Richard Wurmbrand: catorce años en las cárceles comunistas
Por Marcos Vera PérezEn febrero de 1948, un pastor de Bucarest iba camino de la iglesia cuando un coche negro se detuvo a su lado. No volvió a ver la calle hasta ocho años después. Su mujer y su hijo de nueve años supieron durante mucho tiempo que había muerto, porque así se lo dijeron.
Se llamaba Richard Wurmbrand, y su testimonio es la razón por la que su análisis del comunismo pesa más que el de cualquier catedrático.
Un judío ateo que se convirtió
Había nacido en Bucarest en 1909, en una familia judía, y quedó huérfano de padre muy pronto. Creció en la pobreza, se hizo un lector voráz y, siendo joven, un ateo militante y convencido. Trabajó como corredor de bolsa. Su propia descripción de aquellos años no es amable consigo mismo.
En 1938, él y su mujer Sabina se convirtieron al cristianismo. Wurmbrand fue ordenado pastor y comenzó un ministerio que, muy pronto, tendría que ejercerse a la contra: primero bajo la ocupación nazi, cuando escondió judíos y sufrió varias detenciones —la familia de Sabina fue exterminada en los campos—, y después bajo el régimen comunista que se instaló en Rumania al terminar la guerra.
El congreso de 1945
El episodio que decidió su destino ocurrió en 1945. El nuevo régimen convocó en Bucarest un congreso de cultos religiosos. Uno tras otro, representantes de todas las confesiones subieron a la tribuna para declarar que el comunismo y la fe eran compatibles y para alabar al nuevo poder.
Sabina se volvió hacia su marido y le dijo que borrara aquella vergüenza de la faz de Cristo. Él le advirtió que si hablaba lo perdería todo. Ella respondió que no quería un marido cobarde. Wurmbrand subió y dijo lo contrario que todos los demás.
La cárcel
Lo detuvieron el 29 de febrero de 1948. Estuvo preso ocho años. Tres de ellos, en aislamiento absoluto en una celda subterránea, sin ver a nadie, sin un libro, sin una ventana. Para no perder la razón componía sermones de noche y los memorizaba; después de su liberación publicó varios centenares de ellos.
Salió en 1956. Volvió a predicar. Lo detuvieron de nuevo en 1959 y lo condenaron a veinticinco años. Cumplió seis más, hasta la amnistía de 1964. En total, catorce años. Mientras tanto, Sabina había pasado tres años de trabajos forzados en el canal del Danubio.
Wurmbrand describió después las torturas con una sobriedad que impresiona más que cualquier énfasis. Y añadió siempre lo mismo: que había rezado por sus torturadores y que algunos de ellos acabaron creyendo.
El rescate y el testimonio
En 1965, organizaciones cristianas de Occidente pagaron al régimen rumano diez mil dólares por su salida del país. Las autoridades le advirtieron que no hablara. Habló.
En 1966 compareció ante un subcomité del Senado de los Estados Unidos, se quitó la camisa y mostró las cicatrices. Al año siguiente publicó Torturado por Cristo, que se tradujo a decenas de idiomas, y fundó una organización dedicada a los cristianos perseguidos que sigue existiendo. Murió en California en 2001, a los noventa y un años.
Por qué escribió sobre Marx
Wurmbrand no era historiador ni filósofo, y nunca pretendió serlo. Su pregunta era la de un hombre que había estado catorce años bajo tierra: ¿de dónde sale esto?
No le convencían las explicaciones habituales —la desviación estalinista, el atraso ruso, las circunstancias de la guerra fría—, porque había visto lo mismo repetirse en países que no compartían ninguna de esas circunstancias. Así que fue al origen y se puso a leer lo que Marx había escrito antes de ser Marx: los poemas, el drama Oulanem, las cartas de su padre.
Lo que encontró allí —no un ateismo científico, sino un odio personal y explícito contra Dios— es el argumento de su libro.
Una precisión necesaria
Wurmbrand era pastor luterano y no compartía la fe católica. Lo decimos nosotros antes de que lo diga nadie, porque en esta casa la doctrina no se negocia y el lector tiene derecho a saber a quién está leyendo. Su libro se publica por lo que es y por lo único que pretende ser: el testimonio y la investigación de un hombre que pagó con catorce años de cárcel el derecho a hablar del comunismo. En esa materia tiene una autoridad de la que carecen los catedráticos que lo estudiaron desde un despacho.
Novedad editorial
Karl Marx y las raíces satánicas del comunismo
La investigación que Wurmbrand emprendió al salir de la cárcel: qué escribió Marx antes del Manifiesto, y por qué explica lo que vino después.
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- La Iglesia frente al comunismo: todo lo que hemos publicado: la página que reúne el asunto entero, de las condenas pontificias a los mártires del siglo XX.
- La Iglesia frente al comunismo: de León XIII a Divini Redemptoris: las condenas, una por una, desde Qui pluribus (1846) hasta el decreto del Santo Oficio de 1949.
- Oulanem: la obra de teatro que Marx escribió a los diecinueve años: el drama juvenil que Wurmbrand leyó para explicar de dónde salía el sistema que lo encarceló.
- El joven Marx que quiso vengarse de Dios: los poemas de estudiante y las cartas familiares, leídos en orden.
