El liberalismo es pecado: qué dijo Sardá y Salvany

El liberalismo es pecado: qué dijo Sardá y Salvany

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«El liberalismo es pecado» no es una frase de combate: es el título de un libro de 1884 y la conclusión de un razonamiento teológico. Lo escribió un sacerdote catalán, Félix Sardá y Salvany, y provocó tal escándalo que hubo que llevarlo a Roma. Ciento cuarenta años después se sigue citando de oídas, casi siempre por quienes no lo han leído.

Este artículo explica qué entendía Sardá por liberalismo, por qué lo calificó de pecado, qué distinción capital estableció entre el error y las personas, y cómo encaja su tesis con el magisterio de León XIII, que escribía al mismo tiempo sobre lo mismo.

Quién fue Félix Sardá y Salvany

Félix Sardá y Salvany (Sabadell, 1841 - 1916) fue sacerdote diocesano de Barcelona y, sobre todo, periodista. Dirigió durante décadas la Revista Popular, una publicación de gran tirada dirigida al público corriente, no a los seminarios. Esa es la clave para entenderlo: escribía para que lo leyera un obrero de Sabadell, y por eso su prosa es directa, con ejemplos y sin circunloquios.

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Publicó decenas de opúsculos de apologética popular. El más conocido, El liberalismo es pecado, apareció en 1884 y desató una polémica pública en España. El asunto llegó a la Santa Sede, que examinó el libro y no lo condenó: siguió reeditándose con aprobación eclesiástica y se tradujo a varias lenguas. Su repercusión fue mayor fuera de España que dentro.

La ficha completa del autor y sus obras disponibles están en la página del P. Félix Sardá y Salvany.

Qué significa «liberalismo» en Sardá y Salvany

Aquí está el malentendido que lo estropea todo. Sardá no habla de un partido político, ni del libre mercado, ni de lo que hoy se llama liberalismo en la prensa económica. Habla de una tesis filosófica precisa: la independencia absoluta de la razón y de la voluntad humanas respecto de Dios.

Formulada así, la definición es exactamente la misma que usó León XIII cuatro años después: el liberalismo consiste en negar a Dios el señorío sobre el hombre y sobre la sociedad, atribuyendo a la voluntad humana la facultad de determinar por sí misma lo justo y lo injusto (Libertas praestantissimum, 1888). Sardá y el Papa decían lo mismo; uno en lenguaje de revista popular, el otro en latín de cancillería.

De ahí se sigue la tesis del título. Si el pecado es la desobediencia deliberada a Dios, y el liberalismo así entendido es la afirmación de que el hombre no debe obediencia a Dios en el orden público, entonces el liberalismo no es una opinión discutible entre católicos: es un error contra el primer mandamiento.

La distinción que casi nadie cita

Se acusa a Sardá de condenar personas. Es exactamente lo contrario de lo que escribió, y conviene decirlo con claridad porque es la objeción más repetida.

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Sardá distingue con cuidado entre el liberalismo, que es una doctrina, y los liberales, que son personas. La doctrina se juzga por su contenido y es objetivamente pecaminosa. Las personas se juzgan por su conciencia, su formación y sus circunstancias, y eso solo lo hace Dios. Un hombre puede sostener de buena fe proposiciones erróneas por ignorancia invencible; el error sigue siendo error, pero el hombre no es culpable en la medida en que no lo advierte.

Lo que Sardá niega es el paso siguiente, el que llamaba catolicismo liberal: pretender que la doctrina errónea sea aceptable porque hay personas honradas que la sostienen. Ese es el punto donde no cede, y donde tampoco cedieron Pío IX ni León XIII.

Los grados del liberalismo

Una de las partes más útiles del libro es la clasificación. Sardá distingue, de mayor a menor radicalidad:

  • El liberalismo radical o ateo: niega abiertamente a Dios y funda el orden social solo en la voluntad humana.
  • El liberalismo moderado: admite a Dios en lo privado y lo excluye de la vida pública; acepta la religión como sentimiento, no como verdad con consecuencias sociales.
  • El catolicismo liberal: profesa la fe entera y a la vez sostiene que el Estado debe ser neutral y que la verdad no tiene derechos que el error no tenga. Para Sardá es el más peligroso, precisamente porque viene de dentro.

La gradación no es un capricho polémico: reproduce el análisis de León XIII, que en Immortale Dei (1885) había expuesto la doctrina católica sobre la constitución cristiana de los Estados y sobre el deber público de la religión.

Liberalismo y masonería: la conexión que Sardá señala

El libro que edita esta casa bajo el título Masonismo y Catolicismo aborda el otro frente del mismo combate. Para Sardá la masonería no es un club filantrópico con delantales: es la organización práctica del principio liberal, la estructura que traduce en política concreta la exclusión de Dios de la vida pública.

Ese diagnóstico no era suyo. León XIII lo había formulado el mismo año de El liberalismo es pecado, en la encíclica Humanum genus (1884), donde describe a la secta masónica como el intento organizado de edificar la sociedad al margen de la Revelación.

Conviene aquí una advertencia: la crítica católica de la masonería es doctrinal y se dirige a una doctrina y a una organización, no a un origen étnico ni a una conspiración imaginaria. Las falsificaciones que han circulado sobre este asunto han hecho más daño a la causa católica que todos sus adversarios juntos. Quien quiera el argumento serio lo tiene desarrollado en qué es la masonería y en ¿puede un católico ser masón?.

Las objeciones habituales, y por qué no se sostienen

«Es un libro de otra época»

La circunstancia histórica ha cambiado; la tesis no depende de ella. La pregunta que plantea Sardá —si el orden público debe algo a Dios— se sigue planteando cada vez que se legisla sobre la vida, la familia o la educación. Quien responde que no, responde lo que Sardá llamaba liberalismo.

«Condena a personas de buena fe»

Ya se ha visto: el libro dedica capítulos enteros a distinguir el error de quien lo sostiene. La acusación suele venir de quien conoce el título y no el texto.

«La Iglesia ya no enseña eso»

La Iglesia ha desarrollado su doctrina sobre la libertad religiosa como derecho civil de inmunidad frente a la coacción, que es una cuestión distinta de la que trata Sardá. Lo que no ha enseñado nunca es que la verdad y el error tengan los mismos derechos ante Dios, ni que la sociedad política pueda desentenderse de la ley moral. Confundir ambos planos es precisamente el equívoco que el libro desmonta.

«Roma lo condenó»

No lo condenó. La obra fue examinada tras la polémica española y siguió publicándose con aprobación eclesiástica, reeditada y traducida durante décadas. Quien afirme lo contrario debería aportar el decreto.

Cómo leerlo hoy

Tres recomendaciones prácticas para quien se acerque por primera vez:

  1. Leer primero la definición. Si se salta el capítulo donde Sardá define liberalismo, todo lo demás sonará a exageración.
  2. Leerlo junto a las encíclicas. Immortale Dei, Libertas y Humanum genus son el marco magisterial; Sardá es la divulgación de ese marco.
  3. No usarlo como arma arrojadiza. El propio autor advierte contra el uso del libro para juzgar conciencias ajenas. Sirve para pensar, no para etiquetar al vecino.

Para seguir. El mismo Sardá dedicó años después un libro entero a la doctrina de las logias, Masonismo y Catolicismo (1885), construido con el método de los paralelos: en una columna lo que enseñan las logias, en la otra lo que enseña la Iglesia. Que la condena de la masonería partiera de Roma y no de las confesiones nacidas de la Reforma no es una casualidad, y tiene explicación: masonería y protestantismo. Y si quiere leer las fuentes por su cuenta, conviene saber antes qué circula de verdad y en qué estado: libros sobre la masonería en PDF.

Preguntas frecuentes

¿Sardá y Salvany condenó la democracia?

No. Su objeto es la tesis filosófica de la independencia respecto de Dios, no una forma concreta de gobierno. La doctrina católica admite formas políticas diversas mientras respeten la ley moral.

¿Qué relación tiene con el Syllabus?

Directa. El Syllabus de Pío IX (1864) había listado las proposiciones modernas incompatibles con la fe; Sardá explica al público corriente qué significaban en la práctica.

¿Por dónde empezar con este autor?

Por Masonismo y Catolicismo, que es breve y concentra el núcleo de su crítica al proyecto liberal organizado.

¿Es lectura para principiantes?

Sí. Fue escrito para lectores sin formación teológica y esa es su mayor virtud: no hay una sola página que exija diccionario.

¿Qué llamaba liberalismo Sardá y Salvany?

No un partido político ni el libre mercado, sino una tesis filosófica precisa: la independencia absoluta de la razón y de la voluntad humanas respecto de Dios. Es la misma definición que empleó León XIII en Libertas praestantissimum, de 1888. De ahí la tesis del título: negar a Dios el señorío sobre la vida pública es un error contra el primer mandamiento.

¿Condenó Roma El liberalismo es pecado?

No. El escándalo que levantó en España llevó el asunto a la Santa Sede, que examinó la obra y no la condenó: siguió reeditándose con aprobación eclesiástica y se tradujo a varias lenguas durante décadas. Su repercusión fue incluso mayor fuera de España que dentro. Quien afirme lo contrario debería aportar el decreto.

Fuentes

Todo el catálogo por materias, en nuestros temas; el hub de este asunto, en masonería.

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La distinción de Sardá y Salvany entre masonería y masonismo, explicada en catorce minutos: las frases corrientes que la delatan, cómo entró en las parroquias y el antídoto de Humanum genus. De Tekton Centro Televisivo.


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