Masonería y protestantismo: por qué solo Roma la condenó
Por Marcos Vera PérezHay un hecho que se pasa por alto casi siempre y que, bien mirado, explica el asunto entero: la masonería nació en un país protestante, la fundó un pastor protestante y durante trescientos años ha vivido cómodamente en el mundo protestante. La única institución que la condenó de raíz, en firme y sin descanso, fue la Iglesia católica.
Eso no es una casualidad geográfica. Es una consecuencia.
Los datos, primero
La Gran Logia de Londres se constituyó el 24 de junio de 1717. El texto que le dio doctrina, las Constituciones de 1723, lo redactó James Anderson, ministro presbiteriano escocés. Quien impulsó y presidió aquella primera etapa fue Jean Théophile Desaguliers, clérigo anglicano e hijo de un pastor hugonote refugiado en Inglaterra.

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La masonería no se infiltró en un país protestante. Nació dentro de él, de manos de su clero, y con toda naturalidad.
Y así siguió. En Inglaterra, la Gran Logia Unida ha tenido durante siglos entre sus miembros a clérigos anglicanos, y a la familia real entre sus grandes maestres. En Suecia, el llamado Rito Sueco es explícitamente cristiano, admite solo a cristianos y ha tenido reyes por Gran Maestre. En los Estados Unidos, las logias han convivido durante dos siglos con las denominaciones protestantes sin conflicto notable.
Mientras tanto, en Roma: condena en 1738 con Clemente XII, confirmación en 1751 con Benedicto XIV, y después Pío VII, León XII, Pío VIII, Gregorio XVI, Pío IX, León XIII, el canon 2335 del Código de 1917, la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1983 y su reafirmación en 2023. Más de veinte documentos pontificios. Ni una sola grieta en tres siglos.
Seamos exactos: hubo protestantes que la condenaron
Conviene decirlo, porque lo contrario sería hacer trampa y porque no hace ninguna falta.
Algunas confesiones protestantes sí han rechazado la masonería, y con argumentos serios: el juramento, que contradice el mandato evangélico de no jurar; el secreto; y sobre todo el hecho de que en la logia se ore a una divinidad genérica sin nombrar a Cristo. Comunidades luteranas de línea confesional, iglesias presbiterianas y reformadas estrictas y diversos grupos evangélicos lo han prohibido a sus miembros.
Pero fíjese en la diferencia, que es de otro orden.

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Esas prohibiciones son de unas iglesias frente a otras. Otras denominaciones, tan protestantes como aquellas, la admiten sin problema. No hay, ni puede haber, una condena protestante de la masonería: hay opiniones de comunidades, todas ellas con la misma pretensión de autoridad y ninguna con la posibilidad de zanjar.
La Iglesia católica no emitió una opinión. Emitió una sentencia, obligatoria para todos los bautizados, sostenida por veinte pontífices y todavía vigente. Eso solo lo puede hacer quien tiene autoridad para hacerlo.
El fondo del asunto: el juicio privado
Aquí está la raíz, y hay que decirla sin adornos.
El principio fundacional del protestantismo es el libre examen: cada creyente ante la Escritura, sin magisterio que defina, sin autoridad viva que obligue. Suena a liberación y funciona durante una generación. Después empieza a producir su fruto propio, que es la división: si nadie puede decidir quién interpreta bien, cada interpretación vale tanto como la siguiente, y las comunidades se multiplican sin término.
Llega entonces el momento, inevitable, en que la única convivencia posible entre tantas verdades incompatibles consiste en declarar que ninguna es decisiva. Que lo importante es la sinceridad, la buena voluntad y la moral común; que los dogmas son el envoltorio y la ética el contenido.
Y ese, palabra por palabra, es el artículo primero de las Constituciones de Anderson: el masón queda obligado a «aquella religión en la que todos los hombres están de acuerdo», dejando a cada uno sus opiniones particulares.
La masonería no es una desviación del protestantismo. Es su conclusión lógica puesta en práctica. Lo que en las iglesias reformadas era un método de lectura, en la logia se convierte en institución: un templo donde se reúnen todos los que han aceptado que sus diferencias con Dios no son decisivas.
Por eso el mundo protestante no podía condenarla en serio. Habría tenido que condenar el principio del que él mismo vive.
Lo que vio Balmes
El sacerdote catalán Jaime Balmes lo demostró con una amplitud que nadie ha superado en El protestantismo comparado con el catolicismo en sus relaciones con la civilización europea (1842-1844), y lo hizo sin una línea de insulto, que es lo que lo vuelve devastador.
Su argumento es este: una vez suprimida la autoridad que define, la religión queda entregada al criterio de cada uno; y el criterio de cada uno, elevado a norma, no termina en muchas religiones, termina en ninguna. El protestantismo, decía Balmes, no engendró la incredulidad por perversidad, sino por lógica.
Ochenta años después, León XIII puso nombre al resultado en Humanum genus (1884): naturalismo. La doctrina según la cual la naturaleza y la razón humana han de ser en todo maestra y guía, sin revelación, sin dogma y sin Iglesia. Es el mismo camino, y la logia es la casa que se construyó al final de él.
Preguntas frecuentes sobre masonería y protestantismo
¿Quién fundó la masonería moderna?
La Gran Logia de Londres se constituyó el 24 de junio de 1717. El texto que le dio doctrina, las Constituciones de 1723, lo redactó James Anderson, ministro presbiteriano escocés, y quien impulsó y presidió aquella primera etapa fue Jean Théophile Desaguliers, clérigo anglicano e hijo de un pastor hugonote. Nació dentro del mundo protestante y de manos de su clero.
¿Hay iglesias protestantes que condenen la masonería?
Sí, y con argumentos serios: el juramento, que contradice el mandato evangélico de no jurar; el secreto; y la oración a una divinidad genérica sin nombrar a Cristo. Comunidades luteranas confesionales, iglesias presbiterianas y reformadas estrictas y diversos grupos evangélicos lo han prohibido a sus miembros. Pero son prohibiciones de unas iglesias frente a otras, no una condena vinculante para todos los protestantes.
¿Por qué solo la Iglesia católica la condenó de manera vinculante?
Porque es la única que dispone de una autoridad viva capaz de definir. La Iglesia no emitió una opinión: emitió una sentencia obligatoria para todos los bautizados, sostenida por veinte pontífices desde 1738 y vigente en la Declaración de 1983 y en la respuesta del Dicasterio de 2023.
¿Qué tiene que ver el libre examen con la masonería?
Que es su raíz. Si nadie puede decidir quién interpreta bien la Escritura, cada interpretación vale tanto como la siguiente y las comunidades se multiplican sin término; llega entonces el momento en que la única convivencia posible consiste en declarar que ninguna es decisiva. Eso es exactamente el artículo primero de las Constituciones de Anderson: el masón queda obligado a «aquella religión en la que todos los hombres están de acuerdo».
¿Qué demostró Jaime Balmes sobre el protestantismo?
En «El protestantismo comparado con el catolicismo en sus relaciones con la civilización europea» (1842-1844) sostuvo que, suprimida la autoridad que define, la religión queda entregada al criterio de cada uno; y el criterio de cada uno, elevado a norma, no termina en muchas religiones, sino en ninguna. El protestantismo, decía, no engendró la incredulidad por perversidad, sino por lógica.
¿No es intolerancia condenar a la masonería?
Es al revés. La Iglesia pudo ver el problema en quince años —de 1723 a 1738— porque es la única que tiene un criterio fijo con el que medir: un depósito de fe recibido, no opinable, custodiado por una autoridad que puede decir esto sí y esto no. Quien no tiene ese criterio no es más tolerante: es que no dispone de instrumento para juzgar.
Fuentes
- James Anderson, The Constitutions of the Free-Masons, Londres, 1723.
- Clemente XII, constitución In eminenti apostolatus specula, 28 de abril de 1738.
- Benedicto XIV, constitución Providas Romanorum, 18 de marzo de 1751.
- León XIII, encíclica Humanum genus, 20 de abril de 1884 (vatican.va).
- Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre las asociaciones masónicas, 26 de noviembre de 1983 (vatican.va).
- Jaime Balmes, El protestantismo comparado con el catolicismo en sus relaciones con la civilización europea, 1842-1844.
- Félix Sardá y Salvany, Masonismo y Catolicismo (nuestra edición).
«Entonces lo que pasa es que la Iglesia es intolerante»
Es la conclusión que se saca hoy del contraste, y está exactamente del revés.
Pregúntese por qué la Iglesia católica pudo ver el problema en quince años —de 1723 a 1738— y nadie más lo vio. No fue por susceptibilidad. Fue porque es la única que tiene un criterio fijo con el que medir: un depósito de fe recibido, no opinable, custodiado por una autoridad que puede decir esto sí y esto no.
Quien no tiene ese criterio no es más tolerante: es que no dispone de instrumento para juzgar. Y quien no puede juzgar acaba, con el tiempo, aceptando todo, no por generosidad sino por incapacidad.
La Iglesia condenó a la masonería por la misma razón por la que definió la Trinidad en Nicea y la divinidad de Cristo en Éfeso: porque sabe lo que le ha sido confiado y sabe reconocer lo que lo contradice. Es la función de un magisterio vivo, y es exactamente lo que el siglo XVI suprimió.
Lo que se sigue de todo esto
Que este asunto no se arregla con simpatía ni con buenos modales, porque no es un malentendido entre gente de buena fe.
Hay dos principios enfrentados. Uno dice que Dios ha hablado, que lo que ha dicho obliga y que ha dejado una Iglesia para custodiarlo. El otro dice que cada uno decide. Del primero sale el Credo; del segundo salen primero mil confesiones y después el Gran Arquitecto del Universo, ese dios de todos que no es el de nadie.
El sacerdote Félix Sardá y Salvany lo dejó escrito en Masonismo y catolicismo con la frase que resume todo lo anterior: no son dos religiones que compiten, sino dos términos que se excluyen.
Para seguir: las diferencias entre la Biblia católica y la protestante, quién quitó los siete libros de la Biblia y si un católico puede ser masón. Todo lo publicado sobre masonería está en esta página.