Los grados de la masonería, del aprendiz al grado 33

Los grados de la masonería: del aprendiz al grado 33

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«¿Cuántos grados tiene la masonería?» y «grado 33» están entre las búsquedas más constantes sobre este asunto, y la respuesta que circula suele ser un disparate: que hay treinta y tres escalones y que al llegar arriba te cuentan el secreto. No funciona así. Vamos a explicar cómo funciona de verdad, y por qué el número 33 confunde a todo el mundo.

La masonería simbólica: solo tres grados

La masonería propiamente dicha —la que se practica en una logia normal, la que agrupa a la inmensa mayoría de los masones del mundo— tiene tres grados y nada más:

Aprendiz. El recién iniciado. En la logia guarda silencio: asiste, escucha y aprende. Simbólicamente es la piedra bruta recién sacada de la cantera, que todavía hay que desbastar. Trabaja con el mazo y el cincel.

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Compañero. Ya puede tomar la palabra. Se le atribuyen las herramientas de la medida y del trazado, y se le abre el estudio de las artes liberales, en especial la geometría.

Maestro. El grado pleno. Solo un maestro puede dirigir una logia y votar en las decisiones importantes. Su ceremonia de exaltación gira en torno a la leyenda de Hiram Abif, el arquitecto del Templo de Salomón que, según el relato masónico, murió asesinado antes que revelar la palabra que se le había confiado.

Con esos tres grados se es masón por completo. No falta nada.

Entonces, ¿de dónde salen los 33?

De los llamados altos grados, que no son una continuación de la masonería sino un sistema añadido, opcional y paralelo. El más conocido es el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, organizado a comienzos del siglo XIX, que numera del 4 al 33 una larga serie de grados con nombres de resonancia caballeresca y bíblica —Caballero Kadosh, Príncipe del Real Secreto, Soberano Gran Inspector General— y que culmina en el grado 33.

Tres precisiones que casi nunca se hacen:

Primera: el grado 33 no manda sobre nadie. Un Soberano Gran Inspector General no tiene autoridad sobre un maestro masón en su logia. Los altos grados son honoríficos y administrativos dentro de su propio rito, no una jerarquía de gobierno.

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Segunda: hay muchos ritos distintos, no uno. El Escocés tiene 33 grados; el Rito Francés o Moderno tiene cinco «órdenes»; el Rito de York organiza los suyos de otra manera; el Rito de Memphis-Misraim llegó a numerar noventa y cinco. El número depende del sistema, no de una escala universal.

Tercera: no existe ningún «secreto final» que se revele al llegar arriba. Los rituales de todos los grados están publicados desde hace más de un siglo y se venden en librerías. El secreto masónico consistía en los signos de reconocimiento entre hermanos, no en una doctrina oculta.

Por qué esto le importa a un católico

Podría parecer erudición inútil. No lo es, por dos razones.

La primera es de honestidad. Buena parte de la literatura antimasónica se construye sobre el grado 33 como si fuera el escalón donde se descubre el pastel: donde se confiesa que el Gran Arquitecto era otra cosa, donde se firma el pacto. Eso no está en ninguna fuente. Y una crítica que se apoya en un dato falso se derrumba en cuanto alguien lo comprueba.

La segunda es de fondo, y es la que de verdad importa. La objeción de la Iglesia recae sobre el primer grado, no sobre el último. En el momento de la iniciación —el rito de entrada del aprendiz— ya está todo lo que la Iglesia juzga incompatible: el juramento prestado ante un Ser Supremo deliberadamente indefinido, el compromiso de discreción sobre lo que ocurre en el templo y la aceptación de un vínculo con una autoridad paralela. Un aprendiz recién iniciado está exactamente en la misma situación canónica que un grado 33.

La declaración Quaesitum est de 1983 y la nota del Dicasterio para la Doctrina de la Fe del 13 de noviembre de 2023 hablan de pertenencia activa, sin distinguir grados. Porque no hay nada que distinguir.

La estructura por dentro

Para completar el cuadro. Las logias se agrupan en obediencias —Grandes Logias o Grandes Orientes— que son las que reconocen o no a las demás. La Gran Logia Unida de Inglaterra exige creer en un Ser Supremo y prohíbe tratar política y religión en logia; el Gran Oriente de Francia suprimió ese requisito en 1877 y desde entonces las dos familias no se reconocen entre sí. La masonería no es una organización mundial única: es un archipiélago de obediencias que a menudo no se hablan.

Los grados del Rito Escocés, por bloques

Los treinta y tres no son treinta y tres ceremonias sueltas: van agrupados en cuerpos, y cada bloque tiene su nombre y su sede. En la jurisdicción más extendida el reparto es este, y conviene tenerlo delante para entender de qué se habla cuando alguien dice «grado 18» o «grado 30».

  • Del 4 al 14, la Logia de Perfección. Desarrollan la leyenda del templo de Salomón que el tercer grado deja abierta.
  • Del 15 al 18, el Capítulo Rosacruz. Aquí aparece el simbolismo de vocabulario cristiano —la rosa, la cruz, el pelícano— vaciado de su contenido dogmático. Es el bloque que más escandaliza al católico que lo descubre, y con razón.
  • Del 19 al 30, el Consejo Kadosh o Areópago. Es la parte más combativa: el grado 30, Caballero Kadosh, gira en torno a la venganza del Temple.
  • Del 31 al 32, el Consistorio.
  • El 33 lo confiere el Supremo Consejo, es honorífico y no se pide: se recibe por designación.

La numeración varía algo de una obediencia a otra, y hay grados que en unas jurisdicciones se representan en ceremonia y en otras se comunican leyendo un resumen. Nada de esto cambia lo esencial: se es masón desde el tercero.

El Rito de York: el otro sistema

El Escocés no es el único. En el mundo anglosajón tiene tanto o más peso el Rito de York, que no numera hasta treinta y tres sino que organiza los grados añadidos en tres cuerpos sucesivos: el Capítulo del Arco Real, el Consejo de Maestros Crípticos y la Comandancia, esta última con ceremonial de aire templario y cristiano.

Que existan dos sistemas paralelos, y que un masón pueda recorrer los dos, demuestra por sí solo lo que dice este artículo: los altos grados no son escalones de una pirámide única, sino colecciones de ceremonias que se han ido añadiendo por encima de una base de tres.

Qué se jura para subir

En cada grado hay un juramento, y es la pieza que más se oculta en la conversación pública. El del primer grado —el que de verdad compromete— está recogido y comentado, con su texto y sus penalidades simbólicas, en el juramento masónico y el rito de iniciación.

Ahí está el punto que un católico debe mirar antes que ninguna cifra: no lo que se promete en el grado 33, sino lo que se promete en el primero.

Para seguir. Los treinta y tres grados que casi siempre se citan no son de la masonería sin más, sino de un sistema concreto: el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, del que conviene saber de dónde viene de verdad y qué enseña en cada tramo. Y si quiere ver dónde se confieren esos grados y quién los administra, empiece por qué es una logia masónica y qué hacen los masones dentro.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos grados tiene la masonería?

Tres: aprendiz, compañero y maestro. Con el tercero se es masón por completo. Los demás pertenecen a sistemas añadidos —el Rito Escocés, el de York— que se superponen a esa base.

¿Qué es el grado 33?

El último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Es honorífico, lo confiere el Supremo Consejo por designación y no se solicita. No da acceso a ningún secreto que los demás no conozcan.

¿Hay algo por encima del grado 33?

No. Y es importante decirlo, porque buena parte de la literatura antimasónica se construye sobre la idea de un escalón oculto por encima. No existe.

¿Cuánto se tarda en llegar a maestro?

Depende de la obediencia. Lo habitual es un mínimo de meses entre grado y grado, con un trabajo escrito o una prueba de por medio.

¿Puede un católico entrar solo en los tres primeros grados?

No. La condena de la Iglesia recae sobre la pertenencia, desde el primer grado. La Quaesitum est de 1983 lo dice sin matices: quien se inscribe está en pecado grave y no puede acercarse a la comunión.

¿Son masones los caballeros templarios del Rito de York?

Son masones que han recibido un grado de ceremonial templario. No hay continuidad histórica ninguna con la orden medieval, por mucho que el nombre y el ritual la sugieran.

Fuentes

Lo que hay que retener

Tres grados reales; el resto, sistemas añadidos y honoríficos. Ningún secreto al final del camino. Y el problema doctrinal, entero, en la puerta de entrada.

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