Las cuatro videntes de Garabandal

Las cuatro videntes de Garabandal

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En junio de 1961, cuatro niñas de un pueblo de cien habitantes en la sierra de Peña Sagra dijeron haber visto primero a un ángel y después a la Virgen. Tenían once y doce años. Sesenta y cinco años después, sus nombres siguen apareciendo cada vez que se habla de Garabandal, casi siempre con los datos mezclados. Esto es lo que se sabe de ellas.

Quiénes eran

Conchita González González nació el 7 de febrero de 1949. Es la más conocida de las cuatro: la que llevó el diario de los acontecimientos, la que transmitió los dos mensajes y la que dijo conocer la fecha del Milagro, que no revelará hasta ocho días antes.

Jacinta González González nació el 27 de abril de 1949.

María Dolores Mazón González, «Mari Loli», nació también en 1949, pocos días después que Jacinta.

María Cruz González Barrido, la más pequeña, nació el 21 de junio de 1950: cumplió once años tres días después de la primera aparición del ángel.

Las cuatro eran hijas de familias campesinas de San Sebastián de Garabandal, en el municipio cántabro de Rionansa. Ninguna había salido apenas del valle. Conviene tenerlo presente para entender lo que vino después: la llegada al pueblo de médicos, sacerdotes, periodistas y curiosos de media Europa, y el interrogatorio permanente al que fueron sometidas cuatro crías que no habían visto una cámara de fotos en su vida.

Qué ocurrió

El 18 de junio de 1961, jugando en la calleja del pueblo, las cuatro vieron una figura luminosa que identificaron como san Miguel Arcángel. El 2 de julio se les apareció la Virgen del Carmen acompañada de dos ángeles. Desde entonces y hasta el 13 de noviembre de 1965 se sucedieron centenares de éxtasis presenciados por miles de personas: las niñas caminaban hacia atrás por caminos de piedra sin tropezar, con la cabeza echada hacia atrás, y no reaccionaban ni a pinchazos ni a focos de luz dirigidos directamente a los ojos.

La historia completa, por orden de fechas, está contada en nuestra página sobre las apariciones de Garabandal.

Qué fue de cada una

Conchita

Emigró a Estados Unidos, se casó y formó una familia. Ha sido durante décadas la voz principal de Garabandal: la que ha concedido entrevistas, la que ha respondido cartas y la que ha mantenido, sin una sola variación sustancial en más de sesenta años, el mismo relato que dio siendo una niña.

Jacinta

También emigró a Estados Unidos y llevó una vida familiar discreta, sin dar entrevistas ni buscar notoriedad. Habló públicamente en 2021, sesenta años después de los hechos, en un libro-entrevista del periodista José María Zavala. Su explicación fue sencilla: sintió que debía hacerlo.

Mari Loli

Se casó y vivió también en Estados Unidos. Murió en 2009, a los sesenta años, por complicaciones respiratorias derivadas de un lupus. Es la única de las cuatro que ha fallecido, y murió sosteniendo lo mismo que había dicho de niña.

Mari Cruz

Se quedó en España y es, con diferencia, la más reservada. Apenas ha hablado en público en sesenta y cinco años. Su discreción se ha querido leer como una desautorización; no lo es. Nunca ha desmentido lo ocurrido.

La objeción de las retractaciones, y por qué no se sostiene

El argumento que se repite contra Garabandal es que las niñas se desdijeron. Conviene mirarlo de cerca, porque se cae solo.

Primero: qué eran esas dudas. Episodios puntuales, en plena adolescencia, después de años de interrogatorios de comisiones, médicos y superiores eclesiásticos que las presionaban para que dijeran exactamente eso. No fue una rueda de prensa: fue una frase arrancada a una chiquilla acorralada.

Segundo: todas rectificaron. Ninguna de las cuatro terminó su vida negando lo que vio. Mari Loli murió afirmándolo. Conchita lo ha sostenido durante sesenta años ante cualquiera que se lo haya preguntado. Jacinta lo ratificó en 2021, cuando ya no tenía nada que ganar. Lo constante en este caso no es la negación, que fue episódica; es la afirmación, que ha durado seis décadas.

Tercero: el argumento prueba demasiado. Si una duda bajo presión bastara para invalidar un testimonio, habría que descartar a la mitad de los testigos de la historia, empezando por san Pedro en el patio del sumo sacerdote. A ningún testigo se le ha medido nunca con esa vara.

Cuatro testigos que no ganaron nada

Hay un dato que los críticos pasan por alto y que en cualquier otro asunto sería decisivo: ninguna de las cuatro sacó provecho de aquello. Ni conferencias pagadas, ni fundaciones, ni negocio de peregrinaciones, ni libros propios —salvo una entrevista, sesenta años después—. Emigraron, trabajaron y criaron hijos.

El móvil que explica el noventa y nueve por ciento de los casos parecidos, aquí sencillamente no existe. Quien quiera sostener que todo fue una invención tiene que explicar por qué cuatro niñas mantuvieron la misma mentira durante toda su vida sin cobrar un céntimo por ella.

Lo que su testimonio tiene de sólido

Lo primero, y no es un detalle menor: esto no fue una visión privada contada después. Fueron cuatro años de éxtasis públicos, centenares de ellos, delante de quien quisiera subir al pueblo. Hubo médicos, hubo sacerdotes, hubo periodistas, hubo curiosos hostiles, y hubo cámaras: buena parte está fotografiada y filmada. Un fraude sostenido cuatro años delante de miles de personas, por cuatro niñas de una aldea sin luz ni carretera, es una hipótesis que hay que explicar, no invocar.

Lo segundo es lo que no pasó. Ninguna de las cuatro hizo carrera de esto. Ninguna cobró por ello, ninguna montó un movimiento, ninguna se puso al frente de nada. Tres emigraron y llevaron vidas corrientes; la cuarta se quedó en el pueblo y apenas ha hablado. Sesenta años después, el relato sustancial es el mismo que dieron con once años.

Y lo tercero es el contenido. Lo que transmitieron no tiene una sola novedad: conversión, penitencia, visitas al Santísimo y oración por los sacerdotes. Es lo de siempre, dicho por cuatro crías en la montaña cántabra. Nadie inventa un fraude para pedirle a la gente que se confiese y rece por los curas.

Para conocer el caso a fondo

Garabandal. Antes de que sea tarde, de Antonio María Domenech Guillén, reúne el relato de los hechos y el contenido de los mensajes con las fuentes delante. Está escrito para quien quiere conocer el caso en serio, sin el ruido que suele rodearlo. Envío gratis en España a partir de 30 € de compra.

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Preguntas frecuentes

¿Quiénes fueron las cuatro videntes de Garabandal?

Conchita González González, nacida el 7 de febrero de 1949; Jacinta González González, el 27 de abril de 1949; María Dolores Mazón González, «Mari Loli», nacida también en 1949, pocos días después que Jacinta; y Mari Cruz González. Tenían once y doce años cuando empezó todo.

¿Qué vieron exactamente?

El 18 de junio de 1961, jugando en la calleja del pueblo, las cuatro vieron una figura luminosa que identificaron como san Miguel Arcángel. El 2 de julio se les apareció la Virgen del Carmen acompañada de dos ángeles. Desde entonces y hasta el 13 de noviembre de 1965 se sucedieron centenares de éxtasis presenciados por miles de personas.

¿Se retractaron las videntes?

Es la objeción que siempre aparece. Hubo momentos de duda en los años posteriores, pero conviene mirar qué eran esas dudas y en qué circunstancias se produjeron antes de convertirlas en una retractación. El artículo las examina una a una.

¿Qué fue de cada una?

Conchita emigró a Estados Unidos, se casó y formó una familia. Mari Loli murió en 2009, a los sesenta años, por complicaciones respiratorias derivadas de un lupus. Mari Cruz se quedó en España y es, con diferencia, la más reservada. Ninguna hizo carrera del asunto.

¿Cuántas de las videntes de Garabandal han fallecido?

Solo una: Mari Loli Mazón, en 2009, a los sesenta años. Murió sosteniendo lo mismo que había dicho de niña. Conchita, Jacinta y Mari Cruz no han cambiado su versión en más de sesenta años.

¿Por qué dar crédito a cuatro niñas de once años?

Porque no ganaron nada. Ni dinero, ni fama buscada, ni una vida más cómoda: más bien al contrario. Cuatro testigos que sostienen lo mismo durante décadas sin sacar provecho es, en cualquier tribunal, un dato que pesa.

Fuentes

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2 comentarios

Mariana, no cuesta mucho. El libro es «Garabandal. Antes de que sea tarde», del P. Antonio María Domenech Guillén, y lo tiene aquí: https://paginascontrarrevolucionarias.com/products/garabandal-antes-de-que-sea-tarde
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Marcos Vera Pérez

Yo soy Mariana y me gustaría saber sobre las niñas de Garabandal tener el libro será que cuesta mucho ?

María Victoria Palomino Quintero

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