Las condenas papales de la masonería, una por una

Las condenas papales de la masonería, una por una

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Se dice a veces que la Iglesia condenó la masonería «en algún momento del pasado», como si se tratara de un episodio aislado y superado. La realidad documental es distinta: hay una cadena ininterrumpida de pronunciamientos que abarca casi tres siglos y a más de una docena de papas. Esta es la lista, con fechas.

Siglo XVIII

Clemente XII, In eminenti apostolatus specula (28 de abril de 1738). La primera. Prohibe a los católicos afiliarse bajo pena de excomunión reservada al Papa. Alega tres motivos: el secreto, el juramento y el hecho de que reuna a hombres de todas las religiones bajo una apariencia de honestidad natural.

Benedicto XIV, Providas Romanorum (18 de mayo de 1751). Confirma íntegramente la anterior, que algunos habían considerado caducada con la muerte de su autor, y añade que el daño para la fe y para el Estado está comprobado por la experiencia.

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Siglo XIX

Pío VII, Ecclesiam a Jesu Christo (13 de septiembre de 1821). Extiende la condena a los carbonarios, sociedad secreta de inspiración masónica activa en Italia.

León XII, Quo graviora (13 de marzo de 1826). Reúne y renueva todas las condenas anteriores y las aplica a las sociedades secretas universitarias.

Pío VIII, Traditi humilitati (1829) y Gregorio XVI, Mirari vos (1832) insisten en la misma línea, esta última en el marco de la condena del liberalismo y del indiferentismo religioso.

Pío IX volvió sobre el asunto en varias ocasiones a lo largo de su largo pontificado: en Qui pluribus (1846), en Quibus quantisque (1849), en Quanta cura y el Syllabus (1864) y en Etsi multa (1873), donde denomina a la masonería «sinagoga de Satanás».

León XIII, Humanum genus (20 de abril de 1884). Es el documento capital. No se limita a prohibir: analiza. Sostiene que el género humano está dividido en dos ciudades —la de Dios y la del enemigo—, sitúa a la masonería en la segunda y describe su programa: naturalismo, separación de la Iglesia y el Estado, matrimonio civil y divorcio, escuela sin religión, y la neutralización de la fe en la vida pública.

León XIII añadió después varios documentos más, entre ellos Custodi di quella fede (1892), dirigido al pueblo italiano.

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Siglo XX

Código de Derecho Canónico de 1917, canon 2335. La condena entra en la ley universal de la Iglesia: quien se inscriba en la secta masónica o en asociaciones del mismo género incurre en excomunión latae sententiae, es decir, automática, reservada a la Sede Apostólica.

Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe (26 de noviembre de 1983). Publicada porque el nuevo Código no nombraba expresamente a la masonería y algunos dedujeron que la prohibición había desaparecido. El texto, firmado por el cardenal Ratzinger y aprobado por Juan Pablo II, afirma que el juicio negativo de la Iglesia permanece inmutable, que la inscripción sigue prohibida y que los fieles inscritos están en pecado grave y no pueden comulgar.

Qué muestra la lista

Tres cosas. Primero, la continuidad: papas de temperamentos y épocas muy distintos, desde el siglo de las luces hasta el final del siglo XX, dicen exactamente lo mismo.

Segundo, la constancia de los motivos: el juramento ciego, el secreto ante la autoridad legítima, el indiferentismo religioso y el naturalismo aparecen en 1738 y siguen apareciendo en 1983.

Tercero, la ausencia de retractación: ningún documento posterior ha revocado ni matizado a los anteriores. La única novedad de 1983 es de forma —el nuevo Código prefiere fórmulas generales a listas de nombres—, no de fondo.

Para leer más

Humanum genus se lee en una hora y está disponible íntegra en el sitio de la Santa Sede. Para el lector español, la exposición clásica sigue siendo la de Félix Sardá y Salvany, que escribió en el mismo momento en que León XIII publicaba su encíclica y con la misma intención: que el católico corriente entendiera de qué se le hablaba.

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