Quas primas: la encíclica del Reinado Social de Jesucristo
Por Marcos Vera PérezEs una encíclica corta —se lee en cuarenta minutos— y es probablemente el documento pontificio más citado y menos leído del siglo XX. Vale la pena recorrerla por dentro.
La estructura
Quas primas, publicada por Pío XI el 11 de diciembre de 1925, tiene cuatro partes bien diferenciadas: el fundamento bíblico de la realeza de Cristo, la naturaleza de ese reinado, sus consecuencias sociales y, finalmente, la institución de la fiesta.
¿Qué estaba pasando en 1925 cuando se escribió?
El documento se firma «en Roma, junto a San Pedro, el 11 de diciembre de 1925»: al cerrarse el Año Santo que Pío XI había convocado. Y 1925 era además el año del XVI centenario del primer concilio ecuménico. El número 5 lo dice así: «al cumplirse en el Año Jubilar el XVI Centenario del concilio de Nicea, con tanto mayor gusto mandamos celebrar esta fiesta».

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La razón que da es doctrinal: aquel concilio «definió y proclamó como dogma de fe católica la consustancialidad del Hijo Unigénito con el Padre», y al incluir en el Símbolo las palabras cuyo reino no tendrá fin «promulgaba la real dignidad de Jesucristo». Ése es el nervio de todo lo demás: la realeza de Cristo es un corolario de Nicea, no una devoción añadida. Lo que allí se definió está en el Concilio de Nicea explicado en diez minutos.
Primera parte: las pruebas
El Papa no empieza argumentando: empieza citando. Reúne los pasajes en que la Escritura atribuye a Cristo un poder real: la profecía de Daniel sobre el poder eterno que no será destruido; el anuncio del ángel a María de que reinará en la casa de Jacob para siempre; la respuesta ante Pilato, donde Cristo no niega ser rey sino que precisa el origen de su reino; y el Apocalipsis, que lo llama Rey de reyes y Señor de señores.
Añade después el testimonio de los Padres y de la liturgia, y recuerda que la Iglesia lleva veinte siglos dirigiéndose a Cristo con títulos regios en sus oraciones oficiales.
Segunda parte: qué clase de reino
Aquí el documento se anticipa a la objeción evidente: «mi reino no es de este mundo». Pío XI responde con una distinción precisa: el reino de Cristo no procede de este mundo —no se funda en la fuerza, ni en la herencia dinástica, ni en el voto— pero se ejerce en este mundo.
Su realeza es espiritual y se dirige a los bienes eternos, pero eso no significa que sea invisible o meramente interior. Comprende, dice, un poder legislativo, judicial y ejecutivo, no ejercido con coacción física sino en el orden de la verdad y de la conciencia.
¿Qué diferencia hay entre el reinado espiritual y el reinado social?
Es la distinción que más se enreda, y la encíclica la resuelve en dos números seguidos. El 14 establece lo primero: «este reino es principalmente espiritual y se refiere a las cosas espirituales». Cuando la muchedumbre quiso proclamarle rey, Cristo «rehusó tal título de honor huyendo y escondiéndose en la soledad». A ese reino se entra «por la fe y el bautismo», y se opone sólo «al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas».

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El 15 impide el salto que muchos dan después: «erraría gravemente el que negase a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales». Pío XI añade que en su vida terrena Cristo «se abstuvo enteramente de ejercitar este poder», y recoge la frase antigua: «No quita los reinos mortales el que da los celestiales».
Ahí está la distinción: espiritual se refiere al objeto y a los medios —la verdad, no la espada—; social, a la extensión, porque alcanza a las sociedades. El número 33 lo formula sin rodeos: «el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes».
Tercera parte: las consecuencias
Es la parte que provocó el debate entonces y lo sigue provocando. La tesis es que los Estados están obligados a reconocer públicamente a Cristo, y que la pretensión de una neutralidad completa de la vida pública respecto de Dios no es neutral en absoluto.
Pío XI describe el proceso histórico que tenía delante: primero se separa a la Iglesia del Estado, después se retira la religión de la escuela, más tarde se la excluye de la conversación pública por indecorosa y, al final, se persigue a quien la profesa. Escribía en 1925 mirando a México y a Rusia.
El documento añade una advertencia que suele omitirse: la paz de Cristo se busca en el reino de Cristo, y quien quiera imponerla por otros medios se equivoca de camino. No hay en la encíclica llamada alguna a la fuerza.
El número 16 no deja margen: «No se nieguen, pues, los gobernantes de las naciones a dar por sí mismos y por el pueblo públicas muestras de veneración y de obediencia al imperio de Cristo». El argumento no es clerical, sino de fundamentos: «derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres... hasta los mismos fundamentos de autoridad han quedado arrancados». El número 18 saca la consecuencia que casi nunca se cita, y que va contra el gobernante: quien se sepa mandando «en representación del Rey divino» habrá de tener gran cuenta, al legislar, «con el bien común y con la dignidad humana de sus inferiores».
Qué es el laicismo, según Pío XI
La palabra aparece en el número 23 con el diagnóstico pegado: «Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos». Advierte que «tal impiedad no maduró en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad», y describe los pasos uno detrás de otro.
- «Se comenzó por negar el imperio de Cristo sobre todas las gentes».
- «Se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano».
- «La religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas».
- «Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados».
- Hubo quienes «imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos».
- Y al final «no faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios».
Son seis escalones, no uno: la encíclica no trata el laicismo como una opinión, sino como un proceso con una dirección conocida. Del tronco del que sale se trata en qué era el liberalismo que combatió Sardá y Salvany.
Cuarta parte: la fiesta y la consagración
La última sección instituye la solemnidad —entonces el último domingo de octubre— y ordena que ese día se renueve en todas las iglesias la consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús, que León XIII había hecho por primera vez en 1899.
El razonamiento que da es de pedagogía religiosa: los documentos, dice el número 22, «hablan una sola vez»; las fiestas, «cada año y perpetuamente». Y el 31 explica por qué ese domingo: porque en él «casi finaliza el año litúrgico», de modo que los misterios de la vida de Cristo «terminen y reciban coronamiento en esta solemnidad».
Sobre la consagración hay que ser exacto, porque los dos documentos oficiales no dicen lo mismo. León XIII la mandó en la encíclica Annum sacrum, del 25 de mayo de 1899, que fijó la recitación de la fórmula para junio de aquel año. Quas primas, en cambio, sitúa el acto «durante el Año Santo de 1900». Damos los dos datos como están en sus fuentes, sin promediarlos.
Qué pasó al año siguiente, y por qué importa
Siete meses después, el 2 de julio de 1926, el presidente mexicano promulgó la ley penal que aplicaba al pie de la letra los artículos religiosos de la Constitución de 1917. Pío XI dejó constancia en Iniquis afflictisque, del 18 de noviembre de 1926, no publicada en español: lo que sigue es nuestra traducción del italiano.
Allí escribe que nunca había ocurrido que un número reducido de hombres ahogase la libertad de la mayoría con artes tan calculadas, «añadiendo una apariencia de legislación para enmascarar la arbitrariedad». Y hay una frase que cierra el círculo: de los jóvenes ejecutados dice que algunos, «con la corona en la mano y en los labios las invocaciones a Cristo Rey, han encontrado de buen grado la muerte». La fiesta instituida en 1925 tenía, un año después, mártires que morían invocándola: está contado en Viva Cristo Rey: la historia del grito de los mártires mexicanos.
La objeción de siempre, y cómo se responde
Se dirá: ¿no queda esto derogado por la libertad religiosa del Concilio Vaticano II?
No. Y no lo decimos nosotros: lo dice el propio Dignitatis humanae, que en su primer número declara expresamente que deja íntegra la doctrina católica tradicional acerca del deber moral de los hombres y de las sociedades hacia la verdadera religión. El Concilio trataba de una cuestión distinta —si cabe coaccionar a alguien a creer, a lo que responde que no— y tuvo el cuidado de advertir que no tocaba la otra.
Merece la pena leer la frase entera en el texto oficial, porque la condición lo es todo: «puesto que la libertad religiosa... se refiere a la inmunidad de coacción en la sociedad civil, deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de los hombres y de las sociedades para con la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo». La expresión «deja íntegra» no admite la lectura de que quede matizada.
De modo que Quas primas sigue en pie, entera y con todas sus consecuencias. Ningún documento posterior la ha revocado, ni podía hacerlo, porque no expone una política: expone una verdad de fe. Cristo es Rey, y su realeza no termina en la puerta de las iglesias.
Dónde leerla
El texto íntegro en español está disponible gratuitamente en el sitio de la Santa Sede. Son treinta y cinco párrafos numerados, unas quince páginas. Quien las lea comprobará que la encíclica es mucho menos beligerante y mucho más argumentada de lo que sugieren la mayoría de las citas sueltas que circulan de ella.
Un consejo de lectura: no empezar por la tercera parte, la que se cita en las polémicas, sino por los números 13, 14 y 15. Quien los lea en orden ya no confundirá el reinado social con una propuesta de régimen político.
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Preguntas frecuentes
¿Qué es Quas primas y cuándo se publicó?
Es la encíclica con la que Pío XI instituyó la fiesta de Cristo Rey, fechada el 11 de diciembre de 1925, al cerrarse el Año Santo. Consta de treinta y cinco párrafos numerados y la Santa Sede publica el texto íntegro en español.
¿Qué instituye exactamente la encíclica?
Dos cosas, en el número 30: la fiesta de nuestro Señor Jesucristo Rey, que decreta celebrar «en todas las partes de la tierra», y la renovación anual, ese mismo día, de la consagración del género humano al Sacratísimo Corazón de Jesús.
¿Por qué se fijó la fiesta el último domingo de octubre?
El número 31 da dos razones: porque en ese domingo «casi finaliza el año litúrgico», de modo que los misterios de la vida de Cristo reciban su coronamiento en esta solemnidad; y porque, al caer en domingo, también el pueblo puede rendir testimonio público.
¿Qué significa que el reino de Cristo «no es de este mundo»?
Que su objeto y sus medios son espirituales, no que sea invisible o privado. El número 14 dice que «este reino es principalmente espiritual»; el 15 advierte que «erraría gravemente el que negase a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales».
¿Qué llama Pío XI «laicismo»?
En el número 23 lo califica de «peste de nuestros tiempos» y lo describe como un proceso de seis pasos: negar el imperio de Cristo, negar a la Iglesia el derecho de enseñar, igualar la religión cristiana con las falsas, someterla al poder civil, sustituirla por una religión natural y, al final, prescindir de Dios.
¿Sigue vigente Quas primas después del Concilio Vaticano II?
Sí. Dignitatis humanae, en su número 1, declara que la libertad religiosa, por referirse «a la inmunidad de coacción en la sociedad civil», «deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de los hombres y de las sociedades para con la verdadera religión».
Fuentes
- Pío XI, encíclica Quas primas (11 de diciembre de 1925), en español en el sitio de la Santa Sede: de aquí proceden todas las citas numeradas.
- Concilio Vaticano II, declaración Dignitatis humanae (7 de diciembre de 1965), número 1.
- Pío XI, encíclica Iniquis afflictisque (18 de noviembre de 1926), sobre la persecución religiosa en México; publicada en italiano y latín, y las citas son nuestra traducción.
- León XIII, encíclica Annum sacrum (25 de mayo de 1899), que ordenó la consagración del género humano.
Seguir leyendo
- Qué celebra la fiesta de Cristo Rey y por qué se instituyó — la fiesta que instituye esta misma encíclica, y qué se celebra en ella.
- Viva Cristo Rey: la historia del grito de los mártires mexicanos — lo que estaba ocurriendo en México mientras se escribía el documento.
- La Iglesia frente al comunismo: de León XIII a Divini Redemptoris — la otra línea del magisterio social del mismo pontificado.
- Qué es el modernismo y por qué San Pío X lo llamó la síntesis de todas las herejías — el frente doctrinal que precedió al laicismo que la encíclica describe.
- Viva Cristo Rey: origen y significado del grito — la misma doctrina expuesta por Mons. González Chaves.
- Historia de la Iglesia — la página que recorre el tema en orden.