¿Qué es la masonería y en qué creen los masones?
Por Marcos Vera PérezLa masonería es una sociedad iniciática nacida en Londres en 1717 que reúne a sus miembros en logias, los ordena en grados y les exige un juramento de secreto. Los masones no profesan un credo concreto: se les pide reconocer a un «Gran Arquitecto del Universo» que cada cual entiende a su manera. La Iglesia católica la condena desde 1738, y en 1884 León XIII la señaló como cabeza de quienes se alzan contra Dios y contra su Iglesia.
Este artículo forma parte de nuestra página sobre la masonería y la Iglesia católica, donde está reunido todo lo publicado sobre el asunto.
Lo explicamos por partes: de dónde sale, en qué creen sus miembros y por qué ningún católico puede pertenecer a ella.
Qué es la masonería, en una frase
La masonería es una sociedad iniciática de estructura fraternal, organizada en logias, que admite a sus miembros por cooptación tras un rito de iniciación, los organiza en grados y les exige un juramento de fidelidad y de discreción. Su lenguaje está tomado del oficio de la construcción —la escuadra, el compás, el mandil, la piedra bruta— y su finalidad declarada es el perfeccionamiento moral del iniciado y la fraternidad entre los hombres. Ese es el retrato que la propia masonería hace de sí misma, y conviene partir de él antes de discutirlo. Es también el punto de partida de Masonismo y Catolicismo, el clásico de Félix Sardá y Salvany que hemos reeditado.

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De dónde sale
Los gremios medievales de canteros —los masons ingleses, los picapedreros que levantaban catedrales— eran corporaciones de oficio con sus secretos técnicos, sus signos de reconocimiento y su patrón religioso. Cuando el oficio decayó, algunas de esas logias empezaron a admitir a caballeros y eruditos que no picaban piedra: los llamados masones aceptados. De ahí la distinción entre masonería operativa, la de los canteros de verdad, y masonería especulativa, la que conserva el vocabulario del oficio y lo convierte en símbolo moral.
La fecha que todo el mundo cita es 1717: cuatro logias londinenses se unen y forman la Gran Logia de Londres. Seis años después, en 1723, aparecen las Constituciones de Anderson, el texto fundacional. Y ahí está ya, en el primer artículo, la frase que lo cambia todo: al masón se le pide que profese «aquella religión en la que todos los hombres están de acuerdo», dejando «sus opiniones particulares para sí mismos».
En qué creen los masones
Esa frase de 1723 es la clave para saber en qué creen los masones. La respuesta honesta es que la masonería no pide creer en nada concreto, y ese es precisamente el punto.
Las obediencias de tradición anglosajona exigen al candidato profesar la existencia de un Ser Supremo, al que llaman el Gran Arquitecto del Universo, y trabajan con el Libro de la Ley Sagrada abierto sobre el ara. Pero la fórmula está construida para que quepan dentro un cristiano, un judío, un musulmán y un deísta, cada uno entendiendo cosa distinta y ninguno obligado a precisar cuál. Otras obediencias, sobre todo el Gran Oriente de Francia desde 1877, suprimieron incluso ese requisito y admiten a ateos declarados.
Dicho de otro modo: no hay dogma, no hay revelación, no hay magisterio. Hay un método —el simbolismo, el rito, el trabajo en logia— y una moral que cada cual llena con el contenido que trae de casa.
Por qué eso choca con el catolicismo
Aquí está el nudo, y conviene entenderlo bien porque casi todas las discusiones sobre este tema se pierden antes de llegar a él.
La Iglesia no juzga a la masonería por la cortesía de sus miembros, sino por lo que es y por lo que persigue. Y lo que persigue lo dijo León XIII sin rodeos en Humanum genus: la humanidad está dividida en dos reinos, el de Dios, que es su Iglesia, y el de Satanás; en su tiempo, los partidarios del mal se agrupaban guiados o ayudados por la masonería, que se alzaba ya abiertamente contra Dios y planeaba la destrucción de la Iglesia. Su fin último, escribe el Papa, es derribar por completo el orden religioso y político que ha producido la enseñanza cristiana. La objeción se puede resumir en tres puntos.
Primero, el Dios que puede ser cualquiera. Para un católico, Dios no es una hipótesis sobre la que cada uno opine: es Alguien que se ha revelado, que tiene un rostro y un nombre, y que se ha hecho hombre en Jesucristo. Un «Gran Arquitecto» deliberadamente indefinido, sobre el que se jura sin decir quién es, no es una versión discreta del Dios cristiano: es otra cosa.
Segundo, el relativismo religioso implícito. Si en la logia todas las confesiones son igualmente respetables mientras se dejen «fuera del templo», entonces se está afirmando en la práctica que la religión es asunto privado y que ninguna es verdadera en un sentido que obligue. Eso es exactamente lo que León XIII llamó naturalismo en la encíclica Humanum genus de 1884.
Tercero, el juramento y el secreto. El católico ya tiene una obediencia y un vínculo. Comprometerse por juramento con una autoridad paralela, cuyos contenidos no puede revelar ni siquiera a su confesor, crea una lealtad que compite con la que ya tiene.
Qué ha dicho la Iglesia, en dos líneas
Desde Clemente XII en 1738 hasta la nota del Dicasterio para la Doctrina de la Fe del 13 de noviembre de 2023, firmada por el cardenal Fernández y aprobada por el papa Francisco, la posición no ha cambiado: la pertenencia activa de un fiel a la masonería está prohibida. La declaración Quaesitum est de 1983, firmada por el cardenal Ratzinger, añade que quienes se inscriben están en pecado grave y no pueden acceder a la sagrada comunión.
Y hay un matiz que casi nadie conoce: el Código de Derecho Canónico de 1983 dejó de nombrar a la masonería, y muchos leyeron eso como una absolución. No lo fue. Quaesitum est se publicó precisamente para cortar esa lectura.
Lo que la masonería responde
Las obediencias masónicas responden que no son una religión ni la sustituyen, que no tienen doctrina que oponer a ninguna Iglesia, que muchos de sus miembros son creyentes practicantes y que el «Gran Arquitecto» es un símbolo, no una divinidad alternativa.
La respuesta de la Iglesia es que no se juzga lo que cada miembro crea en su fuero interno, sino lo que el sistema afirma por su propia estructura. Y esa estructura —el juramento, el secreto, el Dios indeterminado— es incompatible con la fe. Lo dijo la declaración de 1983 y lo repitió el Dicasterio en 2023: quien está inscrito formal y conscientemente en una logia y ha abrazado sus principios queda bajo lo dispuesto en aquella declaración, también si es clérigo.
Masonería y «masonismo»
Félix Sardá y Salvany (Sabadell, 1844-1916), el polemista católico más leído de la España de su tiempo, introdujo en este debate una distinción que sigue siendo la más útil. Una cosa es la masonería: la organización, las logias, los inscritos, un número siempre pequeño. Otra es lo que él llamó masonismo: el conjunto de principios naturalistas y racionalistas ya disueltos en la cultura, en la legislación y en las costumbres, y que operan con independencia de que quien los sostiene haya pisado jamás una logia.
Para Sardá, se puede ser masonista sin ser masón. Y esa es, ciento cuarenta años después, la parte del libro que sigue mordiendo: describe una situación que el lector reconoce sin esfuerzo en su propio entorno.
Resumen
La masonería es una sociedad iniciática nacida en 1717 del vocabulario de los antiguos gremios de constructores, sin dogma propio, que exige juramento y discreción y que reúne a sus miembros en torno a un Ser Supremo deliberadamente indefinido. La Iglesia católica la condena por su doctrina y por su fin: León XIII la situó al frente de quienes se alzan contra Dios y contra la Iglesia. Y lo hace, sin variaciones, desde 1738.
Para seguir. Tres artículos continúan lo que aquí queda apuntado. El primero va al fondo del asunto: qué dios es ese Gran Arquitecto del Universo al que la logia dice honrar. El segundo baja al terreno de los hechos: qué es una logia masónica y qué hacen los masones dentro, con sus cargos, sus grados y sus tenidas. Y el tercero sirve de llave para todo lo demás, porque casi siempre se discute sin saber qué significan las palabras: el diccionario masónico, con treinta términos explicados uno por uno.
Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente la masonería?
Una sociedad iniciática de estructura fraternal, organizada en logias, que admite a sus miembros por cooptación tras un rito de iniciación, los ordena en grados y les exige juramento de fidelidad y de discreción. Su lenguaje está tomado del oficio de la construcción, pero lo que se levanta dentro no es un edificio: es una manera de entender a Dios y al hombre que la Iglesia juzga incompatible con la fe.
¿Cuándo nació la masonería moderna?
En Londres, en 1717, cuando cuatro logias se unieron para formar la Gran Logia de Londres. Seis años después, en 1723, el pastor presbiteriano James Anderson redactó las Constituciones que siguen siendo su texto fundacional.
¿En qué creen los masones?
En nada en concreto, y eso es precisamente lo esencial. Las Constituciones de 1723 obligan al masón a «aquella religión en la que todos los hombres están de acuerdo», dejando a cada uno sus opiniones particulares. Lo único que la mayoría de las obediencias exige es admitir al Gran Arquitecto del Universo, un término deliberadamente vacío que cada cual rellena a su manera.
¿Por qué la Iglesia católica prohíbe pertenecer a la masonería?
Porque esa fórmula convierte la fe católica en una opinión respetable entre otras. El católico no sostiene que su religión sea una opinión: sostiene que Dios se ha revelado en Jesucristo y que fundó una Iglesia para enseñar con autoridad lo revelado. Las dos cosas no caben juntas.
¿Puede un católico ser masón hoy?
No. La declaración Quaesitum est de 1983, firmada por el cardenal Ratzinger, precisa que quienes se inscriben en una logia están en pecado grave y no pueden acceder a la sagrada comunión. El canon 1374 del Código vigente castiga la inscripción en asociaciones que maquinan contra la Iglesia, y la nota del Dicasterio para la Doctrina de la Fe del 13 de noviembre de 2023 lo ha vuelto a confirmar.
¿Es la masonería una sociedad secreta?
Las obediencias prefieren llamarse discretas: sus sedes figuran en los registros y muchos de sus miembros son públicos. Lo reservado son los ritos, los grados y las deliberaciones, y el juramento de no revelarlos. Para el juicio de la Iglesia eso es lo de menos: lo que se condena no es el secreto, sino la doctrina.
Fuentes
- León XIII, encíclica Humanum genus, 20 de abril de 1884 (vatican.va).
- James Anderson, The Constitutions of the Free-Masons, Londres, 1723.
- Código de Derecho Canónico (1983), canon 1374 (vatican.va).
- Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre las asociaciones masónicas (Quaesitum est), 26 de noviembre de 1983 (vatican.va).
- Dicasterio para la Doctrina de la Fe, respuesta sobre la pertenencia de fieles a la masonería, 13 de noviembre de 2023 (vatican.va, texto en inglés).
- Félix Sardá y Salvany, Masonismo y Catolicismo, 1885 (nuestra edición).
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- Humanum genus: la encíclica de León XIII sobre la masonería, explicada
- La masonería en España: del siglo XVIII a hoy
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En vídeo
Una hora larga sobre qué es la masonería, de dónde sale y por qué la Iglesia la condenó desde el principio, a partir de Masonismo y catolicismo. De Tekton Centro Televisivo.
El libro del que sale este artículo
Todo lo que acaba de leer está resumido. El argumento entero lo escribió Félix Sardá y Salvany en 1885, y es el libro que hemos reeditado: Masonismo y Catolicismo.
Sardá hizo una distinción que ningún resumen sustituye. Una cosa es la masonería, con sus logias, sus grados y sus juramentos. Otra es el masonismo: esa misma manera de pensar difundida por la ley, la escuela, la prensa y la conversación corriente, hasta el punto de que la repiten a diario personas que jamás pisarían un templo masónico. Esa segunda parte es la que sigue explicando el siglo XXI, y es la que no cabe en un artículo. La edición incluye además íntegra la Humanum genus de León XIII, que es el documento al que Sardá está respondiendo.
En papel, con envío a España y al resto de Europa. En libro electrónico y en audiolibro: los dos se descargan al instante, se compran desde cualquier país y no pagan ni envío ni aduanas. El precio aparece en la moneda de tu país en la ficha del libro.
El resto del fondo está en el catálogo de libros católicos.
Preparado con ayuda de herramientas de IA a partir de las fuentes que se citan, y publicado bajo la responsabilidad de Marcos Vera Pérez.
3 comentarios
Gracias, Daniel, por las dos referencias. El testimonio de Serge Abad-Gallardo, masón converso, y los trabajos de Alberto Bárcena son de lo más útil que hay en español sobre esto, precisamente porque no son deducciones hechas desde fuera.
Lo que usted cita sobre la ley natural y el hedonismo es el fondo del asunto, y coincide con lo que León XIII denunció en «Humanum genus»: no hace falta suponer una conspiración de despacho, basta con la doctrina, que allí donde se aplica produce estos efectos. Lo explicamos entero aquí: https://paginascontrarrevolucionarias.com/blogs/blog-de-paginas-contrarrevolucionarias/humanum-genus-leon-xiii-masoneria
Los masones de grado 29 deben pisar un crucifijo y consagrarse al demonio
Según el ritual del Rito Escocés Antiguo y Aceptado: https://es.catholic.net/op/articulos/64253/los-masones-de-grado-29-deben-pisar-un-crucifijo-y-consagrarse-al-demonio.html?fb_comment_id=1243601719052095_4072972102781695
El profesor Alberto Bárcena cuenta que los masones deben pisar el crucifijo de Cristo en un rito para el grado 29. También el ex-masón Serge Abad-Gallardo explica que sirvió a Lucifer sin saberlo y que las leyes del divorcio, aborto, etc. están ‘preparadas’ primero dentro de las logias: “La masonería cree en la “utopía”: es decir, que todo lo que resulta posible para un ser humano debe y puede permitirse: no hay límite en una ley natural que venga de Dios, la moral sólo proviene del pacto social. Luego no hay otro modo de vivir que el hedonismo: el placer y la felicidad en la vida son el único objetivo, no hay salvación eterna, hay que gozar de la vida. La masonería conspira, entonces, contra toda forma diferente de pensar a la suya.” https://www.religionenlibertad.com/polemicas/150428/aborto-eutanasia-matrimonio-gay-son-leyes-preparadas-en-las-logias-afirma_34164.html