo y el capitalismo?
Que son la misma cosa aplicada a órdenes distintos. En su formulación literal: «el protestantismo en política es el liberalismo, el protestantismo en economía es el capitalismo y el protestantismo en teología es el modernismo». Tres mutaciones de un mismo virus.
¿La Iglesia condena el capitalismo?
La Iglesia no ha condenado el mercado, ni la propiedad privada —que defiende expresamente—, ni el beneficio legítimo. Lo que condena es la autonomía de la economía respecto de la ley moral: la idea de que la actividad económica se rige por sus propias reglas y no rinde cuentas a nada superior. Es la tesis de Rerum novarum (1891) y de toda la doctrina social posterior.
¿No es exagerado decir que el capitalismo viene del protestantismo?
La afinidad entre ética calvinista y capitalismo moderno la estableció Max Weber en 1905, y no era católico ni tenía interés apologético alguno. Lo que aportan Belloc y Fanfani es el paso siguiente: que no se trata solo de afinidad, sino de causa, y que la causa está en la desaparición del marco moral que la teología católica imponía a la economía.
¿Qué diferencia hay entre protestantismo y modernismo?
El error es hermano, pero la posición es distinta. El protestante está fuera de la Iglesia y lo dice; los campos están delimitados desde el primer momento. El modernista permanece dentro, conserva el vocabulario católico y lo vacía de contenido por debajo. Por eso San Pío X lo consideró más peligroso: al enemigo declarado se le ve venir.
¿Sigue vigente el modernismo?
El juramento antimodernista se suprimió en 1967. Los documentos que lo condenaron —Lamentabili y Pascendi— no han sido derogados: siguen siendo magisterio. Lo que ha cambiado es que dejaron de aplicarse.
¿Quién es el padre Gabriel Calvo Zarraute?
Sacerdote de la archidiócesis de Toledo, profesor de Historia de la Iglesia y autor, entre otros títulos, de Historia de la Iglesia Católica. Volumen I y de 1936. Cruzada y no guerra civil. Imparte Formación en la Tradición en Tekton. Su biografía y su bibliografía completa están en su ficha de autor.
Un último apunte
El padre Calvo Zarraute cerró la sección con una idea de Santo Tomás que conviene no perder de vista. En la Suma Teológica, el Aquinate sostiene que para enseñar la verdad hay que combatir el error, igual que para procurar la salud hay que combatir la enfermedad.
Aplicado a estas tres mutaciones: no basta con exponer bien la doctrina y confiar en que el error caiga solo por su propio peso. Sesenta años de experiencia dicen que no cae.
El origen de este artículo
Este artículo desarrolla y documenta una exposición del P. Gabriel Calvo Zarraute en Formación en la Tradición, de Tekton Centro Televisivo. Las referencias pontificias y las obras citadas se han verificado una por una contra las fuentes antes de publicarse.
