Escalinata de grados masónicos coronada por un águila bicéfala dorada

Rito Escocés Antiguo y Aceptado: qué es y qué enseña

Por

Es el rito masónico más extendido del mundo y el único que casi todo el mundo sabe nombrar, aunque solo sea por su peldaño más alto: el grado 33. Se llama Rito Escocés Antiguo y Aceptado, y las tres palabras del título son inexactas. No es escocés, no es antiguo y lo de «aceptado» viene de otra cosa.

Un rito es una manera de organizar la misma cosa. Qué cosa, está aquí: qué es la masonería y qué enseña.

Ni escocés ni antiguo

El rito no nació en Escocia. Nació en Francia, a mediados del siglo XVIII, en el ambiente de los llamados «altos grados» que proliferaron después de que el caballero Ramsay pusiera de moda la idea de un origen caballeresco de la masonería. Lo de «escocés» era una etiqueta de prestigio, como hoy se pone «suizo» a un reloj.

Cubierta de Masonismo y Catolicismo

El libro de este artículo

Masonismo y Catolicismo

Ver el libro · Libro de bolsillo · €16,00

También en ebook por €9,99, con descarga inmediata

De aquel caldo salió un sistema de veinticinco grados, el llamado Rito de Perfección, que un comerciante francés, Étienne Morin, llevó a las Antillas con una patente de 1761 y que desde allí pasó al continente americano.

La fecha que cuenta es otra: el 31 de mayo de 1801, en Charleston, Carolina del Sur, se constituyó el primer Supremo Consejo del Grado 33, que se declaró «Madre del Mundo». Los veinticinco grados heredados se ampliaron a treinta y tres. Para justificar la operación se exhibieron unas Grandes Constituciones de 1786 atribuidas a Federico el Grande de Prusia, que los propios historiadores masónicos consideran hoy apócrifas.

Así que el rito «antiguo» tiene doscientos veinte años y su título de propiedad es un documento falso.

Cómo está montado

Por encima de los tres grados simbólicos —aprendiz, compañero y maestro, que ya tratamos en el artículo sobre los grados—, el Rito Escocés levanta una escalera de treinta:

  • Del 4 al 14, la Logia de Perfección. Los grados llamados «inefables», centrados en la leyenda del Templo de Salomón y en la recuperación de la Palabra Perdida.
  • Del 15 al 18, el Capítulo. Culmina en el grado 18, Soberano Príncipe Rosacruz.
  • Del 19 al 30, el Areópago o Consejo de Kadosh. Termina en el grado 30, Caballero Kadosh.
  • 31 y 32, el Consistorio: Inquisidor Inspector y Sublime Príncipe del Real Secreto.
  • 33, Soberano Gran Inspector General. Es honorífico y lo concede el Supremo Consejo a quien quiere.

Conviene deshacer aquí un malentendido muy común: el 33 no manda sobre la masonería. La autoridad sobre un masón la tiene su Gran Logia, no el Supremo Consejo. El 33 es una distinción de honor dentro de un rito, no un puesto de mando mundial. Quien busca al gobierno secreto del planeta en esa cifra se equivoca de sitio, y de paso le hace a la masonería el favor de convertir en folletín lo que es un problema doctrinal muy serio.

El grado 18 y la Cruz

Aquí está lo que un católico tiene que mirar con atención, porque es donde el rito enseña de verdad los dientes.

Cubierta de Masonismo y Catolicismo

El libro de este artículo

Masonismo y Catolicismo

Ver el libro · Libro de bolsillo · €16,00

También en ebook por €9,99, con descarga inmediata

El grado 18 se llama Rosacruz, y su escenografía es descaradamente cristiana: la cruz, la rosa, el pelícano que se abre el pecho para alimentar a sus hijos —símbolo eucarístico antiquísimo—, las letras I.N.R.I. El candidato atraviesa una ceremonia construida sobre el esquema de la Pasión y la Resurrección.

Y todo ello, vaciado. En el ritual, I.N.R.I. no se lee como Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum, sino que recibe interpretaciones alquímicas y morales: Igne Natura Renovatur Integra, «por el fuego la naturaleza se renueva por entero», y otras del mismo tenor. La cruz no es el madero donde murió el Hijo de Dios: es el símbolo de una regeneración interior que el iniciado obra en sí mismo. La «Palabra Perdida» que se recupera no es el Verbo encarnado.

Eso tiene un nombre preciso, y no es ateísmo. Es suplantación. Tomar los signos de la Redención y ponerlos al servicio de una doctrina en la que el hombre se salva solo es algo peor que negarlos: es usarlos contra Aquel a quien pertenecen.

Y no hay que exagerar nada para decirlo: varias jurisdicciones del rito, conscientes de que el grado 18 resultaba demasiado cristiano para hermanos de otras creencias, han producido versiones «desconfesionalizadas» del ritual. Es decir, que ellos mismos han admitido que allí sobraba Cristo.

El grado 30 y la venganza

El Caballero Kadosh —kadosh significa «santo» en hebreo— es el grado en que se recoge el legado templario del que ya hablamos en otro artículo: la orden destruida, el último maestre quemado, la deuda pendiente. El simbolismo de la reparación y la venganza contra los poderes que acabaron con el Temple —la corona y la tiara— está en el centro de su escenografía, hasta el punto de que varias obediencias han ido suavizando el ritual con el tiempo por lo explícito que resultaba.

Una institución que se dice filantrópica y apolítica no necesita un grado dedicado a saldar cuentas con el Papado.

Albert Pike, y una frase que conviene citar bien

El hombre que dio al rito su forma actual fue Albert Pike (1809-1891), Soberano Gran Comendador de la Jurisdicción Sur de los Estados Unidos, que reescribió los rituales y publicó en 1871 el grueso volumen Morals and Dogma, comentario doctrinal de los treinta y dos grados.

Sobre Pike circula una supuesta carta a Mazzini, con un plan de tres guerras mundiales, que es una falsificación y que aquí no vamos a usar. Quien se apoya en documentos falsos acaba desarmado, y en este asunto no hace ninguna falta: basta con lo que Pike escribió de verdad.

En el capítulo dedicado al grado 19 de Morals and Dogma, Pike escribe, hablando del nombre de Lucifer: «¡Lucifer, el portador de la Luz! Extraño y misterioso nombre para dárselo al Espíritu de las Tinieblas». Y se pregunta a continuación si no será él quien lleva la luz que ciega a las almas débiles, sensuales o egoístas, para responderse: «no lo dudéis».

Los apologistas masónicos explican que Pike está haciendo mitología comparada y jugando con el sentido latino de lucifer, «portador de luz», que en la antigüedad designaba al lucero del alba. Es una explicación posible y hay que darla.

Pero fíjese usted en dónde deja el argumento. Estamos ante el comentario doctrinal oficial del rito masónico más extendido del mundo, escrito por su máxima autoridad, y resulta que sus defensores necesitan explicar por qué habla así del nombre del demonio. A la Imitación de Cristo no hay que hacerle ese servicio. A la Suma Teológica tampoco. Cuando un cuerpo de doctrina obliga sistemáticamente a sus partidarios a decir «no es lo que parece», el problema no está en el lector.

«Los altos grados son teatro, no significan nada»

Lo dicen muchos masones, y algunos lo creen sinceramente.

Contestemos con una pregunta. Si no significan nada, ¿por qué se guardan bajo juramento? ¿Por qué no se puede asistir sin haberlos recibido? ¿Por qué se han reescrito una y otra vez para quitarles lo que resultaba comprometedor? ¿Por qué se conceden como honor y se retiran como castigo?

El teatro no se jura. Un rito es teatro que obliga, y lo que obliga aquí es a recibir, ceremonia tras ceremonia, una doctrina completa sobre Dios, el hombre y la salvación, incompatible con el Credo. Que muchos la reciban distraídos no la hace inocua: la hace más eficaz.

Lo que la Iglesia responde

Lo mismo desde 1738, y sin distinguir ritos. Ni la bula In eminenti apostolatus specula de Clemente XII, ni Humanum genus de León XIII (1884), ni la Declaración sobre las asociaciones masónicas de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 26 de noviembre de 1983 hacen excepción alguna con el Rito Escocés ni con ningún otro. La Declaración de 1983 es de una sola pieza: los fieles inscritos en la masonería están en estado de pecado grave y no pueden acceder a la sagrada comunión.

No hay grado que arregle eso. Ni el 33.

El libro de esta casa sobre el asunto es Masonismo y Catolicismo, de Félix Sardá y Salvany: 16,00 € en papel; el envío es gratis en España a partir de 30 € de compra. Hay también edición en ebook (9,99 €) y audiolibro (14,99 €).

Para seguir: qué significan de verdad los símbolos masónicos y si un católico puede ser masón. Todo lo publicado está en la página sobre la masonería y la Iglesia católica.

Preguntas frecuentes sobre el Rito Escocés

¿Cuántos grados tiene el Rito Escocés Antiguo y Aceptado?

Treinta y tres. Los tres primeros son los grados simbólicos comunes a toda la masonería (aprendiz, compañero y maestro); del 4 al 32 son los llamados grados filosóficos, y el 33 es un grado honorífico que se concede y puede retirarse.

¿Es el Rito Escocés realmente escocés y antiguo?

Ni una cosa ni la otra. Se organizó en Charleston, en los Estados Unidos, a comienzos del siglo XIX, sobre materiales franceses del XVIII. El nombre es una construcción de prestigio, no un dato histórico.

¿Qué es el grado 18, el Rosacruz?

Un grado que emplea deliberadamente vocabulario y símbolos cristianos —la cruz, la rosa, el pelícano— vaciándolos de su contenido. No es una concesión al cristianismo, sino su absorción en un sistema ajeno al Credo.

¿Los altos grados son solo teatro sin importancia?

Es la objeción más repetida y no se sostiene. Un rito es teatro que obliga: en cada ceremonia se presta juramento y se recibe una doctrina completa sobre Dios, el hombre y la salvación. Que muchos la reciban distraídos no la hace inocua.

¿La Iglesia condena el Rito Escocés en particular?

La Iglesia condena la masonería sin distinguir ritos, desde la bula In eminenti apostolatus specula de Clemente XII (1738), pasando por Humanum genus de León XIII (1884), hasta la Declaración sobre las asociaciones masónicas de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 26 de noviembre de 1983. Ninguna hace excepción con el Rito Escocés.

¿Puede un católico pertenecer al Rito Escocés?

No. La Declaración de 1983 establece que los fieles inscritos en asociaciones masónicas están en estado de pecado grave y no pueden acceder a la sagrada comunión. No hay grado que cambie eso, tampoco el 33.

Fuentes

  • León XIII, encíclica Humanum genus, 20 de abril de 1884 (vatican.va).
  • Clemente XII, constitución In eminenti apostolatus specula, 28 de abril de 1738 (texto en Papal Encyclicals Online).
  • Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración sobre las asociaciones masónicas, 26 de noviembre de 1983 (vatican.va).
Regresar al blog

Deja un comentario

Continúa profundizando

Descubre los libros que inspiran nuestros artículos y conoce a los autores de Páginas Contrarrevolucionarias.